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Buenos Aires es el campeón, Tucumán el ejemplo

El Campeonato Argentino de rugby volvió a consagrar a los porteños como el mejor equipo del país demostrando su hegemonía. Sin embargo el proceso de la Naranja es un espejo donde debe reflejarse el rugby mendocino.

El pasado fin de semana finalizó el Campeonato Argentino de Mayores que consagró a Buenos Aires como legítimo ganador del torneo más importante de selecciones de rugby de la Argentina. El partido en sí, dejó mucha tela para cortar, pero el análisis para los mendocinos debe ir mucho más allá de los 80 minutos vividos en la “caldera” del Parque 9 de julio.

En lo estrictamente deportivo, a la final llegaron los dos mejores equipos y que no queden dudas que el que ganó fue el mejor. Es que los títulos no se merecen, se ganan. Y así lo entendió Buenos Aires, que nunca bajó los brazos y jugó un partido de ajedrez.

Los porteños tenían todo en contra. En la previa no eran candidatos, y en la cancha se encontraron con 12 mil personas en contra, sin obtención y bajo presión todo el tiempo. ¿Qué hizo el equipo del Gordo Fernández Gill?, esperó su momento.

Mendoza lo sufrió en 2004, cuando la URC fue campeón, pero Buenos Aires se llevó el partido entre ambos en la última jugada del partido. El sábado ante Tucumán, las Águilas volvieron a ofrecer esa receta. En tan solo una jugada, aprovechó un descuido tucumano en un line y sacó jugada de 7 puntos para llevarse el tricampeonato.

Aturdidos, los tucumanos no lo podían creer. En un par de minutos, Buenos Aires tiró por tierra los sueños del equipo que tuvo mejor obtención, mejor tackle y que ganó la batalla de forwards.  Pero el campeón tuvo su mérito, porque pegó y noqueó cuando tuvo la oportunidad. No falló en la única chance que le dieron y Federico Serra metió la conversión del campeonato, en esos momentos donde los grandes jugadores tienen que demostrar por qué son distintos.

La mirada mendocina
Mendoza no cumplió con sus expectativas. Mantuvo la categoría, pero jugó un torneo de pocas luces. Jugadores y técnicos reconocieron que el nivel del rugby mendocino está en decadencia y su juego en este Campeonato Argentino fue un fiel reflejo de ello.

Ahora ¿qué se está haciendo para cambiar eso?. Poco. A simple vista –y aunque pueda sonar prematuro- los partidos amistosos de los clubes solo muestran violencia.

Mendoza necesita evolucionar en forma urgente. Prepararse para jugar otro deporte. Física y técnicamente, el juego local no se asemeja a lo de los porteños y tucumanos.

Lo de Buenos Aires es entendible. Su hegemonía rugbística tiene un aburrido sinnúmero de motivos, que van desde lo demográfico hasta lo económico. Pero Mendoza debe mirar a Tucumán, que se fue al descenso en 2003 después de perder con Salta. Desde entonces no paró de crecer. Regresó a la máxima categoría al año siguiente, fue campeón en 2005 y en los campeonatos que siguieron nunca bajo de la final.

Tucumán lleva 12 mil personas a la cancha. Juega un rugby moderno, arraigado en sus tradiciones, pero con una preparación acorde a estos tiempos. Seguramente, con mucho para corregir, pero también no caben dudas de que se está transitando el camino correcto. Un modelo para importar.
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