Recién en dos semanas continuará el juicio por el caso Rubino

El tribunal decidió pasar a un cuarto intermedio hasta el 16 de abril con la idea de que, en ese lapso, den con el paradero de un testigo clave, que se fugó del penal de San Rafael hace unos días.

En la jornada de hoy, declararon el ex jefe de Homicidios, Carlos Chávez y un mecánico de autos, quienes comprometieron a Molina Vallejos.

Desde que comenzó el debate la semana pasada, el juicio por el asesinato de Susana Cruz de Rubino –ocurrido en octubre del 2005- ha mostrado que tiene más palos en la rueda e imprecisiones que avances. Y, como no podía ser de otra manera, ayer pasó una nueva jornada –la cuarta- con una insólita particularidad: el presidente del Tribunal, Pedro Carrizo fijó la continuidad del debate para el miércoles 16 de abril, es decir, recién dentro de dos semanas.

El motivo, según sostuvo Carrizo, es intentar que en ese plazo la Justicia logre dar con el paradero del testigo de identidad reservada que estaba citado para comparecer en la causa y que hace unos días se escapó de la cárcel de San Rafael, donde se encontraba detenido.

Es que tanto la fiscal, Susana García, como las dos partes –el abogado querellante, Carlos De Casas, y los defensores, Hebe Bosdari y Raúl Sánchez- y el propio tribunal consideran clave la declaración de este hombre, cuya identidad se reserva. Por su parte, Sánchez también le solicitó al magistrado que se averigüe si el testigo contaba con algún regimen de libertad condicional y, aprovechando esto, se fugó para evitar ser citado.

Un dato no menor es que en la misma cámara donde se está llevando adelante el juicio por el caso Rubino –la Séptima Cámara del Crimen-, está previsto que comience el lunes próximo el juicio por las Coimas de Godoy Cruz, lo que complicará el transcurso de las jornadas.

Poco y nada

En la primera y única jornada que tendrá lugar esta semana, dos fueron los testigos que declararon. El primero fue Carlos Chávez, el jefe de la sección Homicidio de Investigaciones en el 2005 quien, entre otras cosas, destacó que “Molina Vallejos me pidió a gritos no ir al penal porque temía por su vida y que por eso pidió ir a San Rafael”.

Chávez fue quien estuvo al frente de los procedimientos en que los tres imputados fueron detenidos días después del asesinato y, en su declaración, se refirió a esos episodios. Según el comisario, días después de ocurrido el crimen -25 de octubre-, cuando comienzan a investigar en base a lo que declararon los testigos, sale a la luz el dato de que un Chevrolet Corsa con características similares descriptas sobre el auto en el que huyeron los delincuentes –con vidrios polarizados, una ganchera y llantas- había sido secuestrado en un procedimiento ocurrido en junio de ese año. Y con averiguaciones realizadas, logran determinar que en aquella ocasión, en el vehículo circulaban Mario Díaz, Carlos Molina Vallejos (dos de los tres imputados) y Bruno Díaz (hermano de Mario).

De este modo, según relató Chávez, es como llegan a dar con los acusados quienes hoy –junto a Jorge Ramos Olarte- están imputados por el asesinato. “Cuando los efectivos encuentran el auto, no tenía la ganchera y los vidrios ya no estaban polarizados. Sin embargo, Científica –a través de las pesquisas- logró determinar que ambas cosas habían sido quitadas recientemente. Desarmaron el vehículo, pero no tomaron el cuidado de lavarlo”, declaró.

“En un principio, Molina quiso entregarse y aportar para la Justicia. El decía que no tenía nada que ver, pero después se desapareció del mapa. Él acusó como los autores del crimen a los hermano Ferrari, del barrio La Gloria”, explicó Chávez ante el tribunal

Chávez declaró que a Molina Vallejos lo encuentran en Comodoro Rivadavia, en la casa particular de un mendocino gracias a una serie de trabajos coordinados con las fuerzas policiales de esa ciudad chubutense. “Es muy común que la delincuencia mendocina tenga un pasaje por el sur del país. Ante la insistencia de la fiscal (María Luisa) Cannata, nosotros nos contactamos con la policía de allá y Molina fue detenido un día después de haber llegado allá”, agregó.

Sin embargo, el ex jefe de Homicidios se contradijo y se puso notablemente nervioso cuando se le preguntó si a los efectivos de Comodoro Rivadavia se les había dado información sobre los otros dos acusados –Días y Ramos-. Es que en un principio Chávez negó rotundamente haber suministrado información, aunque luego admitió que si le habían dado los nombres, “pero que no habían entregado fotos”.

Para el cierre, fue el propio Carrizo quien interrogó a Chávez, consultándole sobre si tenía conocimiento de que alguien de la fuerza haya investigado, tratando de averiguar a través del Registro Nacional del Automotor, cuántos Chevrolet Corsa con las características del sindicado había en la provincia y a quiénes pertenecían, obteniendo una respuesta negativa de parte del comisario. 

Otro de los testigos que declaró fue Carlos Villegas, mecánico quien dijo haber arreglado varias veces el auto de Molina Vallejos. Villegas ratificó que el auto tenía tazas, una ganchera y “vidrios polarizados rotos” y que reconoció que el hijo del imputado le vendió la ganchera.

“Una ganchera sale entre 300 y 400 pesos, y ‘Carlitos’ me la ofreció a 150, para que la pague en dos cuotas. Yo la compré para uso particular y el me pidió el favor de que se la compre”, sostuvo el mecánico, quien destacó que nunca la utilizó, sino que permaneció tirada entre otros tantos “fierros” que había en el taller y entre sus pertenencias hasta que la secuestró la Justicia. Villegas destacó que el hijo de Molina le dijo que era la misma que tenía el Corsa y que, desde entonces, nunca más vio el auto.
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