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El rugby cambió imprecisiones por golpes

En los amistosos previos al Torneo Cuyano de rugby, fue más notoria la presencia de escenas de violencia que los usuales errores de manejo. Pueden ser los primeros síntomas de un mal mayor que todavía se puede evitar.

En medicina siempre se hace hincapié en la prevención y aquello de que es preferible “prevenir que curar” no es sólo una frase hecha, sino una máxima extensible a diferentes ámbitos. Algo que tal vez el rugby podría tomar, en el preámbulo de una nueva competencia local.

El pasado fin de semana se comenzaron  transitar los últimos metros de la puesta a  punto de los clubes de la provincia en la previa del Torneo Cuyano de Rugby que comenzará en menos de dos semanas.

MDZ estuvo en uno de los tantos partidos amistosos que se disputaron en las distintas canchas mendocinas y la sorpresa no fue menor. Pero lo grave no fue encontrarse con un nivel de agresión superior a lo acostumbrado. Lo grave fue consultar con otros presentes en el campo de juego, encargados de diferentes tareas en nuestro rugby, quienes además de coincidir en que “se están pegando mucho” todos remarcaron que la situación es extensiva a divisiones juveniles y en distintos clubes y partidos amistosos.

Por momentos el mote de “amistoso” resulta irrisorio. Y si bien nadie juega ningún partido sin tratar de ganar o al menos evolucionar en su juego, sorprende la vehemencia en una contienda donde no nada en juego.

Causas y especulaciones
A la hora de encontrar justificativos para esta situación, vale decir que ninguna es válido. Nada justifica la violencia desmesurada que se ve hoy en día en un enfrentamiento deportivo.

Para ser más precisos vamos detallar: piñas en un partido de intermedia, lesiones serias en un partido de primera, árbitros separando jugadores, agresiones verbales, ánimos caldeados. ¿Qué nos depara el futuro para el Cuyano, entonces?.

Veamos cuáles pueden ser las causales. Los jugadores llevan varios meses sin jugar, entrenando, yendo a gimnasios, corriendo, presionados y lejos de cometer imprecisiones (que sería lo normal) desahogan todo este cóctel en violencia.

La situación no es exclusiva de la Primera. Hablando con un árbitro, también expresó que le había ocurrido algo parecido en juveniles donde se vio obligado a expulsar a un jugador que le faltó el respeto.

Amistosos con golpes, lesiones, peleas, no auguran un futuro promisorio. Es malo para el juego, es malo como ejemplo para los demás y no sirve para ganar.

Tal vez sea el momento de hablar del tema, tomar medidas preventivas y asegurar un campeonato que mejore el nivel de juego.
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7 de Diciembre de 2016|13:35
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