"El abuelo que saltó por la ventana y se largó", una novela sin desperdicios

Alian Karlsson cumple cien años y decide que no quiere participar en una fiesta en la que estarán el alcalde y la prensa, así que, sencillamente, salta por la venta y se marcha del asilo. La genial novela con la que el sueco Jonas Jonasson irrumpe en la escena literaria.

El sueco Jonas Jonasson irrumpió en la escena literaria con una novela que es un desperdicio no leer. El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Salamandra) es un relato ágil que mantiene en vilo a los lectores hasta el final, una historia que deslumbra.

Alian Karlsson cumple cien años y reside en un asilo al que han llegado el alcalde y la prensa para festejarlo. Pero el anciano decide que no quiere participar en esa fiesta, así que, sencillamente, salta por la venta y se marcha.

La huida Alian dispara una serie de hechos que llevan al anciano a enredarse cada vez más en una trama que involucra a ladrones y traficantes, mientras que la policía pasará de considerarlo como a un senil centenario inocente a un triple asesino.

En tanto esta historia contemporánea se narra, Jonasson va reconstruyendo la vida de Alian Karlsson, quien había nacido en 1905 y cuya existencia transcurrirá signada por el azar y por su capacidad para reaccionar ante los hechos, lo que lo llevará de ser cadete en una fábrica de explosivos, durante la primera parte de la adolescencia, a colaborar con resolver el problema de la bomba atómica cuando ya es adulto y sirve café en Los Álamos, el laboratorio del que saldría esta.

Sus desaciertos, tanto a lo largo de su vida como durante los días en que permanece prófugo, pueden conducir a consecuencias nefastas, pero el lector nunca pierde la proximidad con el personaje, cuyo conocimientos sobre explosivos e idiomas (todo aprendido en la práctica, nada en academias) y su capacidad para salir victorioso de las peores situaciones se suman para que a lo largo de su vida conozca en persona a Franco, Truman, Stalin, Mao y De Gaulle, entre otros líderes mundiales, quienes, por unas u otras razones, tendrán motivos para protegerlo.

Los cien años de Alian y las veloces semanas en las que permanece prófugo luego del frustrado festejo de los cien años dan como resultado una excelente novela, comparable tal vez con El tambor de hojalata, de Günter Grass, en cuanto a la inocencia de ese personaje cuyo motivo parece sustentarse en la individualidad pero en realidad va mucho más allá, además de que tienen, ambos textos, la capacidad de mostrar la guerra y la locura belicista desde un punto de vista entrañable que nos permite reconstruir la confianza en nosotros mismos y, de alguna manera, sentirnos más próximos a los demás.

El abuelo que saltó por la ventana y se largó es una gran novela. Leerla es una aventura de la mano de un viejito adorable por lo que es, no por lo que aparenta.

Alejandro Frias

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2 de Diciembre de 2016|21:10
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