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Enorme victoria de Independiente Rivadavia ante el puntero

Con gol de Torres, Independiente Rivadavia superó por 1 a 0 a San Martín de Tucumán, el único líder de la Primera B Nacional. El Azul se recuperó con una resonante victoria en un marco imponente en el Bautista Gargantini.

Por Pablo Marcelo Pérez

 

Lo ganó a puro amor propio. Con voluntad, coraje e hidalguía.

 

Lo ganó a lo Independiente. Gozando, sufriendo, gozando, sufriendo…

 

Lo ganó gracias a el inclaudicable accionar de todos lo que estuvieron en la cancha, que dejaron la vida por una pelota.

 

Se lo ganó a lo guapo. Se lo ganó a lo Trotta.

 

Como costó dejar tendido en el piso al gigante Santo, que a pesar de estar malherido luego del gol salvador de Torres fue y fue en pos del empate, con los palos como cómplices y Vivaldo metiendo “manos de tijera” en los centros desesperados.

 

Esos minutos infartantes, esos minutos temibles, esos minutos de siempre en Independiente parecían eternos y la garganta disfónica de los miles de hinchas se repartían en cada sector para darle el apoyo final, a sus guerreros que con un piedrazo tiraban a Goliat.

 

Y llegó el pitazo de Toia y el eco de esas voces estremecía hasta el desmayo a los plateistas, que se rompían las manos para aplaudir a su querida Lepra, que un día volvió a ser.

 

Pero el final no fue todo, si lo más emocionante. Hubo un antes para llegar al después. Hubo un juego donde el Azul desde el arranque fue en busca de explotar sus recursos dispuestos para la ocasión. Salió a cortarle el camino feliz de Ibáñez por derecha, con la marca de Paredes que lo esperaba, pero antes debía pasar el “ratón” por las trampas de De La Vega y Solís que cerraba a sus espaldas. Y luego de algunas corridas y exigencias en los minutos de inicio, el rápido atacante terminó cayendo en la ratonera. Capítulo 1: Cerrado

 

Era tiempo de cortarles el circuito a los hábiles e inteligentes volantes santos y apareció entonces, el bloqueo a destajo propuesto por el mismo Solís con la ayuda de Ledesma y las ganas de Martinelli. Brandán dejó de ser Brandán. Oviedo dejo de ser Oviedo y Romano dejó de ser Romano. No había pelota, jugaban mal los tucumanos que no la poseían en su totalidad y por ende, se agrandaba Independiente. Capítulo 2: Cerrado.

 

Las situaciones de gol, no quedaron exentas en la noche del parque, tanto uno como otro se repartieron pocas pero claras ocasiones. Y en este ítem, hubo alguien fundamental para determinar cada avance del local.

 

Fue Diego Caballero, encausado en el icono encomendado, el siete “vistiéndose de Gómez”, comenzó un show de corridas, aceleraciones y centros, que terminaron por fracturar la línea defensiva de la visita.

 

Ya en el segundo periodo, se fue Caballero, agotado por tanto sudor regado en el césped y dejó paso a Emanuel Torres, que con pilas cargadas, fue a darle continuidad a la labor de su compañero y de tanto ir consiguió el gol. Mal rechazo de Campodonico en su área, la pelota quedó bollando, llegó Torres para darle con derecha abajo y explotar la red tucumana y las tribunas mendocinas. Gol y Capítulo 3. Cerrado

 

El final ya esta dicho. El temple y la fortaleza física fueron también parte de esta fiesta Azul, que se gestó con la mística de todos los tiempos.

 

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