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Camino a Londres: Brian Toledo, la jabalina inesperada

Argentina es tierra de fútbol, mate y psicólogos, pero no de lanzadores de jabalina. Eso, al menos, hasta que desde un humilde barrio de la provincia de Buenos Aires surgió Braian Toledo, la gran promesa del atletismo que a sus 18 años se mezclará con los mejores del mundo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Argentina es tierra de fútbol, mate y psicólogos, pero no de lanzadores de jabalina. Eso, al menos, hasta que desde un humilde barrio de la provincia de Buenos Aires surgió Braian Toledo, la gran promesa del atletismo que a sus 18 años se mezclará con los mejores del mundo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

"Cambió mi marca, yo soy el mismo", dijo a la agencia dpa Toledo durante una entrevista en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) en Buenos Aires. Allí es una estrella: a cada rato saluda, firma un autógrafo o se toma una foto, atendiendo las solicitudes de todos.

Desde que en 2010 se consagró como el mejor lanzador en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur su situación económica mejoró, aunque nada le hace olvidar su infancia inundada de carencias.

Hasta entonces vivía en una casilla de barro con techo de chapas y dormía en el suelo de una habitación que compartía con sus dos hermanos y su mamá, que trabajaba como empleada doméstica. Su papá no estaba, los había abandonado cuando Toledo aún no tenía un año.

El atleta sigue en Martín Fierro, un tranquilo barrio de Marcos Paz, en las afueras de Buenos Aires. El paisaje allí es de calles de tierra en las que se escucha el canto de los gallos, aunque ahora se mudó a pocos metros a una casa "más cómoda" construida por el Estado.

"Pasamos frío y hambre. Soñaba con hacer algo. Gracias a Dios pude brindarle una vida mejor a mi familia", cuenta el chico de 1,86 metros de altura y 90 kilos.

Para que haya más comida debieron pasar cientos de horas de entrenamiento, que empezaron en 2003. Le gustaba jugar al fútbol y al tenis, pero no tenía dinero para comprar raquetas. "Elegí la jabalina porque dependía de mí", recuerda Toledo, que ese año conoció a Gustavo Osorio, un profesor de educación física que lo metió en el atletismo.

No hubo amor a primera vista: lanzó la jabalina, se golpeó la espalda y volvió a su casa llorando. Después aprendió y empezó a ganar torneos locales.

"Pero no mostraba grandes cosas", dijo a dpa Osorio, su entrenador y descubridor, que en el Sudamericano de 2008 en Lima, Perú, tuvo una certeza: "Ahí vi que tenía pasta. Con 14 años quedó tercero entre atletas dos y tres años más grandes".

¿Cómo explicar que en un país sin tradición en el lanzamiento de jabalina surja alguien con tanto potencial? Osorio responde: "Por mi locura que pude aplicar en él. Nos hicimos dos en uno. Es un chico especial que se potenció con una infancia en la que le faltó todo y sufrió mucho".

En 2011 Toledo ratificó su condición de niño prodigio al lanzar 79,53 metros y llevarse la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, donde solo iba a sumar roce.

"Su potencial es enorme. Tiene condiciones para ser una estrella", dijo entonces el cubano Guillermo Martínez, ganador del oro con 87,20 metros.

Habitualmente entrena de lunes a sábados entre diez y 12 horas por día. "Sí, estoy loco -se ríe-. Se hace duro. Tengo fatiga, dolores musculares... Es sacrificado pero es la clave para triunfar", dice.

Yelena Isinbayeva, la mejor saltadora con pértiga del mundo, no podía creer que Toledo entrenara en la pista de la Sociedad Atlética Pabellón Argentina (SAPA) de Marcos Paz, un pastizal rodeado por un alambrado en el que a veces se clavaba la jabalina.

"Pensaba que era una broma hasta que le mostré fotos", cuenta el lanzador, que se reparte los días entre el club de su barrio, a 42 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, y el Cenard.

La meta de Toledo es clara: "Perder la jabalina, tirarla al infinito".

"Es muy joven", advierte Osorio, que detalla que entre los 26 y 32 años se da el pico máximo de rendimiento. Otros que superaron los 91 metros, como el noruego Andreas Thorkildsen o el inglés Steve Backley, a los 19 años arrojaban entre 79 y 83 metros. Toledo, que cumplirá 19 el próximo 8 de septiembre, estableció en mayo pasado el récord nacional en 79,73. "Estamos en el ideal. A su edad está bárbaro", dice el entrenador.

En Argentina está presente el caso del saltador de pértiga Germán Chiaraviglio, que llegó a ser campeón mundial juvenil. Chiaraviglio era una gran promesa, pero sufrió una lesión y, a los 25 años, aún no logra retomar su nivel.

"Recién en 2020 pensamos en el oro, aunque en Río de Janeiro 2016 va a pelear. Hay que seguir trabajando. Cuando más te apurás, más temprano te vas", dice Osorio, cuyo objetivo es que Toledo ingrese en 2013 en la Liga de Diamante de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés).

"Es la Fórmula 1 del atletismo", destaca el entrenador. Para eso deberá estar entre los diez mejores del mundo, meta que aspira alcanzar en Londres 2012.

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7 de Diciembre de 2016|09:14
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