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La entrañable transparencia: conocé al increíble club Ernesto Che Guevara

Hace 45 años asesinaron al revolucionario argentino, pero su legado nunca para de crecer. En Jesús María existe un club que lleva su nombre y predica sus valores. No venden ni compran jugadores. Tampoco cobran cuota. MDZ estuvo en Córdoba para mostrarte un fútbol revolucionario.

En Twitter: @gonza_ruiz

Existe un club en el que podés hacer un golazo, pero no podés faltarle el respeto al contrario. Podés pisar un caño, pero sin olvidarte de practicar la tolerancia. Ser solidario es más importante que ser goleador. En ese club todos juegan al fútbol. Pero saben –y no lo olvidan– que el fútbol es una excusa para compartir y crecer.

Es un club extraño: ganar no está entre sus prioridades. Primero hay que enseñar valores, acompañar a los pibes en su formación, darles contención y hacerles comprender que ninguna persona debe tener un precio. Allí sueñan y laburan para que algo cambie, para que mañana exista El Hombre Nuevo.

Ese club queda en Jesús María, a 50 kilómetros al norte de la capital de Córdoba. Ese club es una brisa de aire suave dentro de esa nube densa en la que se ha convertido nuestro fútbol. Ese club –vaya homenaje– tiene un nombre que nos recuerda a la entrañable transparencia: es el club Social, Atlético y Deportivo Ernesto Che Guevara.

La importancia de llamarse Ernesto

El Ernesto Che Guevara fue fundado el 14 de diciembre del 2006. Fue el primer club del mundo en llevar el nombre del revolucionario argentino. Hoy, en el país, hay dos instituciones más que desde el nombre homenajean al Che: una está en Santa Rosa (La Pampa) y otra, en Venado Tuerto (Santa Fe).

Mónica Nielsen.

Mónica Nielsen, alma mater y presidenta del club, guevarista y soñadora, lleva adelante esta institución que empezó con poco más de veinte pibes y hoy cuenta con más de cien desde los nenes de la Escuelita (5 años) hasta la Primera, pasando por los sub 10, 12, 14, la Cuarta (16 años) y la Reserva. Todas las categorías participan en la Liga Regional de Colón.

“La idea siempre fue integrar, a través del fútbol, a niños y jóvenes de todos los estratos sociales, para fomentar su formación integral como personas. Les brindamos contención a pibes que no han tenido casi oportunidades, les ayudamos a crecer, a que salgan de las drogas y que conozcan la obra del Che”, cuenta Mónica, quien trabaja en el Archivo de la Municipalidad de Jesús María.

“Los pibes vienen y te piden libros sobre el Che. Se involucran y tratamos de enseñar valores”, agrega.

Nadie tiene precio

El Guevara, a contramano del mundo del fútbol de hoy, no compra ni vende jugadores. “Es un club que está en la vereda opuesta al mercantilismo que domina el fútbol. Los chicos no tienen precio, no son mercancías. El que se quiere ir, se le firma el pase y se va”, asegura Mónica.

Lo comprobamos cuando, antes de un partido amistoso con Colón de Colonia Caroya, un  pibe se le acerca a Mónica para decirle que el padre lo quiere llevar a jugar a otro club de la zona. “No hay problema, el lunes te firmamos el pase”, recibe como respuesta.

En el Guevara tampoco aceptan sponsors. Todo se hace a pulmón. Lo que se recauda es gracias a la venta de camisetas y algunas otras actividades. Pero no tienen un fin mercantilista. Sólo sirve para subsistir y pagar árbitros, planillas, inscripciones: los gastos que tiene cualquier club.

Además, no se les cobra cuota a los chicos porque entienden que el deporte es un derecho.

Seremos como el Che

El gran sueño del club es tener un terreno propio. Mientras tanto, clubes de la zona le prestan sus canchas para que entrenen y jueguen. A cambio, los chicos del Guevara hacen obras para mejorar las instalaciones. Hace poco terminaron el alambrado perimetral de una cancha de Colón, club amigo que comparte su lugar.

Los jugadores “guevaristas” estudian o trabajan. Y los domingos se reúnen en familia para ver todas las categorías. “Hay muchas madres que se han sumado al club porque han encontrado formas de participación social, se han sentido parte de algo”, cuenta Mónica.

A comienzo de año, organizaron la Copa América Alternativa Hombre Nuevo, en la que participaron equipos de organizaciones sociales anarquistas, antifacistas, guevaristas y marxistas, provenientes de Brasil, Chile, Inglaterra y Lituania, entre otros países.

Amor revolucionario

La jornada dominguera pasa mientras juegan todas las categorías del Guevara y de Colón. Los pibes, que lucen su camiseta roja, con la cara del Che en el frente y el “hasta la victoria siempre” en la espalda, están por todo el club.
 
Los de la Reserva terminan de entrar en calor. Posan para la foto. Hacen una ronda. Escuchan al técnico, juntan las manos y gritan un ¡Che! que rompe la calma de la tarde. El sol pega suave y todo parece perfecto.

“¿Sabés qué pasa?”, pregunta Mónica, sin esperar respuesta: “Si uno se queda sentada esperando a que el Estado se preocupe por estos pibes, perdés. Por acá todos pasan de largo. Hay que hacer algo. Y acá tratamos de transmitir esos valores del Hombre Nuevo: la dignidad, la solidaridad, el respeto. El fútbol es un fenómeno que nos ayuda a eso”.

No hay pibe que no pase y la salude, no hay pibe que no le sonría a la Moni, como la llaman. Alguna vez, el Che escribió que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.

El club Social, Atlético y Deportivo Ernesto Che Guevara es eso: puro amor.
 
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