El hijo del piloto del vuelo de LAPA accidentado hizo una grave denuncia durante el juicio

Durante el juicio, el hijo del comandante Gustavo Weigel dijo haber contado con indicios de que su padre salió vivo del accidente ocurrido en 1999. 

Cree que fue asesinado junto con el copiloto para "silenciarlos", pero que eso nunca se investigó.

El hijo del comandante Gustavo Weigel, quien comandaba el avión de LAPA que se estrelló en el Aeroparque Metropolitano, dijo haber tenido "sospechas de sobrevida" de su padre que no fueron investigadas, y afirmó que existen testigos que aseguraron haberlo visto vivo tras la tragedia en la que perdieron la vida 65 personas.

Tampoco descartó la posibilidad que tanto su padre como el copiloto pudieran haber sido asesinados tras la tragedia, especulando con que hayan intentado silenciarlos.

"Para mí quedaron ciertas dudas que se desestimaron en la investigación", señaló ante el Tribunal Oral Federal 4 Roberto Federico Weigel, quien dijo haberse entrevistado con un médico de apellido "Stamato" que le aseguró que después del accidente una persona que atendió se identificó como "el piloto" del Boeing 737-200, matricula WRZ.

Contó que estando de guardia en el Aeroparque, el médico concurrió al lugar del siniestro y allí "se presentó una persona que le dijo 'soy el piloto, le di 'chaucha' a pleno y no lo pude levantar'".

El joven, uno de los siete hijos del piloto Weigel, agregó que en una conversación que mantuvo con el médico pudo establecer que "los rasgos personales de la persona confirmaban la posibilidad que sea mi padre".

A ello, le agregó que a la esposa del copiloto Luis Etcheverry -quien ya declaró en el juicio- la llamaron la madrugada del 31 de agosto de 1999 desde las oficinas de LAPA para decirle que "los pilotos estaban vivos y guardados".

"Me han dicho que ni figura en el expediente, pero que la cabina (del avión) no se hundió (en el montículo de tierra) y que llegó una camioneta verde y se llevó a los pilotos", especuló el joven en su denuncia.

También consideró sospechoso que los documentos de su padre hayan aparecido tiempo después en la base aérea de El Palomar y que media hora después del accidente haya aparecido un mensaje en el contestador de su casa en el que "alguien llama desde un celular, se siente un traqueteo como de una camilla en movimiento y un vehículo en movimiento".

Según le señaló al tribunal "no se trataba de pocos indicios para que no hubieran sido investigados" por la justicia, ya que su padre "pudo haber estado vivo y lo silenciaron".

Admitió que desde entonces su cabeza estuvo "jugando con esos fantasmas".

Además, aportó un elementó sustancial para las aspiraciones de las querellas y la fiscalia que apuntan a develar irregularidades en los regímenes vacacionales de los pilotos.

El joven Wigel aseguró que su padre le dijo "dos o tres días antes del accidente que estaba muy cansado y lo único que quería era dormir".

Agregó al respecto que poco tiempo antes "había tenido un problema en la espalda muy fuerte y quedó como paralizado en el piso por un problema muscular".

En cambio recordó que desde el punto de vista psicológico "se lo veía muy bien en la vida, porque había pasado el duelo de la separación con su madre; estaba muy motivado con la pintura y había desplegado la relación con sus hijos".

Este mediodía, los familiares de las víctimas instalaron en la Plaza de Mayo las 65 sillas vacías con los nombres de las personas fallecidas, advirtiéndole al Gobierno sobre la presencia en el gabinete de la ministra de Defensa, Nilda Garré, del brigadier Rubén Montenegro, quien era titular de la Fuerza Aérea cuando ocurrió la tragedia.
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