"Humo rojo", la nueva novela de la cordobesa Perla Suez

Enmarcada en la tradición de las historias de luchas entre hermanos, como las de Caín y Abel o Rómulo y Remo, esta novela se desarrolla en la provincia de Chaco a mediados del siglo XX. MDZ Online dialogó con la autora, quien sintetizó: "Todo trabaja en la oscuridad de uno mismo y va en la sangre".

La escritora cordobesa Perla Suez acaba de publicar Humo rojo (Edhasa), una novela en la que los rencores entre dos hermanos se mezcla con un ambiente chaqueño pleno de intereses económicos y enviciado de rígidas tradiciones.

Oskar y Thomas son hermanos, hijos de inmigrantes rusos, cuyas vidas y cuyos sus intereses correrán por sendas opuestas, lo que, entre otras cosas, los llevará a tener una relación en la que el odio se impone.

Enmarcada en la tradición de las historias de luchas entre hermanos, como las de Caín y Abel o Rómulo y Remo, Humo rojo se desarrolla en la provincia de Chaco a mediados del siglo XX, un tiempo y un lugar en el que los intereses de La Forestal no pasaban justamente por el bienestar de la gente, y la empresa hará lo que sea necesario para lograr sus propósitos.

Y en el medio está la gente. Los hermanos Oskar y Thomas, el toba Laurentino (huérfano, hijo de la india amante del padre de los hermanos protagonistas), los empleados que intentan rebelarse contra la patronal, Wilhem y Ute (los inmigrantes que huyen de la Rusia zarista para instalarse en el Chaco a formar su familia) y Ungar, el hijo de Oskar, entre otros personajes que se desplazan por la historia sin llegar a ser héroes o villanos, sino meras personas que se relacionan y que actúan en un medio difícil de abarcar y controlar.

Humo rojo es una historia en la que las interrelaciones son el centro, en medio de un paisaje duro que va a determinar muchas de las relaciones y que va a potenciar todos los rencores.

En Humo rojo, Suez endurece el lenguaje, lo que le da a la historia un valor agregado, porque logra establecer un puente entre la historia y la forma en la que se narra, enriqueciendo el relato.

Para adentrarnos un poco más en esta nueva novela de Suez, MDZ Online conversó con ella, y el resultado fue una jugosa charla en la que literatura y sociedad se encontraron.

- Humo rojo se enmarca en la tradición de la lucha entre hermanos. ¿Cómo nació este libro?

- A la comunidad ruso-alemana la conozco porque yo viví en Entre Ríos, mi papá era médico y atendía a la colectividad. Yo había oído algo de un caso entre hermanos que terminó trágicamente, y me quedó dando vueltas eso. En esta historia obviamente que hay algo de lo mítico de Caín y Abel, pero cuando me planteo escribirla yo quería darle otra vuelta de tuerca, en primer lugar, el conflicto no es con dios, sino con el padre, un padre autoritario que es así porque hereda eso de su propio padre, que es lo que voy  mostrando, para que se vea cómo la génesis y la herencia van pesando en las generaciones que continúan.

- En ese sentido, la historia se aproxima más a la de Rómulo y Remo, porque uno de los hijos es quien se hace cargo del reino y el otro queda fuera.

- Exactamente, y un poco la intención de la novela estaba en mostrar cómo a veces el fuerte puede ser el débil y el débil el fuerte, cuando el rencor manda, cuando el autoritarismo manda, cuando no hay la posibilidad de un disenso y un diálogo, como ese autoritarismo que heredan del zar de Rusia se pasa a la familia y después de generación en generación. Sólo que yo no quería que terminara en una cosa apocalíptica, y no sé si lo logré, pero eso está un poco cifrado en Ungar, este niñito que el azar hace que muera, pero tal vez él hubiera podido cambiar la historia, y también está la historia de Laurentino, el indio toba, que cruza la novela y que está afectada por la historia de La Forestal y la del quebracho y la explotación de toda esta gente y que en realidad también decide la suerte de Thomas. No sólo el odio entre hermanos es el que determina la situación, sino que también el contexto social hace que lo usen de chivo expiatorio de un montón de cosas y se vuelva él también un elemento al que hay que castigar. En ese sentido, trataba de que las historia que usaba no repitieran lo de Caín y Abel, aunque de hecho uno lo asocie, porque obviamente hay una claridad en cuanto a que Oskar es el sumiso, el débil, y el otro es el exitoso, salvo que la situación y todo lo aleatorio que se va construyendo define también sus destinos.

- Con Humo rojo también recuperás para la literatura la voz de inmigrantes que no fueran españoles ni italianos.

- Es como otra corriente, aparte, la corriente ruso-alemana, que también fue perseguida por el zar de Rusia, pobló toda la Mesopotamia, porque están en Entre Ríos, en el norte, en Misiones. Y vinieron de la pobreza extrema y escapando de las miserias a las que los sometía el zar en la Rusia de entonces. Antes de la republicas soviéticas, el zar era el dueño y señor de todas esas tierra, entonces a mí me interesó y caló de alguna manera lo autobiográfico. En el epígrafe, aparte de dedicarla a la memoria de mis padres, la dedico a Teresa y a Polonia, que fueron empleadas en mi casa y fueron las que me criaron, las que me trenzaban para ir a la escuela, y me cantaban canciones en alemán, como esa que pongo en la novela, que la sé de memoria, viste esas cosas de la niñez, y como todo trabaja en la oscuridad de uno mismo y va en la sangre, ese fue el conocimiento más intenso que tuve de esa familia y que me permitió después entrar en la ficción.

- De la misma manera, metés esa suerte de grito silencioso de los tobas, en este caso con Laurentino, que está siempre conociendo el secreto y callándolo.

- La Argentina se pobló y también se construyó con esa gente autóctona que vivía desde hace miles de años aquí y bajo el silencio siempre tuvo una presencia fortísima. Para mí, Laurentino es muy entrañable, porque entra en la historia tan despreciado, tan abandonado desde la historia de su madre con el patrón, y él que se queda al final trabajando con esta gente, pero llega el momento en el que él también quiere hacer su vida y se va, y tal vez se salve.

- Con esto le das un sentido fuerte a la literatura en su rol social, que se ve incluso en tus libros para chicos.

- Sí, eso es algo que siempre me importa, incluso ahora sale un libro que se llama El hombrecito de polvo, en la editorial Comunicarte, que es un libro álbum ilustrado por llama Ródez, uno de los grandes pintores colombianos, y que es la historia de un hombre que amaba el vuelo de los cóndores, y tanto lo admiraba que esa admiración se convierte en envidia, roba una cría y quiere que ese cóndor vuele para él: Es para niños, pero creo que puede ser para cualquier edad, y ahí también está el tema de dejar volar a los otros. Siempre de alguna manera está la preocupación, no está directamente en Humo rojo, pero sí está esto de cómo entra a calar en la naturaleza del hombre.

- Pero en el caso de Humo rojo está desde la exposición de todas las presiones del padre, que no deja que sus hijos vuelen.

- Exactamente. El autoritarismo y las imposiciones no dejan volar a la gente, no dejan crecer, no dejan pensar. Y había un reto en la pelea que yo tenía con el lenguaje, en la construcción, que me dieron mucho trabajo, pero quería crear esa complejidad a través de Laurentino con su silencio y mostrar cómo también el silencio en definitiva compromete, y con el desprecio de la gente de La Forestal hacia él y las imposiciones que le hacen a Thomas para que no esté ahí como capataz, para dejar de lado a los que son diferentes, mostrar esto para que el lector pueda completar la historia y pensarla.

Alejandro Frias

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