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Maravilla Martínez, el hombre del gran golpe

De las profundidades de Quilmes al Madison Square Garden: cómo un boxeador argentino con hambre de gloria pasó de bailar en los bafles de una disco de Madrid a conectar el KO de la década. Una entrevista imperdible del hombre que se enfrentará finalmente a Julio César Chávez Jr. el 15 de setiembre.

Hace un par de meses, Sergio "Maravilla" Martínez demolia en el Madison Square Garden a Matthew Macklin. Todavía sobre el ring, con la cara hinchada y el pulso a 120, Maravilla comparó la faena con la tala de un árbol: lo fue mellando pacientemente, golpeando y saliendo, abriendo con la derecha en punta, lastimando con la zurda recta y esquivando el contraataque, siempre con esa guardia baja que heredó de Nicolino Locche y lo hace ver sobrador ante los ojos de los que miran el boxeo como si fuera un display de fuerza bruta caótica. En un acto de cordura, el rincón del irlandés paró la pelea en el round 11: a esa altura, la vertical de Macklin era un milagro. Ahora Sergio Martínez está en la Argentina. Acaba de terminar una de sus recorridas mediáticas (esas que se han vuelto habituales desde el semestre pasado) y vuelve al Caesar Park, su hogar postizo, en busca de relax. "Hoy prendí la tele y me sorprendí porque no me vi", dice mientras se quita el saco y desparrama su metro setenta y ocho, sus setenta y dos kilogramos y sus 191 letales centímetros de alcance de brazos en un sillón sin perder la elegancia. Y desde ahí, el tercer mejor boxeador libra por libra del mundo suelta esta frase como si necesitara sacársela del pecho: "Parece que voy a bailar en lo de Tinelli nomás".

La historia de Maravilla le hace comer el amague al estereotipo. Sobran en los registros del box los muchachos de clase trabajadora que se calzaron los guantes, mordieron la gloria, se llenaron de oro y se colaron al tren de la tele por esa mezcla de fascinación y morbo que generan en el espectador los pobres que se ganan la vida lastimándose unos a otros. La diferencia acá es que no se trata de encandilamiento sino de determinación: igual que en el ring, es él quien maneja los hilos. Se sabe una mercancía tentadora y, mientras convenga, se deja ofrecer. "Soy un producto con varios ceros a mi derecha, gracias al esfuerzo y la constancia", dice. "Con la convicción que trabajo, mi imagen es fuerte. Cuando hablo, hablo con seguridad. Eso, combinado a una buena producción y un buen espectáculo, vende."

En el segundo round, Maravilla knoqueó a Paul Williams en Atlantic City, en 2010.

Por eso, porque vende, tiene 2000 mensajes de texto en su celular -no es una exageración: muestra el número en la pantalla- esperando respuesta. Desde hace un año y medio, sus visitas a Buenos Aires son así: para en hotel céntrico, recorre canales y radios, les firma autógrafos a señoras que no saben si Muhammad Ali fue boxeador o uno de los que tiraron las Torres Gemelas y se vuelve a su casa en California o hace escala en Europa para atender negocios. Todo a partir de una mano que entró justa. "El clic de la fama lo hace cuando le gana a Paul Williams con un KO espectacular", dice Walter Nelson, relator y amigo personal. "Fue el KO del año, recorrió el mundo. Esa izquierda que tira mirando para el otro lado lo dejó dormido a Williams, algo que pocas veces se ve."

El Maravilla estrella nació esa noche, la del 20 de noviembre de 2010, en Atlantic City. Como dice Nelson, la imagen recorrió el mundo: Williams boca abajo en la lona, con la cabeza de lado y los ojos todavía abiertos, como preguntándose qué pasó. Un año antes se habían enfrentado, y Sergio había ganado claramente, pero un jurado sospechoso le dio la pelea en fallo mayoritario al estadounidense. En la revancha ganó, y para no dejar dudas fue por la vía del cloroformo. Innecesariamente, el referí contó hasta diez: por cómo quedó Williams, podría haber contado hasta dos millones. (Meses después, tras un accidente de tránsito en una moto, Williams quedó paralizado de la cintura para abajo, y Maravilla, desde su cuenta de Twitter, le pidió a sus seguidores que rezaran por el norteamericano.)



Para terminar de leer la nota y disfrutar de todas las imágenes y videos que incluye ir a la fuente: Revista Rolling Stone Argentina - por Diego Mancusi.

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