Literatura: se afianza la generación de los 39 jóvenes latinos

Un grupo de 39 escritores menores de 39 años, llama la atención del universo literario a tal punto que le dedican publicaciones no sólo los diarios del Cono Sur sino también del Viejo Continente. El País de Madrid calificó a las sobresalientes plumas como "Latinoamérica, en 39 voces".

La nueva geografía literaria de América Latina ha roto fronteras. Los puntos cardinales de su escritura y humanidad son ahora todo el planeta.
 
Con padres croatas y abuelos austriacos; con esposas italianas o palestinas y con hijos españoles, son personas que no paran de recorrer el mundo. Son psiquiatras, arquitectos, ingenieros, antropólogos o filósofos y de letras, que escriben literatura en español o en inglés, y son traducidos al francés o al polaco. Así es la nueva generación de los mejores 39 escritores menores de 39 años de América Latina, reunidos en Bogotá 39, festival promovido por el Hay Festibal británico en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro.

Desde el jueves y hasta mañana, a través de más de 60 eventos por toda la ciudad de Bogotá, Colombia, hablan de sus influencias, de cómo y sobre qué escriben, de qué está pasando en la literatura de Latinoamérica. Son autores con un origen común, cuyas voces se abren como un delta que al final desemboca en una misma idea: la única región de la literatura es el territorio infinito de la creación porque los intereses y deseos de los autores son universales.

Son herederos de la estirpe del mestizaje cultural del siglo XXI.La cita de los 39 escritores menores de 39 ha roto moldes y desmitificado leyendas. Más de la mitad no vive en sus países de origen, están agradecidos al boom, muchos no se conocían y han estudiado de todo y en todas partes. La elección de esa barrera de edad se parece bastante a lo que ocurre con los precios acabados en 9 o en 99: "Se trata de un límite simbólico de la edad a la que se puede considerar joven a una generación de escritores", explica la directora del festival, Cristina Fuentes. Otra famosa nómina de autores, esta vez británicos y estadounidenses, es la que hace la prestigiosa revista Granta. Este año "joven" se ha considerado al escritor menor de 35 años.

Entre los conocidos de la cita de Bogotá están Jorge Volpi (México), Ena Lucía Portela y Wendy Guerra (Cuba), Santiago Roncagliolo (Perú), Juan Gabriel Vásquez (Colombia), Andrés Neuman y Gonzalo Garcés (Argentina) y Leonardo Valencia (Ecuador). Seleccionamos a los que encarnan el mestizaje y la diáspora.

Guadalupe Nettel: "Me identifiqué con los zapatistas"
"Mis antepasados son de Chequia. Soy de mayo de 1973 y hasta los 10 años vivimos con mis padres en México y luego nos fuimos al sur de Francia. Siempre he vivido entre los dos continentes. Pero mi infancia fue como una epopeya. Nací con un problema en la vista y durante un tiempo pensamos que podía perderla; entonces era como si quisiera leer todo lo que pensaba que después no iba a poder leer. Siempre supe que veía diferente a los demás, y eso hizo que me sintiera un ser fronterizo. De chica me gustaban los relatos siniestros de Allan Poe y la literatura de terror del XIX, y escribir cuentos de horror sobre lo que les pasaba a los niños con los que no me llevaba bien. En 1994 me identifiqué con el levantamiento zapatista y sentí que era como un llamado, y me fui a vivir un año allá a la selva, donde construimos una biblioteca mítica. En Francia empecé a estudiar Filosofía pero no terminé, y en México me gradué en Lengua y Literatura Hispánica. Los dos últimos años los he pasado entre París y Barcelona con becas y trabajando de traductora y en periodismo.

Con el movimiento zapatista vi cómo una parte que estaba oculta en México salía a la luz y todos esos seres marginales protagonizaban la vida política y social. Eso me remitió a algo que pasaba dentro de mí. Por eso lo que escribo tiene que ver con seres fronterizos, con freaks. Para mí la belleza es lo que es único, diferente. Quiero proponer un nuevo modelo de belleza, no el típico de las revistas donde todos se parecen. Mi idea es buscar esas cosas que nos dan miedo o inquietan, esa belleza que nadie puede imitar".

Guadalupe Nettel ha publicado los libros de cuentos Juegos de artificio y Les jours fosiles, y la novela El huésped.

Slavkov Zupcic: "Quisiera escribir para mis pacientes"
"Mi vida va detrás de dos objetivos: tratar de reconstruir, en sentido contrario, el viaje de mi padre que llegó a Venezuela desde Croacia, a la vez que voy persiguiendo por el mundo a una mujer de la que me he enamorado. Se llama Giuliana y la conocí en Barcelona, la seguí a Salerno, intentó venir a Caracas, luego fui hasta no sé donde y hace año y medio he ido a parar a Valencia (España). Nací y crecí en La entrada, un pueblo de montañas, tengo 37 años y soy médico, psiquiatra. Una carrera que seguí como forma de vida y como una pasión que desde mi juventud empecé a vivir simultáneamente con una anterior: la de escribir desde que tengo uso de razón.

La medicina también puede ser escrita en lenguaje literario. Francois Rabelais, en Gargantúa y Pantagruel, comienza advirtiendo que su deseo es que los textos de este libro sirvan para consuelo de sus pacientes. No puedo ser tan pretencioso como él, pero quisiera llegar a escribir una literatura que pudiera ser leída por mis pacientes. Creo en la confluencia entre literatura y medicina. Un ejercicio en el que una y otra se complementan, porque ambas aspiran a abordar la totalidad del ser humano. Alfred Döblin dijo después de escribir Berlín Alexander Platz que su escritura había sido posible gracias al ejercicio como médico psiquiatra. La medicina da la posibilidad de un contacto con la vida, con lo humano, como ninguna otra área. Un autor contemporáneo como Oliver Sacks también es prueba de ello".

Slavko Zupcic ha publicado los libros de relatos: Dragi Sol, Vinko Spolovtiva, ¿Quién te mató? y 583104: pizzas pizzas pizzas; la novela Barbie, las crónicas literarias Máquinas que cantan y la obra para niños Giuliana Labolita: el caso de Pepe Toledo.

Daniel Alarcón: "La emigración ha marcado mi obra"
"Soy nacido en Perú, criado en Estados Unidos y de herencia literaria rusa. Mis padres me llevaron de Lima a Alabama cuando tenía tres años, en 1980. Desde entonces hemos ido y venido entre Estados Unidos y Perú, salvo el periodo en que se recrudeció la violencia (1989-1995). En esa época era yo un adolescente rebelde, rechazaba a mis viejos y mi español llegó a ser penoso. Es terrible cuando los padres hablan en un idioma y sus hijos contestan en otro... Hasta que llegué a Nueva York a estudiar Antropología en la Universidad de Columbia no fui consciente de la utilidad del español. Mi identidad cobró entonces relevancia y me entregué a la tarea de mejorar el idioma y de entender la historia de Perú. Con la tesis viajé por África y China, estudié islam y dramaturgia en la Universidad de Ghana. A finales de los noventa regresé a Perú y comprobé los estragos de la guerra, sobre todo en las provincias y barrios marginales. Supe más de la migración interna. Estudié Bellas Artes en Iowa, y en 2005 me editaron mi primer libro, en inglés. También he publicado relatos en The New Yorker, crónicas en Harper's Bazaar y Ésquire.

La emigración es el tema que ha marcado mi vida y mis textos. Eso de no saber adónde perteneces... Las nacionalidades son importantes, pero sin darles mucho peso. Los escritores nos nutrimos de varias fuentes. Debemos entender que la realidad particular existe en un contexto muy amplio y complejo".

Daniel Alarcón ha publicado el libro de relatos War by

Candlelight (finalista PEN/Hemingway 2006), y la novela Lost City Radio, que se editará en español como Radio Ausencia. La revista Granta lo eligió como uno de los 21 mejores jóvenes escritores norteamericanos.

Karla Suárez: "Las computadoras me relajan"
"La electrónica, la música y la literatura moldean mi vida. Nací en La Habana el 28 de octubre de 1969, y desde chiquita he estado escribiendo. Mi madre era profesora de literatura, y en mi casa siempre había libros. Mi otra pasión eran las matemáticas, y mientras mi sueño de jovencita era convertirme en una gran científica, escribía cartas de amor por encargo. También estudié música, pero al final hice la carrera de Ingeniería Electrónica; luego empecé a cantar y a ir a festivales. En mi trabajo de grado fusioné dos de mis pasiones al hacer un software aplicado a la música. Empecé a trabajar con computadoras, hasta que llegué al Instituto Cubano del Libro y así por lo menos estaba rodeada de mi otra pasión. Luego me casé con un italiano y me fui a Roma. Empecé a trabajar como profesora de español, como traductora y reparando computadoras, pero sin dejar de escribir. Luego cambió mi vida personal y me fui a París, donde también he vivido de la informática. Ahora le dedico más tiempo a la escritura, pero no puedo ni quiero prescindir de las computadoras porque abrirlas o instalarlas me relaja.

A pesar de que me presentan como novelista, el cuento para mí es muy importante. Me interesa desarrollarlo. Los autores muchas veces dejan de escribirlos porque las editoriales no creen en el cuento y prefieren las novelas. Se olvidan de que hay historias que sólo se pueden escribir en un cuento, y otras en una novela, y el efecto es diferente. La novela es convivir con alguien y el cuento es soñar. Aunque los editores dicen que los relatos no se venden, creo que se vende lo que se quiera promocionar".

Karla Suárez ha publicado los libros de cuentos Carroza para actores y Espuma, y las novelas La viajera y Silencios (premio Lengua de Trapo 1999).

Antonio Ungar: "Me lo tomo como un oficio artesanal"
"Tengo abuelos austriacos, y hasta que cumplí la mayoría de edad viví en Bogotá, donde nací en 1974. A partir de ahí empecé a moverme. He vivido en Barcelona, Ciudad de México, Manchester y en Guainía, junto a un río de las selvas del Orinoco. Ahora vivo en Palestina. Ese movimiento continuo es lo que ha marcado mi vida. Siempre leí mucho, pero también me gustaban los cómics y el cine. En realidad, lo que me gustaba era oír historias. Incluso los chismes de mis tías; esas influencias son igual de importantes que cualquier novela o película. De joven escribía muy poquito. Pero estudié Arquitectura pensando que era lo que me iba a sostener la escritura. Craso error; requería todo mi tiempo y no me daba mucha plata. En todo caso, he trabajado como arquitecto, combinando la escritura y el periodismo. En 1999 publique mi primer libro de cuentos, Trece circos comunes. Volví a Bogotá, hasta que participé en un programa de escritores en Iowa y conocí a una escritora palestina. Ahora vivo allá, en Jaffa, y escribo para medios de América Latina e Italia.

Me lo tomo como un oficio artesanal. Cada obra que he escrito es un juego distinto, un enigma a resolver. Si una historia me interesa, adapto a ella toda la técnica, lo que hace que cada libro sea muy distinto. Eso de hacer un estilo reconocible no me interesa. Ahora que lo pienso, una de las constantes de mis libros tiene que ver con la infancia, una especie de violencia psicológica, un juego con la memoria que deformo. Me gusta llevar la realidad a los extremos y con personajes que salen de las reglas de la realidad".

Ungar ha publicado el libro de relatos De ciertos animales tristes y las novelas Zanahorias voladoras y Las orejas del lobo.

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