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Boxeo en el Parque Central: treinta jóvenes entrenan para vencer a la desesperanza

Alrededor de treinta jóvenes se reúnen todas las tardes en el Parque Central para practicar boxeo. Algunos sueñan con ser profesionales y alcanzar fama mundial, otros buscan superarse y darle una buena pelea a la vida. Por eso, esta no es la historia de un ex boxeador y sus alumnos, sino la experiencia de vida de quienes nunca se rinden y golpe a golpe le ganan terreno a la desesperanza.

En Twitter @horayacante

Alrededor de treinta jóvenes se reúnen todas las tardes en el Parque Central para practicar boxeo. Algunos sueñan con ser profesionales y alcanzar fama mundial, otros buscan superarse y darle una buena pelea a la vida. Por eso, esta no es la historia de un ex boxeador y sus alumnos, sino la experiencia de vida de quienes nunca se rinden y golpe a golpe le ganan terreno a la desesperanza.

Edgardo Altamirano tiene 17 años, usa una remera azul, pantalones de gimnasia y zapatillas. Por las noches trabaja como mozo en una pizzería y espera retomar el CENS que abandonó hace unos meses en el octavo grado. A diferencia de otros chicos de su edad, Edgardo prefiere no dormir la siesta después de una noche larga de trabajo para ir a entrenar boxeo, una actividad que comenzó como una alternativa deportiva hace más de dos años, y que hoy analiza como un posible medio de vida.

Para eso, después de comer, prepara su bolso y toma un colectivo que tarda un poco más de una hora para llegar al centro de Mendoza, desde La Primavera, una localidad casi rural del departamento de Guaymallén.

Enzo Ojeda, aunque su porte lo desmienta, cumplió 16 años hace unos meses. Es serio y mira fijo al otro, bajando el mentón y apuntando con sus pequeños ojos claros mientras habla controlando su dicción con un acento marcadamente aporteñado. Viste musculosa negra, pantalones anchos y zapatillas. Por su cara, caen gotas de sudor que se resbalan de un pelo cortado al ras.

Habla siempre en tiempo presente. Dice que vive en una pensión con su padre, un agente penitenciario que trabaja 24 horas por 48. Por esta razón hay días que está solo en la calle y lo único que lo vincula a la humanidad es el grupo de chicos con los que diariamente boxea en el Parque Central. Además tiene una madre, que ve poco o nada y que vive en El Borbollón, y de la que habla todavía menos –y con la que sí usa el pasado: vivía con ella, trabajaba, etc-.

Jonathan Sáez es plomero, oficio que aprendió hace unos ocho años para poder hacerse de unos pesos y alejarse de la calle. En el transcurso, también trabajó de poniendo pasto sintético, de mozo, ayudante de zapatero y vendiendo “lo que sea”. Tiene 26 años y una familia a la que cuidar. Dice que hace unos años tuvo algún roce con la droga, pero que eso “ya fue” y este año terminó sus estudios secundarios y planea conseguir la matrícula de plomero, y tal vez, después, estudiar Seguridad e higiene, carrera que siempre le gustó, pero que hasta ahora no contó con los “medios necesarios”.

Con las manos vendadas y una gorra azul hacia atrás, entrena con pantalones cortos y una pechera que reza en la espalda: ROCKY FLORES. Nombre que también lleva grabado en varias frases de agradecimiento, y que repite desde hace cuatro meses, cuando encontró en el boxeo una forma de “enfrentar lo que viene y sobrevivir”.

Como Edgardo, Enzo y Jonathan hay por los menos otros veinte chicos más que se entrenan diariamente todos los mediodías y primeras horas de la tarde en un costado del Parque Central de Capital.

Sin embargo, no todos vienen para practicar boxeo, sino que a otros también los motiva la alta exigencia física del entrenamiento. Este es el caso de dos empleados públicos: Juan Marcelo Pinna y Rodrigo Soto.

Juan vive hace cinco años en Mendoza, desde que llegó con su novia –y actual esposa- desde San Rafael. Entrena a la par de los más jóvenes, pero por orden de su mujer (que le teme más que a Rocky), no puede hacer guanteo ni volver a la casa con moretones.

Rodrigo por su parte suma el entrenamiento a las horas que hace pedalendo en su bicicleta, y al igual que Juan Marcelo, aprovechan las horas de la siesta para alternar un poco de entrenamiento con su rutina de vendedores en una casa de venta de tuberías.

Otra joven promesa es Facundo Ciccioli, que con sus 19 años y su cara de galancito adolescente, tiene una velocidad en los puños tal, que sorprende e ilusiona a Oscar Rocky Flores, para el próximo torneo de El Guante de Oro, la competición de boxeo más importante de Mendoza.

Facundo, pese a su estatura y bajo peso, no se achica ante los más grandes y los enfrenta con la atenta supervisión de Rocky, protegido por el cabezal y los guantes profesionales.


El común denominador es Oscar Rocky Flores, el ex boxeador profesional reconocido por los cronistas deportivos como el “campeón sin corona”, en alusión a su fugaz y apasionante carrera profesional.

Por estos días, entrenan en el Parque Central de Capital, pero es sólo circunstancial. Tuvieron que trasladarse temporalmente de la Federación Mendocina de Box, debido a unas reformas llevadas a cabo en el edificio, que lo harán mucho más confortable y agregará un vestuario y baños para damas, lo que hará más plural la participación.

Otros nombres que se suman a la lista son: Lucas Morellato (20), Aldo Álvarez (21), Gino Ciccioli (19), Facundo Espósito (22), Emmanuel Jaime (19), Exequiel Ferreyra (18), Damián González (23).

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