La revista que analizó y criticó el periodismo intenta ver la luz: vuelve "Medios y Comunicación"

De corte académico y con sólo 10 mil ejemplares, la revista propició una mirada analítica sobre los medios de comunicación de la época, la censura dictatorial y el hacer periodístico.Su director, Raúl Barrientos, busca retomar y circular el análisis de los medios

La revista que impulsó el juego limpio entre las publicaciones masivas, que se especializó en observar y criticar los medios de comunicación y se preguntaba “para quién es el periodismo” intenta volver a ver la luz, sorteando los altos costos actuales de impresión y la era digital.

Hablamos de Medios y Comunicación, la revista que surgió en 1978 y pese a navegar los intersticios de la censura dictatorial, se discontinuó un año antes del regreso de la democracia. Luego de un fugaz retorno en 1989, tratará ahora de que la tercera sea la vencida.

Desde siempre la dirigió Raúl Barreiros, semiólogo e investigador en medios masivos, con centenares de horas cátedra en las universidades de La Plata, Lomas de Zamora, San Andrés y los institutos de Cinematografía (CERC) y Nacional del Arte (IUNA), además de haber sido director de Radio Provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Antonio Cafiero.

Pocos la recuerdan porque no imprimió más de diez mil ejemplares de los cuales, según el propio Barreiros, regalaban seis mil y vendían el resto. Hallar hoy los números editados redunda en una búsqueda arqueológica, aunque parte de ellos se encuentren en las hemerotecas de la Biblioteca del Congreso de la Nación, la Nacional y en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina. Ni el propio Barreiros sabe cuántos fueron porque tampoco atesora todos.

La primera editorial y los sueños de informar, analizar y, sobre todo, llegar

El editorial del número 1 (noviembre de 1978) advertía que M&C “espera cumplir una tarea de la que está ausente la mayor parte de la prensa nacional: la crítica de medios, su análisis, alcances y propósitos. Este quehacer sólo ha sido cubierto esporádicamente por algunas secciones del diario La Opinión, Radiolandia (en todo otro sentido), TV Guía (también) e insólitamente por los grandes diarios. Medios pretende barrer este sector desaparecido hasta hoy, cuando no vapuleado nuestro primer número trae en sus páginas un enfoque muy general como para sentar bases y temas. Carece por tanto de noticias, pero no de información. Los artículos enfocan algo así como nuestro modo de ver: la TV, el cine argentino (corto mensaje incluido), el cine infantil sufrido, la radio, la publicidad (y el inconsciente), la música rock y otro. El segundo número no será mejor pero será... esperamos”.

Una década después, Barreiros lo sintetizaba así: “Como entonces cualquier crítica a la realidad se hacía imposible, nosotros decidimos criticar a las sombras de esa realidad. Criticábamos finalmente lo que los medios decían que estaba pasando”.

Ese número uno era de ocho páginas tamaño tabloide y en blanco y negro, con secciones como TV, diarios, revistas, música, teatro, series y artículos que analizaban la programación de los canales, daban cuenta del éxito de entonces “Mónica Presenta” (con Mónica Cahen D'Anvers) o la locución femenina en la noche radial. En el staff acompañaban a Barreiros alguno de sus alumnos como Felicitas Jaime, Luis Martínez, Rubén Egan, Daniel Pérez, Héctor Coire y Julio Macchi, entre otros.

El siguiente número (diciembre/enero de 1979) sumó pliegos y contenido: “Este segundo número de M&C perfila con más claridad el propósito de nuestra publicación: el análisis del contenido de los medios. En buena medida esto se debe a los aportes de Luis Gregorich -La Opinión-, Ángel Faretta -Convicción-, Jorge Miguel Couselo -Clarín- por los medios y como teóricos de la comunicación Rubén Mirkin, semiólogo; Miguel Bianchi, sociólogo, y Juan L Hernández, psicólogo. M&C conserva su carácter crítico -aún diremos que lo acentúa- y ello no es contradictorio con el importante aporte publicitario. Los anunciantes no pesan en la opinión de la publicación, como lo podrá comprobar cualquier lector atento. Tanto prueba este hecho nuestra independencia de criterio, como la seguridad de los avisadores en su producto. La cantidad de páginas se ha duplicado; y con ellas traspasamos por primera vez los umbrales secretos del correo y nos asomamos al verdadero mundo de los medios: estamos en la calle, con todo lo que ello denota y sin lo que connota”, editorializaba Barreiros hacia el final de aquel año mundialista y bajo el yugo dictatorial.


Al llegar el primer aniversario, desde ese mismo espacio, escribía: “Hace exactamente un año y ocho números M&C vio la luz; primero tímidamente intentando captar un público incierto a través del correo; luego aceptando las reglas del juego y lanzándose a pelear su lugar con el resto de las publicaciones desde el único lugar posible, el kiosco de venta. De los primeros mil quinientos ejemplares a los seis mil que constituyen la tirada de hoy, hay un camino que no siempre jalonó el éxito sino la constancia de un grupo que cree en lo que hace, pero no se presume a sí mismo como una cruzada en pro de no se sabe qué absurda empresa. Intenta (este grupo) ser un medio que contemple la posibilidad crítica de las formas de la transmisión de cultura en el siglo XX. Los verdaderos formadores de hoy son el cine, la radio, la TV, los diarios, pero no en cada uno de sus programas o artículos independientes sino en el mensaje que estructura cada uno de ellos en su totalidad. Es decir en su concepción general, en la propia forma de los géneros desde la telenovela a la historia. Esa la moneda corriente en la cultura de hoy. A algo responden; no nos conformemos con la crítica lejana y sutil de los diletantes, que nuestra reflexión lleva a preocuparnos por lo que está vivo y las artes sólo existen en los hombres; evitemos ser perjuicio de lo actual, lo primario y lo mayoritario. Los ochos números de M&C nos hacen suponer que estas creencias son cada vez más compartidas”.


Comienzan los problemas

A partir de 1979 la aparición fue en febrero, abril, mayo, julio, septiembre y diciembre, pero al año siguiente comenzó a espaciarse: el número 9 saldría recién en marzo de 1980 y el siguiente, cuando las páginas ya eran 20, en julio. Y aunque luego recuperó la frecuencia bimensual hasta el número 18 de octubre de 1982 saldría de manera anárquica por una cuestión de costos, aunque además de la revista se había creado un centro de documentación e investigación que además de editar libros, ofrecía cursos.

 “No podíamos mantenerla, absorbía tiempo de trabajo y no generaba ganancias sino pérdida. Se llevaba la mitad de mi sueldo”, recordó Barreiros, quien pudo reeditarla en 1989 cuando lo nombraron director de Radio Provincia y volvió juntar fondos y establecer un lugar para la redacción.

En el número siete sobresale un mano a mano revelador con el entonces director del Buenos Aires Herald, Robert Cox, editado a doble página, donde el periodista brindaba indicios y evidencias del rol que tuvo la prensa bajo la dictadura para confirmar que se sabía lo que ocurría y que algo de ello podía denunciarse.

“Siempre ha sido nuestra decisión -sin pretender ser heroicos- de que ante el temor de no poder seguir saliendo se debían correr los riesgos y publicar lo que correspondía”, dijo por ejemplo Cox y afirmaba no tener dudas de no sacar el diario si debía callar o mentir. También se quejaba del silencio de los colegas frente a la detención del entonces dueño y director de Jacobo Timerman -que ellos si informaron y con amplio despliegue-, lamentaba que “otro grave problema de los medios en este país es que los periodistas son mejores que los dueños, y el Estado es el peor dueño de todo el mundo. (Entonces) el ambiente se torna tan competitivo que cada uno cuida su empleo a cualquier precio porque sabe que muchos esperan atrás. Los talentosos, en lugar de unirse en el trabajo para enriquecerse o hacer una publicación mejor, se pelean entre sí para comer. Y eso es penoso”. Era septiembre de 1979.

Cuando le preguntaron si en ese entonces el periodista tenía miedo, Cox consideraba que “muchos lo tienen y a veces no tan justificado” y citaba como contraparte a Heriberto Kahn (quien denunció los crímenes de José López Rega en el libro Doy Fe) y aunque reconocía que había “temas prohibitivos”, opinaba que “los medios masivos deberían hacer el esfuerzo de animarse a tratarlos”.

Cox sentenciaba allí cómo debía comportarse un periodista para ejercer la profesión: “En principio, pensar siempre en el país que desea para sus hijos. Después no debería dejarse influenciar, por lo que puede decir el gobierno o la gente, cuando escribe. Porque hay que mirar el futuro y despreocuparse del presente al escribir”.

También reconocía: “A veces un director tiene que luchar contra los intereses del diario para mantenerse honesto. Cuando un avisador amenaza con quitar la publicidad si no se cambia de política, hay que tener mucho valor para decirle que no interesa su dinero en tales condiciones. Y repito, sé comprender que es muy difícil pero que hace hacerlo porque sino no vale la pena seguir en este oficio. En este sentido aún tenemos cierta libertad de elegir. Ese famoso dicho de que hay que cuidar la fuente de trabajo es una infamia, le ha hecho muy mal a la prensa. Lo que se debe defender es la razón por la que uno está trabajando. Escribir u obviar cualquier cosa por cuidar el empleo es de cobardes”.

En el número ocho, de diciembre de 1979, Miguel Bianchi analizaba el contenido ideológico sobre Clarín y advertía: “Un diario que apunta por igual a sectores sociales diversos pero que cada día parecen menos distintos, un poco porque se consolida la integración social y cultural del país y, otro poco, porque accionan eficaces mecanismos destinados a crear una conciencia común que llega a ser mucho más fuerte que cualquier otra de carácter sectorial o mezquino. Clarín es uno de ellos”.

Pese a la censura de la dictadura y la baja circulación, la revista no pasaba desapercibida. “¿Para quién es el periodismo? Esta absurda pregunta parece estar contestada en sí misma: el periodismo se debe a sus preceptos. Su contenido, su lealtad, su verdad deben estar referenciadas por el público. Cualquier acuerdo o pacto con el reporteado descalifica la acción de la prensa, pues la búsqueda de la verdad se troca así en intento publicitario. De alguna manera, el periodista no tiene amigos a partir de su profesión -es decir, no puede brindar favores con ella- pues cada vez que disimula errores o defectos en su crítica se vuelve un traidor a su destino, el público. Cuando un periodista cambia la palabra que iba a emitir por otra, para favorecer intereses que no sean los de su propia opinión -equivocada o correcta- produce una ofensa a quien como lector le otorgó el rol complementario de relator de la realidad. El problema se presenta cuando -como en Medios & Comunicación- la reporteada es la prensa, y el objeto de nuestra crítica, los colegas. Aquí más que en ninguna otra parte, el imperio del fair-play debiera ser absoluto, porque pocos como ellos tienen conciencia que éstas debieran ser las reglas del juego; y si bien los señalamientos pueden ser dolorosos, menos que ninguno el periodista (que vive haciéndolos) puede protestar contra ellos, excepto para quejarse de la injusticia o el error, jamás para pedir un salvoconducto profesional (en casa de herrero, cuchillo de hierro). (...) Los redactores de Cabildo acusaron a Medios & Comunicación de pertenecer a la ‘cofradía lingüísto-materialista’ (¿) y otras intoxicaciones mosaicas, además de connivencia con las revistas Zaff!!, Expreso Imaginario y Humor (dos de ellas en franca disputa con nosotros). Y por si esto fuera poco, la tarea periodística se ha vuelto compleja por una cierta tendencia a recibir coscorrones desde arriba de todo. Luis Gregorich dijo que el periodismo es una profesión que se extingue. Es probable. Tratemos de que no sea por culpa de los periodistas”, despotricaba el editorial del número 14 de enero de 1981.

Los 80 y un fugaz regreso

En los números de 1981 y 1982 el contenido del sumario se acentuó más político y avanzó sobre el contenido de la comunicación, el mensaje, la manipulación y agregó una mirada más académica. También sumó a plumas como José Pablo Feinmann, Dalmiro Sáenz, Víctor Ego Ducrot, Alfredo Leuco o Juan Sasturain y se permitió una sección llamada “chismes y versiones” sobre el movimiento interno y lanzamientos en las editoriales.

En julio de 1982, el editorial reafirmaba el propósito de ser una publicación que “ha adoptado una posición de defensa del consumidor de los medios de comunicación de masas”, tarea que realizaba “casi a los golpes, tratando de elevar su postura independiente”.

Al reaparecer con el número 19 en mayo de 1989, en un tamaño similar al tabloide, papel más grueso y 36 páginas, el comité de consulta que acompañaba a Barreiros lo integraban Steimberg, Mario Moldován, Jorge Telerman, Oscar Traversa, José Luis Fernández, César Bustamante y Marcos Lohlé. En el sumario, donde no había mención alguna a la reaparición, sobresalía un informe sobre “producto y producción en la cultura de los medios” y una entrevista al fundador de Ámbito Financiero, Julio Ramos, titulada “Cada diario necesita un dictador” en cuya bajada se leía: “Cuando el firmamento de los propietarios de grandes medios parecería estar cerrado totalmente, alguien consiguió un espacio financiero. Vituperado por los ideólogos de la izquierda como ‘procesista’, nadie le niega sin embargo, una formidable precisión periodística para la retórica de su medio”. Había avisos de Página 12, el diario Sur, El Porteño y el Banco Provincia.

El último número de esa etapa, el 20 (de noviembre-diciembre de 1989) tenía una nota sobre el fenómeno postmortem Alberto Olmedo firmada por el sociólogo Luis Alberto Quevedo y otra sobre “el lugar de los medios en los estudios sobre comunicación” de Steimberg.

¿La tercera será la vencida?

Ahora que busca financiación para la tercera etapa en el ámbito académico, Barreiros quedó espantado con “los costos muy altos para hacerlo” y al formato digital le desconfía porque “no es lo mismo que salir a la calle: se transforma en un fenómeno más político y la revista depende de eso”.

De salir en esta nueva etapa, la revista contaría con antiguos miembros del staff como Steimberg, Omar Bravo o Juan Carlos Genoud.

Barreiro explicó que esperan “contar con el apoyo de universidades que se dedican a los temas mediáticos”, pero que omite “para no quemar”. Agregó que “queremos hacerla bien, sino no salir. Y eso significa buscar las mejores plumas y que la revista tenga una diagramación de primera. Puede no tener color, pero si la calidad de la escritura no es buena y no tiene un norte político, no la hacemos porque la fortaleza de un medio es que tiene un objetivo político y en M&C éramos un grupo peronista sin rechazar otras tendencias progresistas, como grupos de izquierda o las Madres (de Plazo de Mayo)”.

- ¿Y por qué no se podría hacer a la manera convencional?
- Porque es muy caro. Depende de tener un aparato y aceptar todas publicidades y nosotros no queremos aceptar todas las publicidades, sobretodo las que están en contra de nuestra manera de pensar. El mercado de revistas políticas es enorme y está muy bien provisto. Nosotros queremos hacer una revista diferente, o no hacerla.

- ¿Y por qué nunca hubo una revista de medios?
- Hubo revistas universitarias en las cuales yo escribí, pero de un lenguaje tan crítico, tan cerrado, que el público general quedaba afuera.

- ¿Pero por qué no hay periodismo de periodismo?
- Porque el periodismo necesita dinero para desenvolverse. En su momento no existía la crítica de medios masiva impuesta por 6-7-8, por ejemplo. Pero desde un punto de vista se critica la posición política, pero no el entresijo que hay de los medios: las formas que adopta, la propia ingeniería mediática, no se critica mucho.

Fuente: Diarios sobre Diarios.

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