Sara Rosales, la bailarina que tras una tragedia se convirtió en pintora

La talentosa mujer cuenta como un accidente la llevó a estudiar a la Academia de Bellas Artes. Detalla por qué incursionó en política y confesó que no es de su agrado que el Centro Provincial de la Cultura homenajee a Julio Le Parc, artista plástico mendocino radicado en Francia.

En Twitter: @GemaGallardo

Sara Rosales es una conocida pintora de Mendoza que también incursionó en política. Fue directora de Cultura del Guaymallén y hasta pasó por el senado de la provincia. Quienes la conocen saben que es una persona generosa, verborrágica y que no tiene pelos en la lengua a la hora de defender a sus colegas artistas.

En su casa de Guaymallén recibió al equipo de MDZ Online. Y si bien no es fácil llegar al lugar para quien no conoce los rincones de San José, cuando uno pasa por el frente de su hogar no puede evitar decir que allí vive una artista. Y es que la fachada está pintada llamativamente de rosa y tiene mosaicos similares a los de la plaza España. Es una especia de obra de arte gigante, en plena calle Julio Leonidas Aguirre.

Una vez que uno ingresa al lugar respira arte en cada rincón. Hasta los vidrios de las ventanas están intervenidos por la pintora, que confiesa que cuando se aburre de sus zapatos les manda unas pinceladas para que luzcan mejor.

Sara invita al equipo a ingresar y apreciar sus pinturas, a conocer a sus dos perras y hasta invita a comer unos exquisitos fideos a la crema. Así, cuenta que con su hermana Norma, quien también es artista plástica, compartió una infancia "muy feliz".

"Mi mamá era modista, yo nunca aprendí a hacer un molde. Pero el estar tan cerca me gustó y empecé a diseñarme cosas. Yo todos los días me inventaba porque era terriblemente desabrida: medía 1.70 y pesaba 42 kilos. Además, tenía el cabello negro y largo y la gente lo único que me resaltaba era el pelo (risas). Mi papá era inspector de tráfico de ferrocarril y le encantaba que la mujer estuviera arreglada permanente. Hay una frase que siempre decía: ‘La mujer tiene que arreglarse siempre. Cuando es joven para agradar y cuando es mayor para no desagradar’. Me acuerdo que mi mamá siempre se levantaba, se daba una duchita y se arreglaba. Yo, por ejemplo, duermo con las pestañitas y los ojos pintados porque si me muero, quién me va a maquillar al otro día (risas). Nadie me va a reconocer, van a decir que cambiaron al muerto", cuenta en un acto de pura coquetería.

Conocé el mundo de Sara Rosales haciendo clic en el siguiente video:

-¿Cómo fue su adolescencia? ¿Cómo se decide por la pintura?

-Todas mis amigas tenían cuerpo con forma, yo vine a usar corpiño cuando fui madre. Era una cosa chata, flaca, flaca… Cuando íbamos a un baile nadie quería sacarme porque yo era muy alta y todos los chicos me llegaban acá (y señala a la altura del hombro). Empecé a estudiar danza clásica porque, para entonces, creía que la única forma de expresarse en el arte era con la expresión corporal. Pero en un accidente que tuve me quebré la cadera y tuve que abandonar ese sueño.

-¿Un accidente de tránsito?

-Me metí a manejar un sulqui que no conocía y en lugar de doblar como debía, le hice una maniobra rara al caballo, que se paró en dos patas y quedé como Sargento Cabral. En esa época me pusieron un yeso desde las axilas hasta las rodillas prácticamente.Estuve seis meses así. Cuando me recuperé volví  a hacer una vida normal. Andaba en bicicleta, iba a bailar… Pero no me daba cuenta de las limitaciones hasta que regresé a danzas. Me dejaba bailar la profesora, pero no me elegía para obras. Entonces la cuestioné y ella me pidió que hiciera la tijera que es abriéndote de piernas y me quedé ahí... Así me dijo: "Usted puede bailar lo que quiera, pero clásico jamás". Para mi fue muy triste. Me volví una resentida, guardé todas las zapatillas que tenía y me enojé mucho con la vida. Un día voy a buscar a una amiga a su casa para que vayamos al cine. Pero ella estaba con visitas. Yo por el enojo y la frustración que sentía hasta me había vuelto maleducada y no saludé a nadie de los presentes. Entre ellos estaba Carlos Putat, que me preguntó por qué estaba tan enojada. Y pasó algo muy particular que me ayudó y me dijo que igual iba a ser una artista porque estaba escrito en mí. Me agarró la mano y me dijo que me iba a casar pero que mi vocación no iba a ser la de estar en casa, si no que me iba a inclinar por las artes plásticas. Yo lo único más cercano que tuve a las expresiones plásticas cuando era chica, era que la profesora Beatriz Capra me había elegido un dibujo para exponer en la Bolsa de Comercio. Así, Carlos me llevó a la Escuela de Bellas Artes al día siguiente. Entré al lugar y me pareció sórdido. Allí estaba Selva Vega que preguntó por qué estaba yo ahí y Putat habló con ella. Entonces, Selva se me acercó, me dio una madera con cuatro clavos y arcilla y me pidió que haga una cabeza. Me acuerdo que tenía tanto odio y bronca por no poder seguir con el baile que agarré alambre y después la arcilla e hice la cabeza. Cuando terminé la profesora me dijo: "Mañana estamos desde las tres de la tarde, puede venir si quiere". Yo iba de noche a la Academia y como dos meses estuve sin que nadie me hablara, después de ese tiempo me sentí integrada. A mis amigas les gustaba el hecho de que había cambiado un poco la actitud negativa que tenía. Mi mamá y mi papá estaban felices por el solo hecho de saber que yo estaba haciendo cosas.

-Entonces, usted llevó a su hermana al arte…

-Claro, mi hermana se casó con un militar que la llevaba por todos lados y cuando se vuelve a Mendoza luego de vivir en Córdoba, comienza a estudiar cerámica...

-¿Qué artistas plásticos reconocidos tuvo de compañeros?

-Ahí, conocí a Jorge Enrique Ramponi que era el director de la escuela. Todos los conocidos entraron después que yo. Fue Ramponi el que me incitó para que comenzara pintura e hiciera los cursos para recibirme. Así, iba hasta las 19 a escultura y después empezaba pintura. Pero me di cuenta que a Selva ya no le gustaba mucho que hiciera eso. Ahí tuve de compañeros a Antonio Sarelli, Alfredo Ceverino, Ángel Gil… Era difícil estudiar arte para una mujer en esa época porque siempre ha prevalecido el machismo. A mí siempre me gustó jugarme en todo.

-Durante la Dictadura, ¿fue perseguida? ¿tuvo problemas con el gobierno de facto?

-Sí. Yo he tenido una actitud media justiciera con ese tema. En el año 1978, muere mi mamá y ese mismo año un banco me invita a hacer una exposición. Fernando Lorenzo me hace la presentación de la misma, fue muy conmovedora para mí. Pero también muy especial porque mientras Fernando hacía la presentación lo veo entrar a Bustelo con (Juan) Scalco. Los militares lo habían soltado ese día a Bustelo y quiso ir a saludarme. Frené todo porque ví que se venían sosteniendo uno de otro y que Bustelo no podía caminar bien. Fue un momento muy emotivo para mi y todos los presentes. Nos fundimos en un abrazo y me dijo que se iba a quedar un ratito porque no se sentía bien. Imaginate cómo vendría de picana y demás cosas que le habían hecho.

-¿Por qué se mete en política?

-Siempre fui gestora, siempre quise cuidarle la dignidad al artista que es el más fastuoso a la hora de ofrecer algo. Yo todavía no conozco un político, un legislador o un empresario que tenga la generosidad y la entrega de un artista. Pero estas personas sí tratan de estar siempre cerca de un hacedor de cultura porque les da cierto prestigio. Un día viene a buscarme Jorge Pardal, a quien conocía por su esposa, y me ofreció que fuera directora de Cultura de Guaymallén. Le di el sí, pero le puse ciertas condiciones. Le dije que si no había presupuesto para realizar trabajos me quedaba en mi casa. Él me dio su apoyo. Le pedí que me dejara autogestionarme y también me dejó hacerlo. Pero acepté principalmente porque siempre quise saber por qué los presupuestos para Cultura eran más bajos que cualquier otro… Era un desafío para mí.

-¿Y logró que su presupuesto fuera mejor?

-Logré hacer muchas cosas. Empezando porque se le diera lugar y reconocimiento a muchos hacedores de cultura que estaban olvidados. Reflotamos la Ley de Mecenazgo. Refuncionalizamos el teatro Recreo y el día que lo inauguramos vinieron muchos viejitos que se conocieron en ese teatro. Hicimos muchas cosas, aunque no logré un mayor presupuesto, pero como nos autogestionamos… Después Pardal me ofreció buscar a alguien de la Cultura para estar en la Legislatura. A los dos días volvió para ver si a alguien le interesaba y ahí me confesó que en realidad su intención era que yo ocupara una banca para hacer mis aportes desde este sector. Jamás me imaginé estar en un cargo así. Y le pedí que no me pusieran carteles con foto en esquina ni nada de eso porque yo no soy militante a pesar de que todos saben donde tengo mi corazoncito.

Hacé clic en el video y conocé la historia de la zona en la que está ubicado el Teatro Recreo, actualmente denominado Centro Cultural Armando Tejada Gómez:

Con respecto a que el Centro Provincial de la Cultura (en Guaymallén) lleve el nombre de Julio Le Parc (artista plástico mendocino radicado en Francia), Rosales se mostró molesta y lo explicó así: "No le quito el mérito a este artista. Pero los artistas de acá no tuvieron la oportunidad de tener gobiernos como en Francia que los impulsaban para que crecieran. El único mérito que tuvo Le Parc con respecto a nosotros fue haber nacido acá. Aquí hubo mucha gente adentro de la trinchera, le pusieron el pecho y la espalda y crearon su obra mirando a sus pares. Entonces, le ponen ese nombre porque consideran que le va a dar brillo de una cultura que jamás van a tener y van a alcanzar. De una cultura que no conocen en profundidad. Por qué no le pusieron el nombre de Arturo Roig, un filósofo respetado en muchos países…"

Producción audiovisual: Danila Bragagnini, en Twitter: @danibragagnini

Opiniones (2)
8 de Diciembre de 2016|19:05
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8 de Diciembre de 2016|19:05
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  1. te pregunto xq desconozco, por que se fue le parc? tal vez xq aca como siempre no se apoya ni valora la cultura, el arte? algo q esta cambiando pero muy muy despacio... por lo q leí en wikipedia, el tipo hizo cosas aca, fue becado en 1958 por Francia y a qué artista no lo tentaría eso cdo en esa época acá era muy difícil hacerse un lugar y allá estabas impregnado de arte?! digo, no?
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  2. El Centro Provincial de la Cultura no debe llamarse Julio Le Parc. Es más propicio que en Francia la impongan el nombre a algún museo o centro cultural (creo que no lo hicieron). Ël decidió irse a vivir allá y acá se quedaron muchos, siguen en la provincia.
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