El disimulo en el decir

Una regla de convivencia nos aconseja usar la prudencia en nuestras comunicaciones, con el objeto de no lastimar a nadie.¿Hasta qué punto usamos los eufemismos en nuestras expresiones cotidianas? Mucho más de lo que es dable pensar.

Una regla de convivencia nos aconseja usar la prudencia en nuestras comunicaciones, con el objeto de no lastimar a nadie con expresiones hirientes o demasiado exaltadas. Ese ocultamiento de una realidad no agradable detrás de palabras que tratan de disimularla es lo que se conoce lingüísticamente como "eufemismo". Etimológicamente, el vocablo significa 'decir' (femí) y 'bien' (eu). Esas palabras, que hacen más agradables realidades que no lo son, sirven para la atenuación.

¿Hasta qué punto usamos los eufemismos en nuestras expresiones cotidianas? Mucho más de lo que es dable pensar. Veámoslo en algunos ejemplos: escuchamos decir ‘dejó de existir’ o ‘pasó a mejor vida’ para ocultar la muerte de alguien; también, la expresión ‘penosa enfermedad’ o ‘larga dolencia’ que aquejaba a alguien suele esconder el nombre de ese mal, como si de esta manera se eludieran o alejaran sus efectos perjudiciales. Y en este mundo en que la inseguridad es habitual, llamamos a los ladrones ‘amigos de lo ajeno’ y, cuando enojados por los problemas reaccionamos con un insulto, preferimos decir que ‘irritados’ u ‘ofuscados hemos lanzado algunos improperios’.

En las publicidades cotidianas, para que nadie resulte ofendido o censurado, se puede leer o escuchar la expresión ‘problemas de sobrepeso’ para no nombrar la obesidad o la gordura; ‘tránsito lento’ para no nombrar directamente el estreñimiento o la constipación; se habla de cremas mágicas que ‘borran el paso del tiempo’ para señalar con disimulo la anhelada desaparición de arrugas en la piel o ‘patas de gallo’; otras veces se insta a acudir a un centro de recuperación capilar y se dirige el mensaje a los ‘carenciados capilares’, que esconden tras esa pomposa designación la realidad de su calvicie.

En este mundo cambiante y en permanente crisis que nos toca vivir, ¿quién no oyó hablar de los ‘arbolitos’, no precisamente para designar vegetales pequeños sino para aludir a los representantes del mercado negro? Y también, no tanto en Mendoza, pero sí en la Capital Federal, se oye decir ‘recuperadores urbanos’ para nombrar a los cartoneros.

Manuel Mora y Araujo, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, considera que los eufemismos son una variante de la ironía, que suavizan más de lo que dicen. "Son un condimento que realza la comunicación humana. Son a la comunicación lo que la sal o la pimienta a la comida". Sin duda, nos dice Mora y Araujo,  "los medios ayudan a introducir eufemismos en los usos cotidianos para establecer buen contacto con su público. En los temas políticos, los eufemismos ayudan a los periodistas a decir lo que a veces es difícil de decir directamente".

Y es precisamente en el ámbito de la política donde, a diario, vemos cómo se desdibujan y cómo se ocultan realidades nocivas o que nos hacen mal como ciudadanos, detrás de expresiones eufemísticas: la inflación es un ‘reacomodamiento de precios’; los bloqueos económicos son ‘cepos’ y ‘corralitos’; los despidos laborales son ‘racionalización de los recursos’; los ajustes constituyen ‘la sintonía fina’…

En la historia de las civilizaciones y, por consiguiente, en la historia de las palabras, el eufemismo ha constituido el modo de borrar o de ocultar expresiones tabuizadas; es la inteligencia de los usuarios la que debe correr el velo y -como reza el dicho que aconseja 'hablar a calzón quitado'-, descubrir la verdad y la realidad que se ocultan tras un ‘decir disimulado’.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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