Inicio del cambio: hace 60 años explotó la primera bomba de hidrógeno

El mismo año, del otro lado del planeta, se hizo estallar un artefacto explosivo que era tan potente, que dio inicio a un cambio en la conciencia y se convirtió en la semilla del movimiento ambientalista y pacifista moderno: hace 60 años, el 1 de noviembre, detonó la primera bomba de hidrógeno.

El aviso publicitario de 1952 muestra un aeropuerto, un casino y un hongo nuclear. "En Las Vegas siempre pasa algo", dice alegremente la gigantesca publicidad para la región cercana al campo de pruebas atómicas.

El mismo año, del otro lado del planeta, se hizo estallar un artefacto explosivo que era tan potente, que dio inicio a un cambio en la conciencia y se convirtió en la semilla del movimiento ambientalista y pacifista moderno: hace 60 años, el 1 de noviembre, detonó la primera bomba de hidrógeno.

Siete años después del primer ensayo nuclear y los devastadores ataques a Hiroshima y Nagasaki, las bombas atómicas eran casi algo normal.

Estados Unidos estaba orgullo de "la bomba" y hasta se servían tortas con hongos atómicos de azúcar. Progreso y seguridad, y todo "made in USA".

Todo esto cambió cuando en 1949 los soviéticos detonaron su primera bomba nuclear. Se trató de una copia total de la estadounidense, pero el monopolio había terminado, explica Chris Melzer de la agencia DPA.

Impresionado por esta explosión, el entonces presidente Harry Truman ordenó el desarrollo de una bomba, que simplemente fue llamada la "súper": la primera bomba de hidrógeno.

Era un arma de una nueva dimensión. La fuerza destructora de una bomba atómica podía ser alcanzada con medios convencionales, si bien con un gasto mucho mayor. Un infierno como el vivido en Hiroshima era, como lo demostró la Segunda Guerra Mundial, también posible con una enorme flota de bombarderos.

Pero lo que podía hacer una bomba de hidrógeno era inimaginable para los seres humanos con excepción de algunos científicos y militares.

Por ello, la primera bomba de este nuevo tipo de explosivo no fue detonada en Nuevo México, sino en el atolón Eniwetok, en el océano Pacífico. Éste se encuentra aproximadamente en la mitad de la distancia de 8.500 kilómetros que separan a Hawai de Filipinas.

La explosión de "Ivy Mike" en la pequeña isla de Elugelab en la mañana del 1 de noviembre de 1952 superó todo lo visto hasta entonces.

La bola de fuego, que en el caso de la bomba arrojada sobre Hiroshima fue de 150 metros, creció hasta alcanzar los cinco kilómetros. En fracciones de segundos se generaron todos los elementos de la tabla periódica, también algunos nuevos. El hongo atómico tenía una altura de unos 40 kilómetros. Y la isla había desaparecido.

"Fue una fecha histórica, desde el punto vista militar y moral", dijo el historiador Bernd Stöver. "La bomba H fue la transición de la era atómica a la termonuclear. Fue el punto culminante del armamento nuclear y al mismo tiempo el impulso para cambiar el modo de pensar".

A más tardar la bomba soviética "Zar" sacudió en 1961 la política y el Ejército.

"Zar" tuvo una fuerza explosiva de casi 60 megatoneladas, es decir 4.000 veces más que la bomba de Hiroshima. Si uno quisiera obtener el mismo resultado con TNT, la bomba debería tener un diámetro de 100 metros y un largo de más de 1.000. La onda expansiva de la bomba soviética fue tan grande que fue medida varias veces: dio tres vueltas alrededor de la Tierra.

"Ese tipo de pruebas muestran finalmente la insensatez de la superbomba", sostuvo Stöver. "Su efecto casi no se podía predecir y se trataba de ocupar un territorio, no de devastar".

El fracaso del ensayo estadounidense "Bravo" de 1954, cuyo efecto era cuatro veces mayor que lo estimado, mostró además que el problema no se podía limitarse a los lejanos atolones. "La nube se desplazó por toda la Tierra y podía bajar también en Europa o América. De pronto, las pruebas estaban muy cerca", indicó el experto.

La bomba atómica se transformó de una bendición a un peligro. "Para el movimiento pacifista y ambientalista esto fue un importante impulso", dijo Stöver.

Este movimiento también se vio respaldado por los "padres" de las destructivas bombas. En Estados Unidos, Robert Oppenheimer, quien desarrolló la bomba nuclear, se convirtió en un opositor a la carrera armamentista. El creador de la bomba "Zar" fue posteriormente el disidente más conocido de la Unión Soviética: Andrei Sajarov.

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