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La crisis de Racing se vive dentro y fuera de la cancha

La Academia se encuentra en zona de promoción, estando al borde del descenso directo, pero sus problemas no pasan sólo por la permanencia en primera división, sino que los inconvenientes económicos de Blanquiceleste en este momento golpean duro a los chicos de las divisiones inferiores.

Cuando se habla de deudas de los clubes del fútbol argentino se mencionan cifras, por lo general, millonarias. Racing y su empresa Blanquiceleste no son la excepción a la regla, pero la gerenciadora de la “Academia” tiene incumplimientos por cantidades irrisorias, muy complicadas de explicar.

Por ejemplo. Recién el viernes pasado se canceló una deuda de 400 pesos que mantenían con la agencia de remises “Italia”. ¿Qué viajes hacía esta agencia? Llevaban –y lo siguen haciendo- a los chicos de las divisiones inferiores que viven en la pensión a la escuela.

Pero como tardaron en pagarle a la remisería en un momento le dejó de mandar los autos y los chicos no pudieron ir por varios días a la escuela. “Qué vayan caminando”, fue la respuesta de alguien de la gerenciadora, cuando los chicos se quejaron.

Después de 9 meses Blanquiceleste canceló una deuda de 4.000 pesos (sucedió el viernes pasado) que mantenía con la gente del predio Tita Mattiussi, donde juegan las divisiones inferiores.

“Nos pagaron en diciembre con cheques a cobrar en marzo una deuda de julio del año pasado. Cuando fuimos a cobrarlos vinieron rebotados. Recién la semana pasada los cancelaron”, le contó a Télam el presidente de la mutual que administra el predio de Racing, Fabián Mangareto.

Los chicos que viven en la pensión, en la llamada “Casa de Racing” o “Casa de Tita”, que está ubicada en lo que era la vieja confitería del estadio de Avellaneda conocida como “El Hongo”, no la están pasando bien, lo mismo que los empleados que trabajan ahí.

En ese sentido, al cocinero, de nombre Miguel, hace tres meses que no le pagan el sueldo –le aseguraron que ya están los cheques- y sigue yendo a trabajar por pedido de los chicos.

Una de las noches de la semana pasada lo único que pudieron comer los juveniles, quienes deberían ser el futuro de Racing, fue salchicha con puré.

En estos días, los proveedores se negaron a llevar los alimentos solicitados porque la gerenciadora tenía una deuda más que importante con ellos, que prometieron cancelar en estas horas.

Todo esto sucede en el presente, pero en un pasado muy lejano, hace un par de meses, al predio Tita Mattiussi le cortaron la luz por falta de pago. “Se les traspapeló la boleta”, contó Mangareto que le dijeron desde Blanquiceleste.

“Hay que seguir el proyecto Lanús, ahí está el futuro del fútbol argentino”, dijo Fernando De Tomaso hace un tiempo, cuando anunciaba que Miguel Micó se hacía cargo del plantel profesional, imitando la continuidad de Ramón Cabrero en el Granate.

Claro, que Micó ya no es el técnico de Racing, y no se fue al Manchester como anunció graciosamente el gerenciador –Ferguson se puede quedar tranquilo- y cada vez son menos los chicos que juegan en la primera división.

El proyecto que lleva adelante Lanús no sólo consta en formar a los chicos como jugadores de fútbol, sino que los alimentan, los obligan a estudiar y nunca se olvidan de pagar las boletas de la luz. Por eso hoy el Granate es un club grande. Es que es grande en proyectos y más grande en futuro.

Por eso, Racing hoy está al borde de una crisis institucional, cuyo final es incierto, más allá de la suerte que corra el equipo profesional, que lucha desesperadamente por mantenerse en primera, por más que eso parezca a esta altura una quimera, aunque cualquier sea el final no podrá ocultar todos los problemas que hay en una empresa que llegó para hacer las cosas bien, pero que le sale todo mal.
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3 de Diciembre de 2016|07:07
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