El federalismo en la mesa del conflicto

El reclamo de federalismo del  campo trajo un tema complejo. La modificación del reparto de impuestos es una de las cosas a revisar para que el federalismo no sea sólo una declamación sino una práctica efectiva.

Entre los gobernadores de las distintas provincias puede hacerse un catálogo entre los obedientes del mismo palo, los conversos y los opositores prudentes. Salvo Rodríguez Saa, que defiende sus propios intereses en la interna del partido gobernante, el resto debe ser muy cuidadoso de sus posturas. Es que la dependencia que tienen  todos los gobernadores de los recursos de la nación es tan grande, que de sus actitudes hacia la Nación depende el éxito o fracaso de su gestión.

Durante el conflicto con los productores agropecuarios, los gobernadores se vieron en figurillas y la mayoría no quedó bien parado. Por una parte, conocían la problemática del campo porque la viven a diario y sienten los reclamos de sus propios ciudadanos y ni hablar de los intendentes. Pero por otra parte, existía la decisión política de no negociar y la instrucción bajó, también, a los gobernadores. Alguno de ellos hizo gestiones con dirigentes de su provincia, como Schiaretti en Córdoba, y le costó el mal humor presidencia y, probablemente, una represalia financiera futura.

Tal mal quedaron,  que los propios productores, en respuesta a los argumentos de la presidenta Kirchner de que las retenciones tenían un fin redistributivo, le reclamaron a la Nación la plena vigencia del federalismo y que los fondos vuelvan a las provincias para que los gobernadores e intendentes sean los que hagan la tarea de redistribución conociendo el  territorio y las verdaderas necesidades.

Después de muchos años de violación de una de las tres patas de la forma de gobierno elegida por la Constitución Nacional es la primera vez que grupos de la sociedad civil movilizados salen a reclamar por la plena vigencia del federalismo.

Esto es un duro llamado de atención, tanto para los obedientes como para los conversos y los prudentes. Ya todos se dieron cuenta de la forma en que la Nación ha venido avanzando sobre las provincias y que la “forma” de nuestro federalismo está quebrada. Hoy solo basta resolver la cuestión sin hipocresía: si vamos a ser federales, que sea con todos los atributos previstos en al Constitución o, d e lo contrario, seamos unitarios. Lo que no podemos hacer es seguir mintiéndonos.

El último pacto firmado entre la Nación y las provincias estipulaba que estas no percibirían menos del 34% de los ingresos totales. Esta masa, denominada coparticipación primaria, hoy representa algo menos del 20%. Los recursos no coparticipados son las retenciones (todas, y son muchísimas y para los más variados rubros) y el impuesto a los débitos bancarios (conocido como impuesto la cheque), que solo se coparticipa en un 30%.

La Nación eligió la figura de las retenciones a las exportaciones (o impuestos al comercio exterior) porque su figura le permite eludir la coparticipación. Un artículo del Código Aduanero, sancionado en 1981, durante la última dictadura militar, estableció la posibilidad que el Ejecutivo aplique estos impuestos sin requerir aprobación previa del Congreso. Por eso, desde el punto de vista jurídico, sería inviable el reclamo, salvo que se derogue esta norma. Además, algunos exégetas a medias recuerdan que la Constitución dice que los impuestos de aduana son de propiedad de la Nación.

Indudablemente, que la sociedad civil, o al menos un grupo importante, haya salido a reclamar de viva voz la restitución del Federalismo es un problema para Nación pero es un problema mayor para los gobernadores.

Estos grupos hoy les están diciendo a sus mandatarios y sus legisladores que deben cumplir con La Constitución y estas sociedades son las que los votaron y las que los juzgarán en forma directa en una próxima elección.

Y el problema para la Nación, pero precisamente para el matrimonio Kirchner, es que ellos están acostumbrados a disciplinar a todos los gobernadores con la caja en la mano llena de plata. Y la culpa no es de estos gobernadores sino de muchos que les antecedieron que renunciaron a las atribuciones a cambio de dádivas.

Hay muchos gobernadores e intendentes del país que prefieren recibir fondos antes que salir a cobrar sus propios impuestos. Mendoza es una de las pocas excepciones de provincias que, históricamente, registra un alto grado de cumplimiento de las obligaciones fiscales por parte de los ciudadanos, pero hay otras donde esto no existe. Durante el gobierno de Menem, el 80% del presupuesto de la Rioja era Adelantos del Tesoro, y el 20% restante impuestos propios y coparticipación.

Es muy difícil aplicar el federalismo si los dirigentes de las provincias no están dispuestos a asumir sus responsabilidades en plenitud, si siguen prefiriendo tener el rédito político de gastar pero sin pagar el costo político de cobrar.
Opiniones (1)
8 de Diciembre de 2016|11:48
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8 de Diciembre de 2016|11:48
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  1. bien rodolfito ya sabemos de qué lado estás?, generano problemas entre nación y provincias, que tontito.... no sabés como me molesto que los medios llamarán país a Bs.As., Córdoba y Santa fe..... simpre fiel a tu estilo, cipayista, quién te puede creer?, debés estar seguramente más informado que yo, pero te vende esa lasciva forma de capciosiedad tan característica que me hace sospechar de que tengo que indefectiblente que transitar por enfrente... me imagino que el señor es cristiano, por favor le da una repasada a los mandamientos y de paso le pide que lo ayuden a pensar......
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