Charla con Rodolfo Braceli (o un poco de su propia medicina)

"Ciento un años de soledad" se titula el nuevo libro del escritor mendocino, en el que reúne dos entrevistas a García Márquez y otras a Oliverio Girondo, Juan Rulfo y Henry Miller, además de una charla entre Vincent Van Gogh y Franz Kafka. Conversación casi real con el creador de la entrevista ficcionada.

Braceli: Perdón… ¿Usted es…?

El otro: No me parece que eso sea muy importante, pero puedo decírselo si quiere.

Braceli: ¿Nos conocemos?

El otro: Sí, no, tal vez. El universo es infinito pero muy pequeño para nosotros.

Braceli: Uf, ya sé, usted es filósofo o algo así y está jugando conmigo.

El otro: No soy filósofo ni nada así, y no lo traje para jugar, o tal vez sí, un partido de truco, por ejemplo, me imagino que detrás de esos lentes tan distintivos se esconden los ojos de un buen jugador de truco.

Braceli: No crea.

El otro: Habría que verlo. Pero la cosa es que no lo traje para jugar, sino para que hablemos de su último libro.

Braceli: ¿Una especie de entrevista?

El otro: Algo así. Tal vez un poco más ficcionado que una entrevista.

Braceli: No me diga que va a usar el método de la entrevista ficcionada por el que vengo bregando desde hace tiempo.

El otro: Si usted me permite…

Braceli: Le permito.

El otro: Gracias.

Braceli: Ahora, ¿por qué recurrir a esta suerte de rapto?

El otro: Mire quién habla. Aprendo del maestro. ¿O acaso usted no secuestró a García Márquez para hacerle una entrevista? Es más, lo hizo cuando Gabo cumplía ciento un años…

Braceli: Ya le veo el pelaje a usted. Y al final no me dijo quién era.

El otro: Y a esta altura ya ni siquiera me parece importante, así que, disculpe, pero prefiero mantener mi anonimato.

Braceli: Bueno, ahí ya le está metiendo una variante importante al concepto de entrevista que promuevo, porque yo me incluyo con nombre y apellido, con pelos y señales…

El otro: Y todavía le tengo otra sorpresa: ni siquiera voy a meter textuales suyos, sino que me voy a jugar a crear lo que usted pudiera haber respondido.

Braceli: …

El otro: Lo dejé sin palabras.

Braceli: Textualmente. Si no me va a citar, es como dejarme sin palabras, mudo, como quitarme la voz…

El otro: …

Braceli: Ahora lo dejé sin palabras yo.

El otro: Es un jugador peligroso usted.

Braceli: No me conoce enojado. Y me estoy empezando a enojar.

El otro: Bueno, si se va a poner así, tome sus cosas y váyase nomás, yo me las arreglo haciendo un simple comentario del libro.

Braceli: Me encantaría irme, pero no sé por dónde hacerlo, así como tampoco sé cómo llegué hasta aquí.

El otro: Como ya le dije, aprendo del maestro. No sabe dónde está ni cómo llegó hasta aquí. Me fijé en cuidar todos los detalles.

Braceli: Usted es un enfermo.

El otro: No quiero ofenderlo, pero mire quién habla. Me acusa de enfermo por remedarlo, pero, le recuerdo, es usted quien empezó con esto de hacerles entrevistas de este tipo a otros, amén de hacer hablar entre sí a gente como Kafka y Van Gogh. Pero no nos vamos a poner a pelear, prefiero que me amplíe un poco eso de que una entrevista ficcionada se aproxima al ensayo.

Braceli: Que conste que no me siento cómodo en esta situación, pero reconozco que usted no me va a dejar escapar hasta que terminemos con esto, así que voy a responder mansito. Siempre me pareció que estaba muy claro, pero, si insiste… Mire, tiempo después, cuando he leído nuevamente las entrevistas ficcionadas que he hecho, me ha parecido que uno puede reconocer con otro tipo de profundidad lo que los autores sentían y pensaban.

El otro: ¿Y eso tendrá que ver con la descontextualización?

Braceli: Puede ser. Seguramente algo de eso pasa por ahí. Porque si yo muevo la expresión, la frase, o lo que ha dicho alguien lo cambio de lugar, siempre con buen criterio, se entiende, estoy exponiendo al autor. Y no es que uno meta la mano en una bolsa y saque así como así las frases. Acá no hay nada de azar.

El otro: Nada de métodos dadaístas como el de Tristán Tzara.

Braceli: Nada que ver en cuanto a sacar las frases de una bolsa, pero sí mucho que ver a la hora de reconstruir lo que el autor dijo, darle otra estructura, unir lo que dijo hace cinco año con lo que dijo hace veinte, y ahora se me ocurre que también es una manera en la que uno puede descubrir la integridad de esas personas con el pasar del tiempo.

El otro: Bueno, en el caso de Girondo, usted no recurrió más que a Espantapájaros.

Braceli: Esa fue la primera entrevista que hice de este tipo, y hasta le diría que fue un experimento, porque por esa época yo trabajaba en el diario Los Andes y me pidieron…

El otro: ¡Pare, pare, don Braceli! Dejemos que la gente compre Ciento un años de soledad y se entere.

Braceli: No es tan malo usted como parecía.

El otro: Ni usted tan cascarrabias.

Braceli: ¿Ese es el concepto que usted tenía de mí?

El otro: Bueno, me pone en un brete… No sé si cascarrabias, pero…

Braceli: Usted me prejuzga. Además, si es usted quien está poniendo en mi boca todas estas palabras, al menos podría haberme permitido no pasar por este prejuicio suyo.

El otro: Aprendo del maestro.

Braceli: No me salga de nuevo con eso.

El otro: Además, ya le dije que iba a intentar darle una vuelta de rosca a su entrevista ficcionada.

Braceli: No es “mí” entrevista ficcionada, yo la largué para que la use quien quiera, y, por otro lado, que no se le vaya la mano con la vuelta de rosca, porque si no va a terminar haciendo cualquier mamarracho.

El otro: Me parece que es hora de que vayamos terminando esto.

Braceli: Ya veo, se le puso peludo el asunto y empieza a despedirse.

El otro: No es tan así.

Braceli: Ya veo, ya veo. Bueno, qué hace falta para terminar con esto.

El otro: Que me responda una pregunta más.

Braceli: Le respondo, no se preocupe, pero recuerde que sigue siendo usted quien dice por mí, y si digo alguna pavada no pienso hacerme cargo.

El otro: Está bien. No se lave las manos de antemano y dígame, ¿la entrevista, como género, no va a morir?

Braceli: Ojalá no suceda, pero creo que mientras haya gente a la que le guste dialogar, la entrevista va a seguir viva. Usted ya sabe lo que yo pienso (y si no lo sabe se lo va a inventar): creo que el diálogo es mucho más que intercambiar algunas frases sueltas, y la entrevista se enriquece mucho más cuando el periodista no va con cuatro o cinco preguntas previamente diseñadas, el periodista, el entrevistador en este caso, debe meter la cabeza en la boca del león y animarse a crear en y con la entrevista. Ojalá no suceda que desaparezca la entrevista, y para que eso no nos pase debe haber periodistas que se sigan emocionando con el diálogo, con lo lindo que es sentarse delante de un personaje y pasearlo a preguntas. Y darle respuestas también, si el entrevistado lo solicita.

El otro: Gracias, don Braceli, me redondeó la entrevista.

Braceli: Gracias a usted. Y ahora le pido que me diga por dónde puedo volver a mi casa.

El otro: Ahí está la puerta.

Braceli: Un gusto, eh.

El otro: Cuando quiera, puede volver.

Braceli: Sí, claro.

Alejandro Frias

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Opiniones (1)
3 de Diciembre de 2016|16:58
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3 de Diciembre de 2016|16:58
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  1. Muy bueno la forma de estructurar la nota! Sin contar lo bueno que está ver notas sobre escritores mendocinos como Braceli.
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