"Sur-realismo" vuelve hoy a las tablas locales para festejar 20 años en escena

Luego de más de 6.000 funciones en varios países de Latinoamérica, Nora Fernández repone en Mendoza el unipersonal que nació hace dos décadas en esta misma ciudad. Estará todos los sábados de agosto y septiembre en el teatro La Compañia (San Martín 2494, Ciudad).

Hace casi veinte años, el 2 de noviembre de 1993, aquí, en la Ciudad de Mendoza, se ponía en escena por primera vez Sur-realismo, la obra escrita e interpretada por Nora Fernández que se convertiría, tras dos décadas, en un clásico que, como tal, sigue teniendo la misma vigencia que cuando fue estrenado.

Hoy, después de haber atravesado varios años y haber sido representada en varios países, Sur-realismo, dirigida por Ricardo Fernández, vuelve a las tablas locales y permanecerá en escena durante agosto y septiembre, los sábados a las 21.30 en el teatro La Compañía, San Martín 2494 de Ciudad.

Para reírse, para detenernos a pensar quiénes somos, para crecer, Nora Fernández vuelve a Mendoza con los siete personajes que componen Sur-realismo, siete maneras de ver la vida y de introducirse en ella, siete espejos con forma de mujer en los que la sociedad puede, antes que reflejarse, mirarse. Una nena, una política y una joven con parálisis cerebral son algunos de los personajes que la actriz encarna para no nos detengamos en la mera contemplación.
Sur - real - ismo son las partes que componen el título de la obra y que, en palabras de la autora, aúnan las realidades del sur con sus ismos: machismo, racismo, fanatismo. 

Reconocida por la prensa local, nacional e internacional, Sur-realismo superó ya las seis mil funciones, convirtiéndose así en una de las obras nacionales más vistas de la historia, y desde hoy los mendocinos tendremos la posibilidad de volver a tenerla en nuestros escenarios, en un homenaje que, antes que cerrar un ciclo, es el reconocimiento a toda una vida de trabajo.

A horas de subir al escenario de La Compañía para reponer en la provincia Sur-realismo, Nora Fernández recibió a MDZ Online en su casa, y entre mates, bromas y anécdotas, mantuvimos una charla en la que la actriz profundizó en la obra, en su vigencia y en la vida de los personajes.

El tuétano de la vida

Nos sentamos a tomar mates. Como buena actriz, se pone a bromear cuando se entera de que en cualquier momento puede llegar el fotógrafo para hacerle algunas tomas. Uno de sus perros se acomoda a su lado. Un cigarrillo y la charla ya comenzó. Y va de lleno al asunto: “Con Sur-realismo es como decía Tolstoi, ‘pinta tu aldea y pintarás el mundo’, y la obra me ayudó a conocer el mundo y otras culturas. Es como que hay un crecimiento en la visión artística humana de actriz, una mayor flexibilidad con el entorno. Y Sur-realismo salió como tenía que salir. Eran otros, tiempos. Cuando empiezo a escribir Sur-realismo eran los albores de la democracia, había toda una generación golpeada, amordazada, silenciada, entonces, fue como un escupitajo. De hecho, dentro del teatro independiente, fue una obra transgresora”.

- De alguna manera, ustedes fueron impulsoras de muchas cosas, y digo ustedes porque pienso en XX el sentido de ser mujer, que hacías con Gladis Ravalle y Mariú Carrera.

- Y previo a eso era No me dejen sola, o sea, el tema ya estaba asentado intelectualmente, emocionalmente y como compromiso, como ojo que había visto esto, entonces lo escribo y lo largo como diciendo ‘no me van a cazar más’, con toda la polenta propia de la edad, porque cuando empecé tenía la edad que tiene mi hija ahora, tenía la fuerza propia de esa edad de mujer, y como que no pude ni siquiera hacer una evaluación de si era buena o no era buena, era como una necesidad visceral humana, como una militancia del teatro, sin darme cuenta de esto. Y con el tiempo, también viene el acomodamiento de Nora Fernández actriz, empieza a cambiar esto, a acomodarse, a ablandarse. Y lo otro que contribuyó mucho fueron los viajes, el viaje de la vida, y conocer gente, mujeres de instituciones, mujeres internacionales, y esto me hizo salir del yo para entrar en el nosotros.

- Bueno, justamente, al principio, pareciera que la obra habla de mujeres, pero después uno se da cuenta de que no es así.

- Eso es impresionante, porque quizás al impulso, la ideología, el enojo, alguien tiene que decirlos. Y el impulso fue desde el cerrojo por el que estaba viendo esa realidad del sur y los ismos de mujer. Pero no era sólo eso y no es eso. De hecho, lo que emociona mucho es la cantidad de gente joven que va a ver Sur-realismo, y de pronto hay un grupo de chicas de 18 años que no habían nacido cuando yo estaba güeveando por los escenarios con Sur-realismo, y hay como un encuentro que es vigente. He hecho muchas cosas, incluso a veces desde el ego de artista, cosas que he escrito, no obstante, lo que siempre ha sido y sigue siendo es Sur-realismo, la simpleza, la verdad del artista humano que va más allá del análisis intelectual, y los personajes siguen siendo los mismos, pero al estar haciéndola permanentemente, ellos han ido creciendo, realizándose, aprendiendo y flexibilizándome como actriz. Esto es una simbiosis con los personajes. La nena, por ejemplo, tiene el mismo perfil de composición, un ser humano de cuatro años en su afán desesperado de comunicarse, y lo que está haciendo es imitar y copiar, y en esto uno se va enterando de la estupidez de los adultos que la rodean. Y esta nena hoy habla de que cuando sea grande va a participar en Soñando por cantar.

El personaje de la nena en 1993, 1999 y 2010.

- O sea que no hubo un cambio, sino un aggiornamiento.

- Un crecimiento diría, una actualización. La misma dinámica de estar trabajando le da como una evolución que se fue haciendo mientras se estaba haciendo. Cuando empecé no existían los celulares, por ejemplo, y hoy uno de los tips de la mujer política es cuando está llena de teléfonos y tiene a su madre y a la nena en el celular y las hace hablar entre las dos para descansar un rato. Y eso es la misma dinámica de la vida, el teatro se impone, la vida se impone, la vida te acomoda y entonces tenés que resolverlo ahí.

- ¿Alguien además de vos puso la obra en escena?

Sí, unas chicas de Chile que me pidieron los derechos cuando se estaban por recibir en la Facultad de Teatro, y las autoricé para que la hicieran en el teatro. Son chicas jóvenes, de 22 o 23 años, pero eran tres Noritas, entonces trabajamos mucho para sacarlas de eso, y me encantó ir al teatro a verlas. No sé si la están haciendo ahora, pero fue muy bueno. Hicieron temporada en Santiago, y fue difícil, porque yo también estaba haciendo la obra, pero le mandaba gente.

- ¿Y llegó Sur-realismo a la televisión?

- Un personaje. Bueno, en realidad, los personajes de Sur-realismo siempre han seducido a los productores y directores. La discapacitada, por ejemplo, sedujo a Nicolás Sarquis y está el personaje en la película Sobre la tierra, del 98. De hecho, ese personaje no estaba en el guión original, así que lo enlazó para meterlo en la película. La mujer política también fue llevado como personaje a un unitario, no exactamente con el mismo texto, pero sí el personaje. La niña también, por esta libertad que tiene para hablar de algunos temas, ha participado en programas y homenajes en Televisión Nacional de Chile.

- ¿Te pasó alguna vez que te sentiste cansada de Sur-realismo?

- Lo que me cansó, no hace muchos años, es que en el momento en que estaba en el teatro, en televisión, en cine, en estos cinco minutos de rica y famosa, bueno, rica no, fue el tema del autógrafo, de los fans y todo eso. En verdad, estaba como condicionada, entonces nació el cansancio, esto de salir por la puerta de atrás, los paparazzi… Una vez salimos en revistas de chismes. Nos sacaron una foto con Ricardo [su pareja desde hace años]  y pusieron “Nora Fernández y su pololo chileno”, entonces era un estrés esto de que nos siguieran. Me cansé, me asusté. Pero nunca me cansé de Sur-realismo, porque tienen una dinámica estos personajes que siempre me lleva al tuétano de la vida, entonces, de pronto arriba del escenario me descubro a mí misma en los temas que toca la mujer con parálisis cerebral. Dándoles vida a los personajes descubro mi propia vida. El teatro nos da siempre esa oportunidad, ya sea como público o como artista, de revernos. Entonces no me cansa eso, al contrario, es lo que me da esperanzas, es lo que me hace salir del yo para ser nosotros, me vuelve a enamorar del teatro, de este ritual con la gente, que se prepara para venir, y yo me preparo para actuar, y nos encontramos y puede ocurrir cualquier impreciso en ese viaje. No me cansa, al contrario, el teatro me quita los dolores de rodilla, me pone más joven, me hace amar más, me hace ser buena gente. Siempre descubro a partir del teatro la vida misma.

A continuación, una charla con Nora Fernández realizada para la televisión chilena.

Alejandro Frias

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