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Camino a Londres: la fiebre olímpica invade Mongolia

Mongolia no sólo desea la medalla de oro por el éxito deportivo. También se trata de mejorar el futuro de un país en el que una tercera parte de la población vive debajo del umbral de la pobreza.

Naidan Tuvshinbayar suda sobre una alfombra de color azul y tiene a su compañero de entrenamiento inmovilizado con una llave. El judoca, de 28 años y casi 100 kilos, viste un kimono con un cinturón negro, el mismo atuendo con el que representará a su país, Mongolia, en Londres 2012.

Tuvshinbayar se convirtió en un héroe nacional después de lograr en Pekín 2008 la primera medalla de oro para Mongolia, hecho que sus compatriotas celebraron estruendosamente. Incluso consiguió que los parlamentarios mongoles olvidaran sus continuas disputas por un día.

Cuando regresó a Ulan Bator fue recibido por el presidente y le fueron concedidos dos títulos nacionales honoríficos.

"Fue una sensación indescriptible", dice a dpa un orgulloso Tuvshinbayar al recordar aquellos días.

Mongolia no sólo desea la medalla de oro por el éxito deportivo. También se trata de mejorar el futuro de un país en el que una tercera parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

El subsuelo del país es rico en minerales y oro. Sin embargo, gran parte está sin explotar.

El gobierno quiere promover a gran escala las materias primas con la ayuda de inversores internacionales y poder así ayudar al desarrollo del país.

Por ello, el éxito de Tuvshinbayar en Londres 2012 sería algo simbólico para el crecimiento económico de Mongolia y para el renacimiento de una nación que en el siglo XIII conquistó la mitad de Asia.

El gobierno mongol firmó en 2010 un acuerdo para establecer un joint venture minero con la empresa canadiense Ivanhoe, que explota minas de cobre y oro al sur del desierto del Gobi.

La proyección es que para el año 2020 los ingresos de esa mina constituyan un tercio del Producto Interior Bruto de Mongolia.

El gobierno y la compañía prometen que la mina de Oyu Tolgoi y otras minas en el sur del Gobi desarrollarán toda la región aportando electricidad, carreteras, escuelas y centros de formación.

Pero la población mongol mira los proyectos mineros con una mezcla de desconfianza y bienvenida. Algunos esperan lograr un empleo que los haga prosperar. Otros, en cambio, dudan de que el gobierno vaya a distribuir en forma justa las ganancias.

Otros vecinos y ambientalistas temen que las minas vayan a contaminar el medio ambiente y a secar aún más el desierto de Gobi.

La firma minera australiana Rio Tinto posee gran parte del accionariado de Ivanhoe, y por lo tanto explota la mina de Oyu Tolgoi. Al menos una pequeña parte del metal del que están hechas las preseas olímpicas salió de las minas mongolas.

Rio Tinto también espera así que su imagen mejore, ya que varias ONG internacionales protestan contra la empresa y su polémico patrocinio de los Juegos.

Pero a los atletas les importa básicamente el éxito deportivo. A pesar de que no pudo entrenar durante mucho tiempo por una lesión de rodilla, Tuvshinbayar ganó en febrero el Grand Slam en París y sueña con otra medalla de oro: "Entreno mucho e intentó ir siempre un paso más allá".

Los mongoles quieren seguir mejorando, aspiran a que el mundo los tomen en serio tanto en lo deportivo como en lo económico.

Mientras, en las calles de Ulan Bator las vallas publicitarias hacen que ya se respire el ambiente olímpico. El mensaje es claro: "Un país, un equipo".
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