La historia de amor más tormentosa del arte

Auguste Rodin y Camille Claudel, profesor y alumna se enamoraron locamente pero los celos los llevaron a la locura.

Amor, locura y arte. Son las tres palabras que, sin duda, marcaron la obra y vida del escultor francés Auguste Rodin, de quien este lunes se celebró su 172 aniversario de nacimiento.

Fue precisamente su pasión por el arte el que la que le llevó a conocer a la que, en sus propias palabras, era la mujer de su vida: Camille Claudel. De grandes y llamativos ojos verdes, la joven se convirtió en lamusa del artista, a quien, sin embargo, fue incapaz de convertir realmente en la única, llevándola a perder por completo la cordura.

Es cierto que el arte les unió: ella también era una prometedora escultora aunque es cierto que ha pasado a la historia por ser la amante de Rodin y no por su obra. A sus 20 años logró el apoyo de su familia para comenzar a trabajar en el taller en el que también estaba el que más tarde sería, además de su mentor, su amante.

Fueron años en los que ella pudo desarrollar sus dotes, pese a vivir en un momento en el que el hecho de ser una mujer minaba sus expectativas, pero también una época en el que su relación con Rodin se tornó en tormentosa. Él, hombre casado, nunca se planteó dejar a su esposa, al igual que tampoco quiso hacerlo con la otra amante «estable» que ya tenía. Ni el hecho de que Camille se quedara embarazada hizo que el artista cambiara de opinión. Ella abortó y los celos, degradaciones, y presiones terminaron por romper su relación.

Camille pasó los últimos años de su vida aislada en el psiquiátrico de Montdevergues.

Carta de Auguste Rodin a Camille Claudel

Mi feroz amiga,

Mi pobre cabeza está muy enferma y ya no puedo levantarme por la mañana. Esta tarde he recorrido (horas) sin encontrarte nuestros lugares, ¡qué dulce me resultaría la muerte! Y qué larga es mi agonía. Por qué no me has esperado en el taller. ¿Dónde vas? cuánto dolor me estaba destinado. Tengo momentos de amnesia en los que sufro menos, pero hoy el dolor permanece implacable. Camille mi bienamada a pesar de todo, a pesar de la locura que siento acercarse y que será obra tuya, si esto continúa ¿Por qué no me crees? Abandono mi Salón, la escultura. Si pudiera irme a cualquier parte, a un país en el que olvidara, pero no existe. Hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente, siento tu terrible poder. Ten piedad malvada. Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario la locura atroz. Se acabó, ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor.

Mi Camille ten la seguridad de que no tengo ninguna amiga, y de que toda mi alma te pertenece.

No puedo convencerte y mis razones son impotentes. mi sufrimiento no te lo crees, lloro y lo pones en duda. Ya no río desde hace tiempo, ya no canto, todo me resulta insípido e indiferente. Ya estoy muerto y no comprendo las fatigas que he pasado por unas cosas que ahora me son indiferentes. Déjame verte todos los días, será una buena acción y quizá me venga una mejoría, porque sólo tú me puedes salvar con tu generosidad.
 
No dejes que la terrible y lenta enfermedad se apodere de mi inteligencia del amor ardiente y tan puro que te tengo, en fin, piedad querida mía y tu misma serás recompensada.

Rodin
 
Fuente: abc.es
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10 de Diciembre de 2016|08:12
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