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Enfoque: el Ginóbili que viene

Que Emanuel Ginóbili haya deslizado que luego de su retiro de las canchas contempla regresar al país para colaborar con la Liga Nacional de Básquetbol supone una noticia grata por donde se la mire.

Por Walter Vargas

Que Emanuel Ginóbili haya deslizado que luego de su retiro de las canchas contempla regresar al país para colaborar con la Liga Nacional de Básquetbol supone una noticia grata por donde se la mire.

En rigor, si se quiere se trata de una revelación insospechada, por cuanto de momento se vuelve más posible y más cantado imaginarlo radicado en San Antonio, donde es ídolo de multitudes, un ícono de los más notables que ostentan los Spurs.

Manager de los Spurs, entonces, es el rol más ajustado a la siembra que desde hace una década lleva adelante el extraordinario Manu.

Pero sin perjuicio de que más tarde o más temprano volviera a la NBA en general y a San Antonio en particular, esta vez para desempeñar tares de dirigente, tal parece que el zurdo surgido en Bahiense del Norte está madurando decisiones que atañen a su suelo de origen.

Es probable que la clave de esas decisiones emanen de urgencias personales y existenciales, como por caso que sus pequeños hijos crezcan en la Argentina y que él mismo se reencuentre con las huellas primigenias.

No es ocioso recordar que Ginóbili vive en el exterior desde 1998, cuando de Estudiantes de Bahía Blanca pasó a Viola Reggio Calabria.

En 2000 pasó del Viola Reggio Calabria al Kinder Bolonia y en 2002 del Kinder Bolonia a los Spurs.

Sin embargo, nada obliga a Ginóbili a confesar que una de sus aspiraciones de post jugador es la de contribuir al crecimiento sostenido de la Liga Nacional.

¿Cuántos deportistas, no ya del básquetbol sino del deporte que se nos ocurra, han enunciado su vocación de contribuir en términos de dedicación y de gestión al territorio institucional que alimentó sus sueños juveniles.

No son tantos, bastará con recurrir a los archivos para constatar que no son tan tantos.

Ginóbili, así como `Pepe` Sánchez, Luis Scola y otros conspicuos miembros de la llamada Generación Dorada, disponen de la suficiente voluntad, lucidez y, si se quiere, generosidad, para armonizar con sus raíces y en alguna medida devolver algo de lo que recibieron.

Si la Liga Nacional es todavía una suerte de elefante dormido, o al menos no lo suficientemente despierto, y cuenta con un potencial apreciable, digno de ser desarrollado con ideas renovadoras, susceptibles de fogonear expansión, saltos de calidad, etcétera, la gravitación de Manu no sólo sería bienvenida: también sería indispensable.

Que haya que esperar un par de años, los años en los que todavía ofrecerá su arte en el rectángulo de juego, no quita que hoy deba celebrarse que ya haya dado su público guiño al Manu que viene, un Manu buque insignia de una especie de virtuosa refundanción de la Liga Nacional de Básquetbol.
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26 de septiembre de 2017 | 11:39
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