Luisa Calcumil y la justicia de compartir la alegría

Después de un viaje accidentado, la actriz mapuche recibió a MDZ Online para conversar de varios temas. "La tierra no es sólo un derecho jurídico, sino una visión del mundo, y por eso es indiscutible el derecho a estar en el lugar donde se ha nacido", sostiene.

Abre la puerta ella. Esa enorme mujer no necesita que nadie lo haga por ella. Ahí está Luisa Calcumil. Pasamos y vamos directo al lugar en el que nos vamos a acomodar para hacer la entrevista. Hay instrumentos musicales por todos lados, porque es la casa de su hijo Matías, que vive en Mendoza y trabaja de músico.

Nos preparamos. Pachi, el fotógrafo del diario, comienza a hacerle algunas tomas mientras la actriz nos está diciendo que sufre mucho el frío de Mendoza, lo mismo que el de Buenos Aires. “Yo prefiero el frío del sur, con viento”, dice, y cuenta que en su casa tiene la cocina a leña con la que templan el lugar. Además de que es la casa que construyeron con su marido, y eso seguramente la hace más cálida.

“Usted me está sacando fotos y yo con la cara hinchada”, le dice a Pachi. Y es que Calcumil venía hacia Mendoza en el colectivo que el jueves chocó contra un caballo en la ruta 151 y que dejó un saldo de 40 heridos.

Entre los heridos se contaba Calcumil, que nos da algunos detalles de cómo se despertó con el impacto, que nadie quedó en su asiento, que cuando reaccionó no podía saber si ya estaba quieto el colectivo o si seguía dando vueltas, porque ella dormía cuando ocurrió el accidente.

La voz del nguen pife

Ha venido a la provincia a participar en Ecos de Pueblos Originarios, presentación del grupo Yatiri, y a ofrecer dos funciones para niños de sexto y séptimo grados de las escuelas primarias de su espectáculo Acercamiento a la cultura mapuche, en el teatro Plaza.

“Lo que traigo es un repertorio de canto y narrativa mapuche. El canto como excusa para aproximar a la gente a distintos aspectos de la cultura mapuche, a nuestra presencia en este tiempo, de qué manera nos estamos manifestando”, explica Calcumil sobre su espectáculo, en el que va traduciendo las canciones. “Para que todos tomen conciencia de que estamos vivos, de que no somos parte del pasado, que somos parte del presente y queremos ser parte del futuro del país. Ese es mi aporte desde lo indígena”, agrega.

Calcumil insiste en llamar narraciones a los relatos que son parte de su espectáculo, dejando de lado la palabra leyenda para denominarlos. Una clara toma de posición, que queda clarísima cuando nos dice: “Le llamo narraciones y no leyenda porque yo pongo en debate algunas cosas que tienen que ver con la mirada occidental y la denominación que se le da, que a veces no tiene alcance para abarcar todo lo que involucra un relato de los nuestros, que vienen de hace mucho tiempo y que tienen condimentos que van más allá de la fantasía, tienen que ver con lo épico, con lo sagrado, con acontecimientos reales y con acontecimientos de fábulas”.

Occidente necesita rever muchas de sus concepciones, y una de ellas es la denominación de estos relatos a los que se refiere Calcumil. “Al llamarlas narraciones y no leyendas, les aporto los datos que les faltan a quienes a veces llaman las leyenda, porque la leyenda es una concepción de la cultura occidental, y, para nosotros, el conversar, la palabra, la oratoria es una herramienta que tiene muchos sentidos, no sólo el real o mitológico, sino también el marco histórico en el que se da ese relato”.

La diferencia a la que se refiere Calcumil no es compleja, y para entenderla es necesario sólo escucharla cuando lo explica.  Para empezar, deja en claro que no todos están preparados para transmitir estas narraciones, pero agrega quem además, está el nguen pife, que es quien tiene el poder de la palabra, “la virtud de la palabra”, y algunos de ellos “están destinados a ser traductores de los trabajos sagrados, otros a contar historias y otros a descifrar cuando la machi, la mujer que tiene a su cargo la salud orgánica y espiritual de nuestra gente, entra en éxtasis o en estados extraordinarios y habla”.

Más claro, echale agua.

La tierra es una visión del mundo

La experiencia de volcar con el colectivo vuelve a la conversación porque ha llegado Diego Gareca, del área de Derechos Humanos de Godoy Cruz. Luisa le cuenta algunos detalles más del accidente y revela que es la primera vez que le pasa algo así en la ruta. “Y mirá que hace más de treinta años que manejo”, resalta. “Porque cuando viajo con mis músicos, siempre manejo yo la camioneta, porque van conmigo y son mi responsabilidad”, dice.

Después de unos minutos, retomamos la entrevista, y ahora el tema es la tierra.

Luisa Calcumil ha estado desde siempre comprometida con los reclamos de las comunidades originarias, especialmente en lo relacionado con la tierra. Por eso, ha estado junto a los huarpes en nuestra provincia, así como junto a otras comunidades en el resto del país. “La tierra no es sólo un derecho jurídico, sino una visión del mundo, y por eso es indiscutible el derecho a estar en el lugar donde se ha nacido. Y es complejo, porque en algunos casos, la Ley 26160 de Relevamiento Territorial a algunas comunidades les es favorable y es necesario que se aplique y para otras no. Por eso yo no sé si una bandera, yo no sé si una nación. Cuando se vive en democracia, se puede plantear esa diversidad y esa discrepancia para una vida mejor, donde lo jurídico también tiene que ver, pero no es todo”, sintetiza la actriz.

Que exista una ley, deja en claro Calcumil, frena la posibilidad de que un extranjero se apodere de esa tierra, especialmente cuando se trata de tierras en las que viven desde hace siglos comunidades originarias.

“Eso también está en el noroeste, en la zona del Chaco, de Formosa´. La masacre de Napalpí no fue en el siglo XIX y está en la lucha de los pueblos del norte. Puede ser que en el caso del sur haya tenido más posibilidades de difusión a través del cine, pero las consciencias no están dormidas, y a veces lo que más tiene publicidad no tiene esa misma dimensión de arraigo en los pueblos. Yo lo digo también con preocupación, porque hay mucho mediático, mucha espuma, y hay gente a la que le ha ido muy bien haciéndose eco de algunos problemas de los pueblos del sur”, asegura Calcumil, y va más allá al agregar: “Cuando la gente se desliga esos problemas y nos los deja sólo a nosotros, a los pueblos originarios, es una linda manera de lavarse las manos. Cuando un señor como Benetton se está quedando con el 40 o el 50 por ciento de dos provincias, ¿es un problema sólo de los pueblos originarios o es un problema nacional? Y siguen poniendo árboles donde a ellos les parece que hay que poner árboles y poniendo ovejas donde les parece que hay que poner ovejas, y para eso desmontan todo, como Benetton, que va parejo con la lana y las ovejas”.

Es tiempo de terminar la entrevista. Entonces la conversación vuelve al accidente, o mejor, al después del accidente, cuando todos los pasajeros estuvieron en un destacamento policial y alguien notó que entre los nombres de los pasajeros estaba el de Calcumil. Y más tarde, cuando volvieron al lugar del accidente para trasladar las pertenencias a otro colectivo, con el que llegarían a Mendoza, le pidieron que cantara algo.

“Así que agarré mi guitarrita y me puse a cantar, después del mediodía, cuando ya había pasado el susto y estábamos más distendidos”, nos explica. Y cómo no se iba a poner a cantar para todos los pasajeros de un viaje tan accidentado, si ella misma nos dice: “Seríamos injustos con los antepasados si no compartiéramos la alegría”.

Alejandro Frias

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|05:32
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9 de Diciembre de 2016|05:32
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  1. Claudia, como dice la nota, las presentaciones en el teatro era sólo para chicos de primaria, por lo que no se trataba de un espectáculo que estuviera difundido para todo público, por eso no se incluyeron en el artículo los datos sobre fecha y hora de las presentaciones. Gracias.
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  2. podrían ampliar cuándo se presenta en el teatro, para poder ir a escucharla. Gracias
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