“Vacaciones fantásticas”, una novela para los pibes que sueñan y juegan

Emilio Fernández Cordón (escritor) y Laura Rudman Belmes (ilustradora) presentan esta novela para jóvenes, en la que el mundo fantástico se conjuga con el real. La cita es esta noche en la Biblioteca General San Martín a las 20.30. Pororó gratis para quienes concurran.

Emilio Fernández Cordón y Laura Rudman Belmes se embarcaron en contar una historia, así que el uno le puso las palabras y la otra le agregó los dibujos, y así es como nació Vacaciones fantásticas, la novela que el jueves 9 de agosto a las 20.30 será presentada en la Biblioteca Pública General San Martín (Remedios Escalada 1843 de Ciudad).

Vacaciones fantásticas, enmarcada en el género epistolar, es una novela, o mejor, la narración de las mejores vacaciones vividas por un niño con sus compañeros de escuela, recreada en la voz de este chico y mediante los mails que, durante su internación, le va enviando al padre.

Historias de amor adulto y juvenil, los miedos y los juegos, el mundo visto a través de los ojos de un chiquito hospitalizado por su asma y que le cuenta a su padre (quien está lejos y viviendo con su nueva pareja) cómo fueron esas vacaciones, a la vez que le va dando noticias del progreso de su salud y ofreciendo detalles, a veces ocultos y a veces revelados, de la relación que mantiene con los adultos, tanto los próximos, como su madre, su tío o su abuela, como con los distantes, es decir, su padre, la nueva pareja de este y ese hermano que está por nacer.

En la presentación, además de los autores, participarán Agustín Álvarez Vega y Sonnia De Monte recreando partes de la novela, y Fermín Miranda Tirado con sus canciones.

Narrador, dibujante y el libro que se presenta hoy.

Diez niños en una sola voz

Laura Rudman Belmes y Emilio Fernández Cordón se sentaron a conversar con MDZ Online para ofrecer algunos detalles de la génesis de este libro, con el que ponen su granito de arena para las letras locales en un género que hay sido muy poco explorado aún por los buenos autores locales, el de la literatura infantil y juvenil.

- ¿Por qué el formato epistolar?

Emilio Fernández Cordón: Yo tengo algunos cuentos contados desde niños pero para adultos, y ahora eran diez personajes, diez niños, entonces cómo hacía el tono para diez niños, demasiado me cuesta ponerme en la piel un niño como para ponerme en la de diez. Estuve como tres meses con eso, hasta que lo resolví con un niño que cuenta todo, una voz que habla por diez.

- O sea que es una resolución narrativa.

E.F.C.: Sí, una estrategia. Pero las palabras me las dio la Silvia [Núñez, quien era su pareja y hace unos años falleció], dos maestras amigas de ella, y la terminología me la revisó mi hija, una psicopedagoga también lo vio, porque había palabras que yo ponía y que no usan los niños y otras que capaz que no entendían, por eso tampoco le di edad, ella [Laura] le dio la edad.

Laura Rudman Belmes: Decantó en un niño de seis a ocho años, de manera un poco más visceral que racional. Y fue una tarea totalmente desafiante. Yo ya había encarado algún trabajo que me había propuesto Silvia Lauriente, que por circunstancias personales había dejado en el camino, y ya me había encontrado con la enorme dificultad que significa traducir esas palabras en imágenes para chicos.

E.F.C.: Es la misma historia que la mía: contar para niños, dibujar para niños.

L.R.B.: Ahí es donde hay que acotar la subjetividad y donde la imagen tiene que acompañar y completar el texto, hacer como un anclaje en la cosa visual, como un aporte más al texto, no como una interpretación.

- ¿Y por qué las ilustraciones son en blanco y negro?

E.F.C.: Por plata (risas). Esta idea me la dio Hugo Marino. Le cuento lo del libro y me dice “ilustralo”. “No”, le digo, “me sale una fortuna”. “Aunque sea en blanco y negro”, me dice, entonces me conecto con ella y le hago la propuesta. Y la maravilla que hizo ella es que le puso rostro, pelo, ropa, paisajes, cosas que yo no describo.

L.R.B.: Me pareció que había que incorporar esos detalles, y la constante de identificarlo con determinada ropa y cabello para que el que lo lee pueda seguirlo, y para que se enganche el chico al que se lo leen.

E.F.C.: Y cuando me decido a publicarlo, le puse la netbook, le puse el pen drive, porque antes eran cartas, y ahora es por mail. Lo único que le pedí era que no se pareciera a Harry Potter.

- ¿Y, Laura, qué fue lo que más te entusiasmó de la historia?

L.R.B.: Me entusiasmó mucho esa cosa de que cuenta la historia de un pibe de seis, siete ocho años cualquiera. Y esa ternura con que ese chico se acerca a la tecnología, porque no se acerca para jugar, sino para estar en contacto con su papá y narrar una historia con la frescura y la desfachatez que la cuenta. Entonces también era muy difícil poder dibujar eso, todo ese condimento especial que tiene y que lo hace tan creíble.

- ¿Cómo fue la relación autor-dibujante?

E.F.C.: Por mail.

L.R.B.: Y con suspenso.

E.F.C.: Ella estaba por tener su hijo, así que me dijo que esperara.

L.R.B.: Yo estaba por tener a mi hijo y con otras cosas en el medio, pero una vez que pude engancharme, fue rápido, pero hasta elegir qué, cómo y cuáles eran los hechos que yo podía traducir en imágenes, pasó un tiempo.

Esta noche llega Vacaciones fantásticas, y los autores prometen repartir pororó, además de una presentación inolvidable.

Alejandro Frias

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