Los neandertales fueron delicados artistas

Un estudio publicado en la revista Science data en 40.800 años la representación gráfica más remota, que se halla en la cueva de El Castillo. La pintura rupestre más antigua de Europa se encuentra en las Cuervas de Altamira, en Cantabria, España.

Los científicos son los más cautos ante sus propios hallazgos. Pero descubrimientos como el que acapara hoy la portada de la prestigiosa revista «Science» llaman al entusiasmo. Y es que, como afirman los propios artífices, se «tambalea» más de un precepto: la antigüedad del arte rupestre español, que pasaría a ser el más antiguo de Europa; su autoría, con interpretaciones que van más allá de la mano del Homo Sapiens; y la concepción de homínidos como el hombre de Neandertal, quizá más creativo y existencial de lo que se pensaba.

¿El motivo de esta «revolución»? Un estudio en el que han participado el Centro Nacional para la Investigación de la Evolución Humana (Cenieh), la Universidad de Bristol y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), que revela que el arte rupestre cantábrico es, al menos, 10.000 años más primitivo de lo que se pensaba, pasando de los 30.000 a los 41.000 años de antigüedad. 

Así, pinturas como las de las cuevas de El Castillo –Puente Viesgo–, Tito Bustillo –Ribadesella– y la emblemática Altamira –Santillana del Mar– superarían en edad a las de la gruta de Chauvet, en el sureste de Francia, y consideradas –al menos hasta ahora– como las más antiguas de Europa, con 33.000 años a sus espaldas.

Ahora bien, como recuerda Alistair Pike, científico de la Universidad de Bristol y líder del proyecto, más allá de las fechas, el hallazgo deja abiertas cuestiones antropológicas. «Las pruebas de la existencia de humanos modernos datarían de 41.500 años atrás», apunta. Así, se abre el abanico: o bien estos homínidos tenían la pintura «como actividad cultural propia»; o bien la desarrollaron poco después, «en respuesta a los neandertales»; o quizá, el arte de estas cuevas es, directamente, neandertal».

¿Cómo se llevó a cabo la medición? Marcos García Díez, profesor de la UPV/EHU, explicó a este diario que la medición no se podía llevar a cabo por el método tradicional de radiocarbono –o carbono 14– al no subsistir un pigmento orgánico. Por contra, la datación de series de uranio ha permitido «obtener la mayor precisión con la menor cantidad de muestra posible. De otra forma, habría sido inviable; se habrían destruido las pinturas», asegura. No en vano, cuevas como las de Altamira permanecen cerradas desde 2010 a la espera de nuevos análisis.  
Gracias a este método, afirma García Díez, ha sido posible datar las calcitas, es decir, las estalactitas que aparecen encima y debajo de las pinturas a lo largo de los años.

«Las pinturas es imposible datarlas; si lo hiciéramos, nos daría como resultado la fecha de  origen del óxido de hierro que se ha formado sobre ellas», añade.  El procedimiento se llevó a cabo en 50 pinturas pertenecientes a 11 cuevas repartidas entre Cantabria y Asturias. ¿El resultado? Un disco rojo pintado en un muro de la cueva de El Castillo tiene una antigüedad de al menos 40.800 años, 10.000 más de lo que se creía; una mano roja, situada en esta misma cueva cántabra, tendría unos 37.300 años; un gran triángulo de la célebre sala policromada de Altamira –la llamada «Capilla Sixtina del arte rupestre– dataría de 35.600 años atrás, 10.000 años más de los que se pensaba; y una figura antropomorfa de la cueva asturiana de Tito Bustillo tendría entre 35.500 y 29.600 años de antigüedad.

Seguí leyendo aquí la nota de J.V. Echagüe en larazon.es.

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11 de Diciembre de 2016|03:32
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