Mempo Giardinelli debuta como cineasta con “El décimo infierno”

Se trata de un intenso policial negro basado en su libro homónimo que codirigió con el colombiano Juan Pablo Méndez Restrepo.

Protagonizada por Patricio Contreras y Aymará Rovera, la primera película de Giardinelli fue rodada en las provincias de Chaco -de donde es oriundo el escritor- y Corrientes, y acompaña el viaje de una mujer y su amante, el socio de su marido, que escapan en una camioneta hacia el Paraguay en un raid demencial de sexo y homicidios.

“Es una película sobre el cruce de los límites. Cuando uno cruza un límite puede cruzar cualquiera. Si de alguna manera hay un tema central en esta historia es la culpa, los límites y cuánta maldad anida en cada persona”, afirmó Giardinelli, cuyo primer largometraje se puede ver en el Espacio Incaa KM 0, Cine Gaumont, y en el Espacio Incaa KM 3, ArteCinema.

En un marco de calor insoportable, al punto de afectar la claridad de los pensamientos y las acciones de los personajes, la trama del filme comienza en Resistencia, durante una cena de amigos que, a causa de la ambición desmedida de uno y de la necesidad de cambio de la otra, se convierte en el comienzo de una seguidilla de crímenes tan violentos como gratuitos e inesperados.

“El calor es parte de toda mi producción literaria. En mis textos es siempre el protagonista, no puedo evitar hablar del calor, es casi una ambientación natural que me nace con lo que escribo. Y el hecho de necesitar que todo el rodaje se hiciera en el Chaco tuvo que ver con lo mismo”, señaló Giardinelli en diálogo con Télam.

Pero además del calor, lo que impulsa a esta pareja a cruzar todos los límites y embarcarse en un viaje delictivo es su necesidad de romper con los mandatos sociales, revelar la profunda hipocresía de una burguesía pueblerina en decadencia y sentirse por fin libres de hacer todo aquello que desearon durante toda su vida y que no hicieron por autocensura o temor a una condena social.

Narrada en primera persona por Alfredo, el personaje que interpreta Contreras, “El décimo infierno” es un filme de género que, según Giardinelli, “habla en cierto modo de cómo uno maneja la culpa. En un momento él le dice a ella que no siente culpa y ella le contesta: `De qué`. Es como si tuvieran un desconocimiento absoluto de todo lo que han hecho y de todo lo que seguirán haciendo”.

En ese sentido, en un momento de su fuga, después de tener sexo en una camioneta, a la vera de la ruta, Griselda (Rovera) le cuenta a él que se pasó la vida renunciando a hacer lo que deseaba sólo para ser una persona “correcta” y le agradece: “Con vos aprendí que se puede transgredir por placer y por derecho”.

“Este tipo de comportamiento tiene que ver con la naturaleza humana. Aunque se haga más gráfico en ciertas actitudes de parte de la burguesía pueblerina, creo que la culpa es algo universal”, señaló el director en relación a la reflexión que el filme propone sobre la falta de culpa y la desaparición del remordimiento en sus personajes.

Giardinelli sostuvo que “la película es bastante fiel al libro que escribí, con algunas libertades, pero esencialmente la historia es la misma. La sucesión delictiva de los protagonistas tiene que ver con que, justamente, cuando se cruza un límite ya no quedan muchos reparos para cruzarlos todos”.

“Es un poco la idea que quisimos remarcar cinematográficamente: una ausencia de moral que se acentúa en ellos a medida que huyen. El eje central de la película es la necesidad de escapar. Lo que importa en la literatura no es el asesinato en sí, sino lo que viene después, la culpa y la manera y las argucias para poder zafar”, añadió el escritor.

En relación a la decisión que lo llevó a dirigir su primera película, Giardinelli señaló que “el cine es una de las expresiones artísticas superiores, y creo que está llamado a ser un género con una gran proyección. Para mí, era una asignatura pendiente, creía que a mi edad era algo que no iba a hacer, y surgió la posibilidad cuando lo conocí a Juan Pablo Méndez Restrepo, que tiene una extraordinaria experiencia”.

“Con Juan Pablo nos hicimos muy amigos y empezamos con la fantasía de hacer un largometraje juntos. Las cuestiones más específicamente técnicas las encaró él y yo me ocupé de los aspectos narrativos y la dirección de actores. Unimos nuestros saberes y nuestras ignorancias para aprender juntos cómo era esto”, agregó.

El escritor recordó que eligieron adaptar su libro “El décimo infierno” porque “es una novela de los 90, de finales del menemismo. Yo quería hacer una película de género negro y ambos estuvimos de acuerdo y empezamos a trabajar a cuatro manos. Trabajamos mucho para perfeccionar el guión, en la conciencia en que un buen guión es la base de una buena película”.

Giardinelli, que nació y vive en el Chaco, pero tuvo que exiliarse en México entre 1976 y 1984, posee una obra literaria que está traducida a veinte idiomas y recibió numerosos premios, entre los que se destacan el Premio Rómulo Gallegos 1993 y el Premio Pregonero de Honor 2007.

Es autor de una decena de novelas (entre las más conocidas “Luna caliente”, “La revolución en bicicleta”, “El cielo con las manos” y “Santo Oficio de la Memoria”) y es también autor de varios libros de cuentos, ensayos y literatura para niños.

Su experiencia cinematográfica se remonta a 1976-1980, cuando trabajó como guionista en varios proyectos del cineasta mexicano Alberto Isaac (autor de "Cuartelazo" y por entonces director del Instituto Mexicano de Cinematografía).

Posteriormente, en 1984 y ya en Argentina, colaboró con el cineasta local Roberto Denis en la pre-producción de "Luna Caliente", basada en su novela homónima, mientras que en 1995 colaboró con el cineasta brasileño Jorge Furtado, para la Rede Globo de Brasil, también en la pre-producción de una nueva versión de su misma novela.
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