Lo más profundo es la piel

¿Qué ha visto el hombre en la mujer, desde la antigüedad, para hacerla receptáculo de todo mal? La tradición clásica y la tradición judeocristiana comparten la idea de la creación de la mujer como el origen de las desgracias masculinas. Pandora, Eva y las diosas de la noche.

La mitología griega cuenta que la mujer fue ideada como un castigo de Zeus contra los hombres; el padre de los dioses estaba indignado porque Prometeo le había robado el fuego para entregárselo a los mortales. Para vengarse Zeus y los demás dioses crearon a la primera mujer, hermosa, caprichosa, intrigante, sutil, arrolladora y peligrosa: Pandora. Este divino regalo fue para los hombres causa de dolores y placeres por igual.

De ahí que tanto Pandora como Eva fueran asociadas con todo aquello que trae desgracias a los hombres: los vicios, el mal, el pecado; que el resto de las mujeres llevaran su estigma y que sus descendientes perdieran la cercanía con la divinidad y sufrieran la imperfección, la enfermedad y la muerte. Pandora, cuando abrió la caja de los dioses, y Eva, cuando comió de la manzana, sucumbieron a la curiosidad. Al anhelo de un conocimiento que les estaba vedado, oculto,  y que será el que la cultura occidental atribuya a las hechiceras y a las brujas.

Desde siempre, las mujeres han sido definidas como buenas o malas, respetables o perdidas por su manera de relacionarse sexualmente con los hombres. Mientras más virgen, más buena, puesto que la virginidad y la castidad estaban relacionadas con la obediencia al varón jefe de familia. El matrimonio significaba la transferencia de esa autoridad de un varón a otro. La virginidad de una hija estaba ligada al honor de la familia y una relación sexual que no contara con la aprobación masculina mancillaba ese honor.

Por otra parte, los hombres siempre han manifestado su recelo hacia las mujeres que utilizan su atractivo sexual para influir sobre ellos, mujeres que eran estigmatizadas (y lo siguen siendo) como prostitutas sin importar su rango social, mientras que los hombres que tenían muchas amantes eran (y lo siguen siendo) celebrados como héroes.

El temor a la iniciativa sexual femenina y a la sexualidad gozosa de la mujer es omnipresente en muchas culturas y ha sido condenada desde antiguo de múltiples maneras, desde la leyenda de la “vagina dentada” a la ninfomanía pasando por la calificación de “prostituta” a la posesión diabólica, en contraste con la imagen asexuada y tranquilizadora de las vírgenes cristianas.

La idea de que las mujeres pueden tener el control sobre la sexualidad masculina atraviesa la hechicería y la brujería; los filtros de amor, los conjuros y las pócimas para atraer a un hombre especialmente elegido para ligarlo a una mujer se consideran atributos del pensamiento mágico femenino y constituye una de las peores fantasías primitivas masculinas, sólo porque no comprenden cómo funcionan los mecanismos de su propio deseo ante una mujer.

Las mujeres sabemos que la única anormalidad es la incapacidad de amar y que, como Paul Eluard, dijo “lo más profundo es la piel”. Entonces, que los hombres nos tengan miedo.

Patricia Rodón
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4 de Diciembre de 2016|21:11
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4 de Diciembre de 2016|21:11
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  1. Gracias por recomendarme esta nota, se me había pasado, y gracias a Patricia por entregarnos algo de esa pluma tan exquisita.
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  2. El problema de la demonización de la mujer, de l sacraclización de virginidad, de la monogamia o la poligamoia del hombre solamente, surgen a partir de la aparición de la agricultura, la propiedad de la tierra y por ende la necesidad de garantizar la herencia para los descendientes del hombre propietario. Esto no era un problema cuando los seres humanos eran nómades. Garantizar la herencia para sus hijos exige , tener dominada a la mujer y estar seguro de que sus hijos son sólo de ese hombre. Es el nacimiento de la propiedad privada y el derecho a la herencia.
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  3. otra esxcelente nota
    detaco lo dicho: el temor no sólo de hombres sino también de las miamas mujeres a ... la iniciativa sexual femenina y a su sexualidad gozoza
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  4. Pienso que no existe dicotomía entre hombre y mujer, sino complementación. Digo "dicotomía" porque pienso que pensar a la mujer a partir del hombre o viceversa no da más que resultados obvios. Sí hay dicotomía, sospecho, entre buena y mala gente. Saludos. J. L.
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