Arte para reinas y princesas, de verdad o de mentirita

La tiara de platino, diamantes y perlas que en ocasiones luce la reina Sofía, el anillo de pedida de la princesa Grace Kelly o el collar de rubíes de Liz Taylor son algunas de las piezas que se pueden ver en la exposición "El arte de Cartier", en el Museo Thyssen-Bornemisza.

"Es una colección suntuosa y maravillosa", ha explicado Simoneta Gómez-Acebo, quien ha asegurado que la muestra "refleja el espíritu y la evolución artística de la firma" desde su fundación en París en 1947.

Gómez-Acebo, que desde que vio en París una exposición de joyas de Cartier, allá por 1990, ha mantenido su ilusión de traerla a España, "agradece" a la Casa Real Española que haya cedido la tiara estilo guirnalda que perteneció a la reina Victoria Eugenia, que data de 1920 y que hoy en día luce en ocasiones especiales Sofía de Borbón.

"Son fabulosas joyas que apenas se conocen", ha dicho la relaciones públicas, quien desvela que para esta ocasión la casa de Mónaco ha cedido algunas de las joyas de Grace Kelly, entre ellas el anillo de compromiso, con un diamante de más de 10 quilates, que regaló Rainiero o un conjunto de tres broches confeccionado con rubíes y platino.

La riqueza de los archivos históricos de la casa Cartier, en los que se incluyen bocetos, pinturas y acuarelas, ha sido el pilar fundamental de esta exposición. "Desde que empezamos a trabajar en la muestra, me empeñé en mostrar los dibujos y las escayolas de las joyas, un patrimonio muy rico y delicado que no por lo general no se ve", ha puntualizado Gomez-Acebo.

De la colección Cartier, formada por más de 1.450 piezas, se han seleccionado 420 para esta muestra, la mayor hasta el momento. "Una selección que no ha hecho la firma, sino los comisarios de la exposición Guillermo Solana y Jorge Varela", ha detallado Gómez-Acebo.

En la primera sala titulada, "Del aprendiz de joyero a la Rue de la Paix", la exposición incluye su pieza más antigua, un camafeo de oro de 1860 y una serie de tiaras en las que se puede ver la evolución de las diademas desde el estilo guirnalda hasta el "bandeau", pasando por el modelo cresta de gallo, inspiradas en el tradicional tocado ruso.

Con la combinación de piedras de diferentes colores como las turquesas, los lapislázulis, los jades, los zafiros, el coral o el ónix, Cartier se adelanta el art decó y desarrolla una serie de piezas con tallados trapezoidales y triangulares.

"El interés por la cultura de la India, China, Persia o Rusia de los hermanos Cartier ha sentado las bases de la identidad artística de la casa", ha afirmado Gómez-Acebo.

Su pasión por las culturas exóticas también les llevo a realizar joyas contemporáneas a partir piezas antiguas. "Por ejemplo, un broche a partir de un escarabajo egipcio de la época de los faraones".

Tras visitar la India, los hermanos Cartier crearon las piezas "Tutti Frutti", unas creaciones barrocas en las que tienen cabida esmeraldas, zafiros, rubíes y diamantes.

A partir de los años treinta, aparece en la sociedad una serie de mujeres ricas y atrevidas que desean vistosas piezas, entre ellas Daisy Fellowes, Mona Bismarck, Bárbara Hutton o Gloria Guiness. "Lo bueno de Cartier es que ha hecho joyas para todo tipo de mujeres".

Y entre esas mujeres se haya la cantante mexicana María Félix, una mujer de gran carácter que en muchas ocasiones encargó a Cartier opulentas joyas entre ellos dos cocodrilos engastados con diamantes y esmeraldas y un juego de pendientes en forma de serpientes en oro rosa y amarillo y rubíes.

Desde que en 1983 se hiciera la primera exposición, Cartier ha ido adquiriendo piezas a coleccionistas privados, joyeros o subastas "con el fin de preservar su historia", ha contado.
Y entre las últimas piezas que ha adquirido se encuentra un collar de rubíes y diamantes de Elizabeth Taylor, joya que le regaló su tercer esposo, Mike Todd, momento que a través de unas imágenes también se puede ver en la exposición.

Otra joya que se ha sumado a la colección ha sido el broche con forma de flamenco tallado en platino y oro con diamantes, esmeraldas, zafiros, rubíes y citrinos, que en su día encargó el duque de Windsor para su esposa, Wallis Simpson, mujer de estilo fascinante para quien Cartier realizó muchísimas joyas, entre ellas la primera pantera con diamantes amarillos, y un cabujón de zafiro de Cachemira de 152,35 quilates.

Junto a estas joyas también se puede admirar un colgante espejo, del año 1905 y un reloj de pulsera con tapa deslizante de 1935, que ha prestado la infanta Pilar de Borbón.

A lo largo de la exposición, además de soberbias joyas se pueden ver objetos preciosos repletos de detalles, tales como pitilleras, boquillas, polveras con estuches de barra de labios, ceniceros, prismáticos para la ópera, lupas, bomboneras, frascos para extractos de perfumes, bolsos de noche o peines, todos ellos aderezados con piedras preciosas, marfil, nácar, coral, ónix e incluso esmaltes.

A Simoneta Goméz-Acebo, que otorga a la joyas un valor "sentimental" más que económico, le llama la atención un maravilloso cinturón elaborado con monedas antiguas chinas de jade, aderezado con oro y rubíes. "Ya he advertido...si algún día desaparece no busquéis muy lejos", ha dicho entre risas.

Fuente: EFE

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