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TC en San Luis: correr sin reirse de la muerte

Aún con la muerte sobrevolando en el circuito puntano, hubo eufóricos relatos y confusos mensajes desde la TV sobre la suerte de los espectadores golpeados por el neumático porque, pese a que ya se sabía del desenlace fatal, no anunciaron claramente lo que había ocurrido.

El Turismo Carretera sufrió el domingo en San Luis otro golpe doloroso con la muerte de un espectador en un desgraciado e inusual accidente en la pista.

Una vez más el espectáculo continuó tras el cortinaje de los lamentos de los protagonistas de la competencia por la vida  perdida.

Aún con la muerte sobrevolando en el circuito puntano, hubo eufóricos relatos y confusos mensajes desde la TV sobre la suerte de los espectadores golpeados por el neumático porque, pese a que ya se sabía del desenlace fatal, no anunciaron claramente lo que había ocurrido.

Tampoco mostraron imágenes del lugar donde se produjo la desgracia.En cambio hubo carrera, hubo podio, hubo premios. Hubo chicas  bellas mostrando a las cámaras sonrisas de plástico, gorras y paragüas con profusa publicidad. En fin, hubo fiesta pese a todo. 

El show continuó hasta el mismísimo final cumpliendo, incluso, a rajatablas los horarios impuestos por la TV.

Mientras en un sector médicos y peritos trabajaban sobre una muerte absurda, en la pista los motores volvían a rugir lo más rápido posible para cumplir con la televisión, principal interesda y activo participante del negocio del TC.

La muerte en sí misma de un espectador que fue a disfrutar al autódromo y resultó víctima del inesperado accidente en la pista, no se debatió demasiado entre bambalinas.

Porque el centro estaba en el negocio. Grandes patrocinantes, costosos equipos que se trasladan miles de kilómetros, enormes gastos de organización y otras complicaciones de una estructura como la del TC que exigen rentabilidad.

También hay que tener en cuenta al público que, a razón de miles, viajando mucho o poco y pagando su entrada, completó la capacidad del autódromo. Y que querían ver el show.

Es probable que la discusión de sobre si se hizo bien en correr o se debió haber suspendido siga hasta el infinito y nunca se llegue a un acuerdo. Tanto sobre esta prueba como por muchas
otras del pasado y, ojalá que no, del futuro.

Sin embargo, hay una cuestión sencillamente deplorable: el marco en el que se corrió en San Luis una vez conocida la tragedia del espectador. Porque se siguió sosteniendo la idea de "esto es una fiesta" como si no hubiera pasado nada.

 El TC no sólo no debía pararse -desde la óptica parcial de la ACTC- sino mostrar además lo lindo que es.

Los pilotos mismos hicieron una leve reverencia al muerto con tibios "yo pensaba que tal vez no"... y después pusieron acelerador a fondo, y cumplieron con todos los ritos del show.

Puede pensarse, en cambio, que los jerarcas de la ACTC debieron guardar, al menos, pudor frente a la muerte causada por uno de los autos del espectáculo.

 Imponer algo de luto, anular el podio que resultó irreverente frente al drama de hacía apenas un par de horas antes, suspender la segunda largada del TC pista, pedir retirar de las cámaras a
las chicas con sus sonrisas de publicidad, quizás poner banderas a media hasta, o quizás un crespón en los autos. Algo, un gesto, una muestra de sensibilidad.

El TC dejó la imagen de que es impermeable ante la muerte y que ésa es y será su filosofía, que hoy está una vez más en el terreno del debate.

De todas maneras no es imperdonable que se haya corrido, sino que se haya corrido riéndose de la muerte.
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