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Es superclásico: trapitos, piedrazos, piñas, destrozos, heridos y ningún responsable

El River – Boca de ayer volvió a mostrarnos la peor cara de la violencia en el fútbol. Un multimillonario operativo de seguridad con agujeros por todos lados y la suerte como único freno a la muerte. Los trapitos y el negocio de la violencia. Lo más clásico de todo, como siempre, fue la impunidad.

Tenemos fotos, tenemos videos; tenemos heridos. Lo único que estaría faltando es tener a los responsables presos. Ayer en la fiesta máxima del fútbol argentino otra vez hubo protagonistas que no juegan a la pelota: los violentos.

Los alrededores del Monumental fueron tomados desde las 10 de la mañana por los “trapitos”. Estos individuos pedían desde 150 hasta 250 pesos por estacionar un auto y “cuidarlo”. Cuidan autos, pero son ciudadanos comunes y nos convencen de pagarles para “cuidarnos” de ellos mismos.

Sabido es que, estas personas, no son gente que por decisión propia se instala y trata de ganarse unos pesos. Son el último eslabón de una asociación ilícita que por participación u omisión del Estado lucra extorsionando a ciudadanos comunes.

Si consideramos que había unos 20.000 autos, a un promedio de 200 pesos por cada uno, el negocio alcanza los 5 millones de pesos. Un dinero que alcanza para que todos los que tienen responsabilidades miren hacia otro lado.

Pero la violencia ayer no solo fue la extorsión de los trapitos. Dejando de lado incidentes menores y poco difundidos, lo más grave pasó en el segundo tiempo. Pasados los 15 minutos, 30 agentes desarmados de una agencia de seguridad privada tuvieron que subir a la tribuna Centenario Alta, donde estaba la hinchada de Boca. El motivo de la intervención es el desalojo rápido de los visitantes apenas termina el partido.

Los agentes subieron sin ningún tipo de apoyo policial (había 1.100 oficiales en el estadio) cuando la “mala suerte” jugó sus fichas. A Mora se le ocurrió justo en ese momento hacer el segundo gol de River. Se dijo para justificar a los violentos que un agente había gritado el gol, la verdad es que no creo que nadie se atreva a gritarle un tanto en la cara a La 12 y aunque lo hubiera hecho no justifica el salvajismo con el que fueron golpeados y arrojados por las escaleras como si no se tratara de personas.

Ahí están las fotos, podemos mirarlos a los ojos, golpeando a unos laburantes que estaban en el momento y lugar equivocados. Podemos mirarlos y nos invade la bronca que solo la impunidad y la impotencia son capaces de generar.

Así golpeaban a la gente de seguridad.

Después nos enteramos que a los colegas de AM 770 Radio Cooperativa los golpearon y les robaron el micrófono en el palco de prensa, nos enteramos de los autos destruidos en Avenida Libertador, nos enteramos de los policías internados por piedrazas recibidos y de los hinchas víctimas de excesos policiales.

Más tarde, vimos a personas con camisetas de River tirarles desde la altura del estadio, hierros y piedras a los hinchas de Boca que se van del estadio, con mujeres y chicos, pero esta vez la buena suerte hace que no maten a nadie. 

Y así seguimos, con heridos, con piedras, con palos y fierros, con trapitos, con fotos de todos, seguimos con dirigentes que los apañan y pactan, con policías que miran para otro lado por interés o por desgano. Con fiscales y jueces que no quieren actuar de oficio cuando se trata de barras. Así seguimos tratando de disfrutar de lo que nos gusta, tratando de ver un partido de fútbol.

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21 de septiembre de 2017 | 18:26
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