Honra y prez de los pueblos del sur

La vergüenza de no conocer a nuestro héroe máximo y su obra libertadora se extiende al desconocimiento de la letra del himno que lo homenajea y recuerda, desconocimiento que puede hacerse extensivo a la letra de nuestro Himno Nacional, cantado con innumerables errores, dice la lingüista.

Este lunes 20 de agosto es feriado. No lo hubiera sido de no haberse trasladado la conmemoración del fallecimiento del General San Martín a este día, por razones turísticas y de índole económica.

Si preguntamos a los chicos por qué hoy no fueron a la escuela, la mayoría no tiene conciencia de la causa del feriado; ya fuera el 17 de agosto, ya sea el 20, para ellos es una fecha sinónimo de “no ir a clases, poder dormir y divertirse más” o de “tener un fin de semana largo para poder pasear”.

Ubicados los periodistas en un punto estratégico de nuestra ciudad, se pusieron a conversar con los estudiantes acerca de la figura de San Martín: encogiéndose de hombros y con la risa a flor de labios, uno de los adolescentes respondió que era “alguien que conquistó América”; otro contestó “no sé, no me acuerdo”; solamente una pequeña, todavía de escuela primaria, pudo ubicar quién era San Martín y cuál había sido su obra.

La vergüenza de no conocer a nuestro héroe máximo y su obra libertadora se extiende al desconocimiento de la letra del himno que lo homenajea y recuerda, desconocimiento que puede hacerse extensivo a la letra de nuestro Himno Nacional, cantado con innumerables errores que rayan en el disparate, y a la de las tituladas con un rótulo casi obsoleto “canciones patrias”.

Para colmos, este himno a San Martín que muchas de las autoridades tampoco conocen, según pudo verse en el acto público más reciente, comienza con una expresión encabezada por una palabra de poco uso: “Yerga el Ande su cumbre más alta”. ¿Qué es ‘yerga’? Algunos dicen: ¿No será ‘yerba’, por lo de la ‘yerba mate’? Pues no: es una forma del verbo ‘erguir’, cuyo significado es “levantar”. Se trata de una forma exhortativa a través de la cual se ordena a la Cordillera de los Andes levantar, en honor de San Martín, la cumbre más alta que posea, como un homenaje a quien, tras cruzar esos montes, se transformó en el Libertador de América.

Más adelante, el himno en cuestión dice: “¡Padre augusto del pueblo argentino, /héroe magno de la libertad! / A tu sombra la patria se agranda / en virtud, en trabajo y en paz”. ¿Qué significa ese adjetivo ‘augusto’? Tiene un valor etimológico muy ilustrativo: ‘augusto’ se vincula con el verbo latino ‘augere’, que significaba ‘aumentar, crecer’. Esto, aplicado a San Martín, es que fue como un padre para nosotros porque nos hizo crecer como patria; por eso, en el verso siguiente se lo llama ‘héroe magno’, ya que ‘magno’ es sinónimo de “grande”.

El himno concluye con un ruego a San Martín, inmortalizado en la memoria colectiva: “¡San Martín, San Martín! Que tu nombre / honra y prez de los pueblos del sur / aseguren por siempre los rumbos / de la patria que alumbra tu luz”. Se invoca al héroe porque su labor constituye, a ciento sesenta y dos años de su desaparición física, un motivo de HONRA, entendida como estima y respeto, y de PREZ, sinónimo, según reza el diccionario, de “honor y consideración adquirida o ganada por una acción gloriosa”.

Tal vez el vocabulario de este himno, como el de la mayoría de los que comparten esta categoría, es difícil y poco usual; pero los que somos educadores debemos recoger el reto: el progreso y la grandeza  no deben apoyarse en el facilismo ni  partir exclusivamente de la diversión y el entretenimiento, sino que, para ser más sólidos y alcanzar frutos duraderos, deben edificarse en la cultura del esfuerzo.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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