Carlos Gamerro: "No todos los reclamos tienen que pasar por que queremos la soberanía en Malvinas"

En 1998 publicó la novela "Las Islas", un extenso relato del tipo policial negro que giraba en torno a la guerra. A treinta años del conflicto, llega la reedición corregida en español y la edición en inglés. Hablamos con el autor sobre la novela y su punto de vista sobre Malvinas hoy.

En 1998, Carlos Gamerro publicó la novela Las Islas, un extenso relato en el que un asesinato disparaba una investigación del tipo policial negro que giraba en torno a la Guerra de Malvinas, y ahora Edhasa acaba de lanzar una reedición que el mismo autor considera definitiva.
En Las Islas, una investigación encargada por una de las personas más poderosas del país deriva en el develamiento de tramas en las que la locura llega a los extremos en un año muy significativo para varios de sus protagonistas: 1992, diez años después de la guerra con Reino Unido.

Ahora, a treinta años del conflicto armado, la novela ha sido publicada también en inglés (The Islands), además de que hace unos años fue puesta en escena en Buenos Aires, con adaptación para el teatro de parte de Gamerro.

MDZ Online se comunicó con Carlos Gamerro para obtener algunas precisiones sobre esta versión, que él califica como definitiva, y conocer su opinión sobre la actualidad de la relación entre Argentina, Gran Bretaña y las Malvinas.

Paradójicamente, cuando nos comunicamos por primera vez con Gamerro para conversar sobre Las Islas, el autor estaba en Inglaterra. Pero recién pudimos hacer la entrevista unos días después, cuando ya estaba en Lyon (Francia).

En Inglaterra, Gamerro pudo testear la recepción de su novela entre los lectores británicos. “Hasta ahora, tanto las devoluciones personales sobre la versión inglesa de las islas como las de entrevistas y las primeras críticas que han salido en los diarios son enormemente positivas, ninguna de las lecturas lo tomó como algo que hay que discutir en términos del conflicto de soberanía por las Malvinas”, señaló, y sobre la visión que en Inglaterra tienen sobre el conflicto, afirmó: “Los ingleses también, sobre todo en ambientes más intelectuales, donde las cosas se discuten más, son muy críticos de la guerra y, sin duda, del gobierno de Margaret Tatcher, y tener una visión compleja y no dogmática de la guerra desde el punto de vista argentino lo han recibido muy bien, así que eso creo que también una buena película una buena novela que presenten nuestra experiencia del conflicto va a hacer más que decenas y decenas de discursos”.

- Vos indicás en el prólogo de la versión de Edhasa que la versión teatral y la traducción te hicieron decidir agregados y cambios a la versión de 1998. ¿Cuáles serían estos agregados y cambios?

- La novela puede acercarse al policial, a la novela negra, que puede dar naturalmente una narración cinematográfica pero no un texto dramático, una estructura teatral, y cuando vi la obra en escena parecía que estaba todo ahí, como si lo que hubiera sacado no se notara y tuviera la misma fuerza. Al mismo tiempo, al modificar sobre todo la premisa de la trama, que ya no tiene que ver con un asesinato cometido por César, el hijo de Tamerlán, y la búsqueda de los testigos y del otro hijo de Tamerlán, el que desaparece en Malvinas, tuve que crear algunas escenas, producir otros nexos, y, sin duda, el trabajo mismo de los actores, las ideas que iban surgiendo, crearon momentos de diálogo, momentos de acción nuevos que después lo que me pasó es que me sorprendía, al releer la novela, de no encontrarlos, así que como saqué algunas cosas en la nueva edición de Las Islas, agregué otras que me parecían demasiado buenas para que se perdieran. Para la edición en inglés trabajamos mi traductor, Ian Barnett, y yo a partir de una versión que yo ya de entrada produje en español, que no coincide con la versión ahora editada por Edhasa, era sustancialmente más corta, y ahí saqué algunas cosas que me parecían que no cuentan con interés fuera de la Argentina o que resultan redundantes, como que en los 90, cuando la novela sale, me parecía relevante presentar Internet o explicar un poco algunas drogas nuevas, como el éxtasis, pero ahora en el 2012 ir a explicarles eso a los ingleses, americanos o australianos era un poco ridículo. Y también otras observaciones puntuales. No hay lectura más atenta que la del traductor, cosas que se le escapan al autor, aunque revise el texto veinte veces, el traductor las detecta, así que también pequeños ajustes de cosas que íbamos detectando al tratar de pasar el texto al inglés.

- En la novela está muy presente el tema del poder, como en otras de la época, pienso en las El día que mataron a Alfonsín y El día que mataron a Duhalde, de Dalmiro Sáenz, y se trata de un poder hasta burdo. ¿Representarías el poder de la misma manera?

- Si estuviera escribiendo de aquellos tiempos, en principio, seguramente saldría otra cosa, porque uno escribe desde las circunstancias presentes, y eso influye y colorea y tiñe tu mirada, de hecho, casi todas mis novelas funcionan con un doble marco temporal, hay una historia que transcurre en algún momento del pasado pero en general la narración se da en tiempo bastante contemporáneo. Las Islas, por ejemplo, transcurre en el 92 y yo empiezo a escribirla en el 92, así que si escribiera ahora sobre los 90, probablemente el marco temporal sería el 2012 o una fecha cercana. También en las novelas que escribí posteriormente a Las Islas trato de cómo se llegó a eso. son novelas que transcurren en los años 70 y son los mismos personajes que en Las Islas, las historias se conectan y un poco cuento cómo se llegó a esa situación que bien describís como de un poder burdo, porque en los años 90 está el poder al mismo tiempo de un capitalismo que parece no tener ninguna barrera, de un Estado que claudica en todos los frentes y todavía la herencia muy próxima de la dictadura, o sea que esa triple conjunción creo que es difícil superarla, por lo menos en la experiencia de la memoria vivida que tengo yo.

- Habiendo estado en Inglaterra a 30 años de la guerra, ¿cuál es la percepción del hombre de a pie, si es que has tenido la posibilidad de conocerla?

- Yo creo que, en realidad, el tema, como tema político, no interesa demasiado. Me parece que es algo que en el Reino Unido lo agita más el gobierno antes que algo que provenga de un interés del ciudadano común. Las Malvinas y la memoria de la guerra son algo relativamente insignificante, no tienen ni remotamente la importancia que pueden tener para nosotros, y después, yo estuve más en ambientes literarios o intelectuales o académicos y, por ejemplo, había bastante estupor de los ingleses ante este último acto de izar la bandera de Malvinas en Downing Street, ellos mismos no lo podían creer, porque esa especie de ostentación flagrante de la victoria en una guerra de dudosa legitimidad de ambas partes se vio como algo de bastante mal gusto, por lo menos en los ambientes en que yo me movía.

- ¿Y cómo ves la actitud del gobierno argentino de reflotar el reclamo desde lo diplomático?

- Indudablemente, creo que este año hubo un cambio importante, incluso en relación al año pasado, con la idea de ya no seguir con un discurso como el de los héroes de Malvinas, que es una frase cargada de sentido negativo desde las “felices pascuas” de Alfonsín, o no conmemorar la guerra. De hecho, creo que algo que se impone en el futuro cercano es cambiar la fecha en que se recuerda la guerra o por lo menos de intenta recordar los derechos argentinos sobre las islas para que no sea el 2 de abril, porque nos juega en contra, tanto internamente como hacia fuera, y sin duda hay que remarcar no sólo la vía diplomática, sino también reconocer, más allá de darle es estatus que se le dé, la presencia de los isleños, que, dicho sea de paso, en la mayor parte de la prensa se les sigue llamando kelpers, que es un término que hay que dejar de lado porque es vivido por los isleños como discriminatorio y ya no es un término neutro, e incluso hay otras áreas en las que me parece que se podría insistir, como en el hecho de que los argentinos no puedan establecerse en las islas ni adquirir propiedades, cuando, inversamente, sí es un derecho que tienen los isleños el de establecerse en territorio argentino y algunos de ellos son dueños de propiedades en la Patagonia, entonces esa falta de reciprocidad me parece que es un punto importante. ¿Por qué un habitante de cualquier lugar del mundo, en principio, y en esto puede ser que me equivoque, no tienen ningún impedimento para establecerse en las Malvinas y los argentinos sí? No todos los reclamos tienen que pasar por “queremos la soberanía”, sino que hay cosas puntuales sobre las cuales se puede ir avanzando, el hecho de que podamos visitar las islas como turistas ya fue un avance, pero por qué no la posibilidad para un argentino de vivir en las islas. Son cosas que también son significativas pero no se discuten, se descuidan.

- Máxime cuando es difícil hablar de soberanía si pensamos en generaciones y generaciones de nacidos en las islas y bajo la bandera inglesa.

- Justamente. Caer de golpe con la idea de un gobierno argentino en una población que está tan aislada, tan cerrada, es violento. Una presencia poblacional argentina en las islas haría mucho más que los discursos y las campañas publicitarias o, de hecho, los isleños pueden decir queremos seguir siendo ingleses, pero tienen una idea de ser inglés que es de hace cinco generaciones, porque uno va a Londres y ve que es una sociedad totalmente pluralista, heterogénea desde el punto de vista lingüístico, racial, cultura. Por qué las islas tienen que convertirse en una especie de reserva de una idea de población inglesa que en Inglaterra ya no existe, salvo en algún pueblo alejado.

Alejandro Frias

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3 de Diciembre de 2016|23:00
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