Henchido de gloria e hinchado de soberbia: palabras parecidas

Alguna vez nos ha pasado que encontramos, en el idioma, palabras emparentadas en su apariencia y hasta en su significado, pero que, sin embargo, tienen etimologías distintas y aplicaciones diferentes. La lingüista Nené Ramallo despeja nuestras dudas.

Así nos sucede, por ejemplo, con ‘acechanza’ y ‘asechanza’ y con ‘henchir’ e ‘hinchar’. Contemos un poco acerca de cada término para saber cuándo usar uno u otro.

Vamos a ‘acechanza’: el significado que encontramos para este sustantivo es “espionaje, persecución cautelosa”, pues se vincula con el verbo ‘acechar’, que quiere decir “observar, aguardar cautelosamente como en una emboscada,  con algún propósito”. Un sinónimo, de la misma familia, es ‘acecho’ y lo usamos en la expresión ‘estar al acecho’, con el valor de “estar observando y mirando a escondidas y con cuidado”.

En cambio, ‘asechanza’ es un “engaño o artificio  para hacer daño a alguien” y se relaciona con el verbo ‘asechar’, que tiene el significado de “urdir engaños” y que casi no se emplea en la actualidad. Lo curioso es que tanto ‘acechar’ como ‘asechar’ derivan del mismo origen latino, el verbo assectari = “acompañar, perseguir continuamente”; pero en su evolución fueron especializando sus usos y diferenciando sus grafías.

¿Qué quiere decir ‘henchir(se)? Significa “llenar, colmar”. Deriva del latín implere = “saturar, llenar, saciar”. Lo curioso es que, al conjugarse como el verbo ‘pedir’, registra en su pasado las formas ‘hinchió’ e ‘hinchieron’; en el subjuntivo, ‘hinchiera o hinchiese’ y en el gerundio ‘hinchiendo’. Muchas veces se lo utiliza junto a sustantivos como ‘orgullo’ o ‘gloria’ y no a sustantivos que nombran elementos materiales. Entonces, leemos  Los soldados, henchidos de gloria, desfilaron victoriosos.

El verbo parecido es ‘hinchar(se)’, con el significado de “hacer que un objeto o cuerpo  aumente de volumen, llenándolo con un fluido, normalmente aire”. Pero también, metafóricamente, puede significar “ensoberbecerse, engreírse, envanecerse”. Su origen es el verbo latino inflare = “soplar, inflar soplando”. A diferencia de ‘henchir’, este verbo es absolutamente regular en su conjugación: “hincho”, “hinchó”, “hincharon”, “hinchara o hinchase”, “hinchando”.

Además de esta diferencia y de la etimología distinta, podemos ver que hay alguna zona de confluencia significativa: los dos podrían atribuirse a personas que han aumentado su volumen -metafóricamente hablando-, pero mientras ‘henchir’ se circunscribe a sentimientos positivos, ‘hinchar’ parece limitarse a la soberbia, al engreimiento o a la vanagloria. Veámoslo en los siguientes ejemplos: Después de haber recibido el agradecimiento de tantos niños pobres, la anciana se fue con las manos vacías, pero con el corazón henchido de gozo. En cambio, Es insoportable su actitud: petulante, hinchado de estúpida soberbia.

Fuente consultada: Academia Argentina de Letras (2011). Diccionario argentino de dudas idiomáticas. Buenos Aires: Santillana.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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