En serio: demuestran que un reconocido periodista es, en realidad, un medium

La experiencia personal del director de MDZ con el libro "Ciento un años de soledad", de Rodolfo Braceli, poeta, periodista, escritor y -ahora decubierto- medium mendocino. Leé la nota. pero en realidad, tratá de leer el libro.

Recostado, apoyo el libro sobre mi pecho y miro la nada, haciendo foco en un punto ubicado en el techo, repasando los pasajes que más me sobresaltaron. Lo retomo y verifico que las páginas que doblé, con el vértice recostado sobre la frase que quiero recordar, sigan allí. Lo cierro, lo giro. Busco qué más leer: ¿me faltó algo? El placer es total y provoca a buscar alguna palabra que haya quedado sin ser repasada . ¿Pudo decirlo de otro modo?, me pregunto de inmediato para luego cerrar el libro y apoyarlo nuevamente en el pecho. Ahora los ojos permanecen en leve pausa. Los abro, me levanto y lo llevo a la redacción: “Lo tienen que leer; lo tenemos que discutir”.

En mis manos, “Ciento un años de soledad. La entrevista como ficción y ensayo”, de Rodolfo Braceli, una edición de Capital Intelectual y Ediciones de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata.

No hay novedad en las sensaciones descriptas aunque aparezcan –para algún desprevenido- como una escena exagerada. Siempre un buen libro genera una cosa parecida a un orgasmo. Es difícil admitirlo y un crítico literario jamás lo dirá por cursi, osado o porque esa calificación se salta del canon.

Pero la cuestión es así: te dedicás al periodismo y encontrás que un tipo como Braceli, en un libro, comparte, finalmente, sus secretos. ¡Es oro! Y lo primero que lamentás es que todo el mundo pueda leerlo igual que vos (primera reacción egoísta). Luego, la bipolaridad (un estado inherente al oficio) te empuja a querer compartirlo y discutirlo con todos. Finalmente comprendés que lo que acabás de leer, como en el caso que del que me estoy ocupando, no es otra cosa que una revelación.

Braceli se mete en su libro más reciente (¡jamás diremos su “último” libro!) con la entrevista, con el género y su parentesco con la literatura, sobre las tremenda mentira de su extinción. Y para hacerlo no hace más que desnudarse. Braceli no es periodista, es un médium. Sonará como un descalificativo, pero que suene como tenga que sonar. Lo que logra, al lograr el diálogo con sus entrevistados, es desdoblar cuerpo de espíritu. ¡Y ojo, que esto lo afirma un ateo de tiempo completo, y no uno que lo es en los días pares, dejándole a los impares el agnosticismo!

Como nexo científico para hacer de esta hipótesis una tesis comprobable, transcribe aquella entrevista que le hiciera en 1996 a Gabriel García Márquez, la real y palpable, aquella en la que al tocar las paredes de la casa del enorme Gabo en Cartagena de Indias lo presentía energético detrás. Y lo reencuentra en la víspera del cumpleaños 101 del autor de “Cien años de soledad”, en 2029. Lo hizo de nuevo. Lo logra. Lo logró: demostró que mientras el resto de los periodistas buscamos sólo fantasmas cuando ametrallamos con preguntas a nuestro objetivo, él hace de la ocasión el arma para atrapar el alma del entrevistado y mostrarla tal cuál es. (Tal vez por ello no abundan en su repertorio los personajes nefastos: imposible captar en éstos algo más que un rostro, una mirada hueca y unas palabras frías, en todo caso).

El libro no concluye allí, aunque ese es su zenit.  En su invocación, verán,  corporizará a Girondo, Rulfo y Miller, y además volverá a reunir a Vincent van Gogh con Franz Kafka. Y como yapa, para quien sepa leer en clave periodística –y como enseñó Roland Barthes- , hallará en estas 222 páginas muchos otros textos secretos. Sentirás que lo que dice te lo está diciendo a vos, justamente a vos.

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5 de Diciembre de 2016|01:26
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