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La lluvia y la eterna condena del US Open

Otro año más. El Abierto de tenis de Estados Unidos comenzó hoy en Nueva York con una escena que se repite cada edición y que promete seguir apareciendo en el cuarto Grand Slam del año: la lluvia. Una fuerte tormenta interrumpió la primera jornada del torneo neoyorquino una hora y media después de que comenzase. Además de las grandes raquetas del circuito, la lluvia tampoco faltó a su cita en Nueva York.

Los tenistas abandonaron las pistas de juego y muchos de ellos se agolparon en la sala de jugadores a la espera de que la lluvia y el viento cesaran.

"Siempre pasa algo aquí", decía el español David Ferrer, cuarto favorito del torneo, mientras esquivaba la marabunta de personas que colmaban los pasillos del edifico principal.

A pesar de la fuerte tormenta que descargó el cielo sobre Nueva York, la jornada se restableció sin problemas y se completaron todos los partidos programados.

Las últimas cuatro finales del US Open se postergaron del domingo al lunes por motivos meteorológicos. Y aunque el complejo Flushing Meadows tiene alrededor de 20 canchas, ninguna de ellas está techada.

La organización tiene prevista una reforma de la pista central del torneo, bautizada como Arthur Ashe, tenista de la década de 1970 que ganó tres Grand Slam. Sin embargo, no se contempla la instalación de un techo retráctil. La razón: el alto costo, alrededor de 200 millones de dólares.

Pero quizá sea una buena inversión para el torneo y para las televisiones, ya que el Abierto de Estados Unidos se disputa al final del verano boreal, la etapa del año con más precipitaciones en Nueva York.

La ciudad estadounidense es una de las metrópolis más modernas del mundo: marca tendencias y está repleta de rascacielos y de tiendas de las principales firmas.

Sin embargo, su torneo es todo lo contrario y carece de las instalaciones o del clima de los otros grandes torneos.

Wimbledon, tercer Grand Slam de la temporada, estrenó techo en el año 2009 para poder frenar la incesante lluvia de Londres. El Abierto de Australia reformó sus instalaciones y cubrió dos pistas hace algunos años.

Roland Garros, al igual que el US Open, tampoco tiene techada ninguna de sus canchas. Sin embargo, el clima parisino de finales de mayo y de principios de junio es más benévolo que el neoyorquino.

Aún restan dos semanas para la final del US Open, programada para el domingo 9. Pero tenistas y organización miran al cielo desde el primer día.
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