Deportes

El fútbol, siempre de padre a hijo, siempre del llanto al sueño

Una foto dispara una reflexión sobre lo que genera el fútbol, con sus alegrías y tristezas, y esa transmisión de sentimientos que vive de generación en generación.

Por Julio Boccalatte (Télam)

Puede haber sido de los dos el mismo llanto. O puede ser que, aturdido, solidario, el hijo llorara porque lloraba el padre; o porque lloraba el niño que su padre había sido, al estilo de Saint Exupery en la dedicatoria a Leon Werth de "El Principito".

En cualquiera de los casos subyace la bellísima lección de apasionarse, de desahogarse, de haberse esperanzado. Porque no es, curiosamente (ah!, el fútbol), la imagen del dolor, el dedo en la llaga, ahora que la historia se repite o amenaza, siempre cíclica.

Es lo contrario: la foto, de Alejandro Amdan, hoy reportero gráfico de Télam, resume la emoción de padre e hijo en el ascenso de San Lorenzo, 1983, como si el alma terminara de escapar del alambrado que ahora sostienen, ambos, con las manos.

La foto es de San Lorenzo porque viene a cuento, pero podría ser de otro. De Matías Almeyda y su llanto desencajado del sábado, por ejemplo, cuando logró devolver a River a la Primera División. De cualquiera que haya atravesado esta misma coyuntura.

Hoy, San Lorenzo e Instituto empezarán a definir cuál de los dos juega el Nacional y cuál el torneo de Primera. Una situación límite que se magnifica, como sucedió el año pasado con River ante Belgrano de Córdoba, por la presencia del equipo grande.

El morbo de asistir a la caída del invulnerable, en definitiva, como se reunió la multitud en el Madison Square Garden en 1971 para ver de rodillas, en la lona, a Cassius Clay ante Joe Frazier.

El partido de hoy, y ya más allá de camisetas, permite exageraciones hacia ambos lados (el sufrimiento, la indolencia, sin contar el goce de terceros) y también las recomendaciones equidistantes de dramatizar en su punto justo, como si se tratara de una receta de cocina: lágrimas, una cucharadita.

El caído, no importan sus colores, lo llevará según sus modos y experiencias: ante esto no hay consejos. Pero la foto, sin caer en la torpeza que resultaría el intento de contarla, conmueve y viene a cuento por el recuerdo completo que significa.

El fútbol, después de la tristeza (porque un resultado deportivo condiciona el ánimo, pero no la dignidad ni la grandeza), también permite esto: el abrazo emocionado de un padre con su hijo, las manos infantiles aferradas al alambre, y una galera enorme donde guardar los sueños por cumplirse y los sueños ya cumplidos.

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24 de septiembre de 2017 | 10:21
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