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Preocupación porque Ortega está muy bajoneado

El ídolo sufre: está bajoneado por sus problemas personales y sus allegados cuentan que esta vez casi no tiene ganas de hablar. Con Lanús otra vez no estaría ni en el banco. El Burrito está en un profundo pozo anímico del que necesita salir.

Su cara es el fiel reflejo de todo lo que siente por dentro. No puede disimularlo. La sonrisa que suele acompañarlo está ausente, oculta por ese gesto serio, cerrado, de preocupación y dolor.

Sus ganas de divertirse con la pelota, el juguete que más quiere y que más lo distrae, también están ausentes. Apenas si se movió durante las prácticas que el plantel realizó durante su estadía en México. Su bronca, la que solía manifestar cada vez que Passarella lo dejaba fuera del equipo, tampoco aparece. Golpeado como nunca antes, a este Ariel Ortega se lo ve hasta sin fuerza para levantar la voz.

La recaída que sufrió hace nueve días no fue una más. Además de las consecuencias deportivas (el faltazo al entrenamiento, la penitencia posterior y la ausencia en el equipo que se prolonga), lo que más afectó al Burrito son las repercusiones personales.

El hecho de no poder ver a sus hijos en los próximos 30 días ni acercarse a menos de 300 metros de su casa familiar es, obviamente, lo que hace que la cabeza del jujeño esté en cualquier lado menos en River. Una cuestión tan entendible como la decisión que tomó Simeone de no incluirlo ni en el banco frente a Arsenal y América.

Porque más allá de la justificación oficial en la madrugada de ayer ("se le cargó el isquiotibial izquierdo"), lo cierto es que Ortega no está en las mejores condiciones anímicas ni físicas como para ponerse la camiseta y salir a jugar. El Burrito no fue a la práctica del jueves pasado y previo al viaje a México se entrenó sin mucha intensidad, tras la distensión que había sufrido en el parte posterior del muslo izquierdo. Ya en el DF, también fueron livianos sus movimientos y eso provocará que se vuelva a perder otro partido, el del domingo ante Lanús.

Seguramente integrará la lista de concentrados para estar junto al grupo, como ocurrió durante la excursión mexicana. Pero es muy probable que nuevamente ni vaya al banco de suplentes. "Hace varios días que no trabaja y esperemos que empiece para ver cómo se siente", comentó Simeone antes de subirse al avión. "Todo esto que pasó le provocó algo así como un pico de estrés.

Está mal. En otros momentos no tuvo dramas de dar la cara y contar todo su problema con el alcohol, pero ahora se siente tan mal que ni ganas de hablar le da", contó alguien que conoce bien al jujeño y nota que está pasando días muy complicados.

A diferencia de otras penitencias que le había aplicado Passarella, esta vez el capitán no mostró enojo ni fastidio por las decisiones que, en este caso, tomó el Cholo.

Aceptó en silencio no ser ni suplente frente al América por más que sobraba un lugar en el banco y apenas si pidió por favor que le hicieran un lugar en la concentración previa al partido contra Arsenal para no tener que quedarse solo y fuera de su casa, tras la discusión con su esposa que derivó en una denuncia y una causa judicial.

De parte del club y del cuerpo técnico, el Burrito cuenta con el apoyo y el respaldo que necesite, pero --esta vez más que nunca-- el futuro está en sus manos y en su convencimiento de querer encontrar el camino correcto y recuperarse. Los hinchas de River también lo bancan: así lo demuestra la gran cantidad de mails que enviaron a Olé con mensajes de apoyo para el ídolo.

Así, la posibilidad de verlo con la 10, quebrando la cintura y enloqueciendo al Monumental queda postergada. El Burrito está en un profundo pozo anímico del que necesita salir. Si su cabeza sigue caída, difícilmente sus pies puedan regalar maravillas.
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4 de Diciembre de 2016|13:23
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