Deportes

Ser de San Lorenzo o no ser nada

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de uno de los clubes más importantes de la Argentina. Mucho aparece de la historia de San Lorenzo en los medios de comunicación, pero elegimos una interesante columna de Mariano Hamilton en ESPN.com, periodista e  hincha confeso del Ciclón. Mirá los videos con su historia.

Muchos dicen que ser simpatizante de San Lorenzo es un problema. Porque, sostienen, es un club que genera más frustraciones que alegrías, en el que uno está abonado a los sinsabores y que posee, por alguna maldición, un sino trágico. Muchas veces pienso que esto es porque el fundador de la institución fue un cura, un cuervo, pero no me tomen en serio...

Decía que los que hablan así, seguramente, son de Boca o de River. Porque es fácil ser hincha de Boca o de River. Es exactamente lo mismo que haber nacido en cuna de oro, con todos los elementos en la mano para ser feliz. Lo que por supuesto no garantiza la plenitud, porque no necesariamente la abundancia es sinónimo de virtud.

Los que mejor van a entender estas líneas son los hinchas de Racing, porque también están condenados a escuchar esta sarta de tonterías sobre su elección de vida. Porque, que quede claro, ser hincha de un club es toda una postura, una declaración de principios.

A todos los que se mofan de nuestras frustraciones o tristezas, les digo que ser hincha de San Lorenzo es lo mejor que le puede pasar a una persona. Así de clarito. Porque ser hincha de San Lorenzo es una experiencia única e irrepetible. Un viaje de ida. Porque cuando a alguien le cruzan el corazón con el azulgrana, no hay retorno.

No se cambia de parecer porque se venda la cancha de Avenida la Plata y encima le instalen un supermercado, porque jamás hayamos podido festejar una Copa Libertadores, porque se nos mueran jugadores mucho más seguido que a otros clubes, por haber sido el primer grande en descender, porque se desmantelen en diez minutos a los equipos campeones o por las miles de razones que se puedan argumentar para alimentar nuestra supuesta frustración. 
 
Ser hincha de San Lorenzo es justamente eso: saber que somos hinchas del mejor club del mundo muy a pesar de todo.

Mi primer contacto con la pasión sanlorencista lo tuve allá por 1966, cuando mi abuelo Alberto y mi tío Osvaldo, me llevaban a la cancha a pesar de vivir en San Antonio de Padua, un pueblo aproximadamente a 30 kilómetros del Gasómetro.

Cuando llegaba el domingo me sentaba en la vereda a esperar que apareciera mi tío con el auto Unión para salir rumbo a la aventura de ir a la cancha. Y si no ocurría, había que sentarse en la cocina, con la radio, a escuchar a José María Muñoz y a llevar las estadísticas de todos los partidos.

La primera vuelta olímpica fue en 1968. Le ganamos a Estudiantes una final en la cancha de River y San Lorenzo fue campeón invicto, con aquel equipazo del brasileño Tim, el que decía que el fútbol lo resolvían aquellos que entendieran que era una manta corta: si te tapás la cabeza, te destapás los pies y viceversa.

Me puse muy triste cuando perdimos la final del Nacional del 71 con Rosario Central (2-1) y para colmo después nos quedamos afuera de la Copa Libertadores.

Hasta que llegó el gran momento: 1972 con el equipo del Toto Lorenzo. Bicampeón y a la Copa. Y aquí me voy a detener en algo: en la única vez que lloré por un partido de fútbol. Tenía 12 años y San Lorenzo empataba 0-0 con Independiente en la Libertadores. Si se mantenía ese resultado, pasábamos a la final. Pero el Mencho Balbuena, a pocos minutos de terminar, nos sacó del torneo.

Mi madre no podía creer que yo llorara por una derrota en el fútbol. Las mujeres, por lo menos las de antes, entendían bastante poco de este tipo de cosas.

Vino el milagroso Nacional de 74 con el Huevo Zubeldía al frente del equipo. Era un conjunto rarísimo, bien a lo Zubeldía: con línea de cuatro y con la Oveja Telch jugando detrás de ella como líbero. Y con el Gringo Scotta rompiendo arcos o carteles alternativamente.

Vinieron años muy malos después. Un tal Annan vendió la cancha. El club quebró y finalmente nos fuimos al descenso, en 1981, con aquel penal que Alles le atajó a Delgado en el partido que Argentinos Juniors ganó 1-0.

Parecía el final. Se pedía la desafiliación y no se cuántas otras cosas más. Pero finalmente se mantuvo la cordura y el equipo hizo la maravillosa campaña en la B que lo devolvió a Primera un año después.

Esas fueron mis últimas excursiones a la cancha como hincha, ya que un año después empezaba a trabajar como periodista. 
 
Entré como redactor al diario Clarín y me asignaron, tal vez porque era simpatizante, que cubriera toda la información del club. Iba a los entrenamientos y mi vínculo con San Lorenzo se transformó en otra cosa.

Pasaron los años y el hecho de conocer a los jugadores me cambió la forma de ver el fútbol y me distanció de la pasión irreverente e irracional del hincha de tablón.

Ser simpatizante es una experiencia que se vive con mucha intensidad, especialmente cuando se es chico. Con el tiempo crecen las preocupaciones y las prioridades empiezan a transitar por otro lado.

Hoy, por supuesto, me autodefino hincha de San Lorenzo, pero establezco alguna distancia con la pasión. Ya no tengo un perfil demasiado emocional, no creo que los simpatizantes de Huracán sean enemigos sino que los considero parte de la familia y tengo otras particularidades que probablemente me alejen del folclore del fútbol.

Pero eso sí: muero de ganas porque San Lorenzo gane alguna vez la Copa Libertadores y mis tres hijas son de San Lorenzo. Como Dios manda. Nicky, Luli y Fran, tal como hicieron mi abuelo Alberto y mi tío Osvaldo conmigo, tienen el corazón pintado azulgrana. Me encargué personalmente de que así fuera. Ellas ya están en este maravilloso viaje sin retorno.


El autor: Mariano Hamilton fue redactor y editor de la sección Deportes del diario Clarín (entre 1983-95), co-creador y subdirector del diario deportivo Olé (96-99), director de la Revista El Gráfico (2000-02), secretario de redacción del Diario Perfil (04-06) y co-fundador de las revistas Llegás a Buenos Aires (cultural) y Un Caño (deportiva), todos medios de la Argentina. Actualmente es editor y columnista de ESPNdeportes.com.

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4 de Diciembre de 2016|06:42
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