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Andrés Romero, el golfista que dejó de ser una "promesa"

Andrés Romero, quien dejó el circuito europeo para pasar a las Grandes Ligas de Estados Unidos, volvió a marcar ayer un hito para el golf argentino al quedarse con el Clásico de Nueva Orleans. Es fanático de Boca y de las empanadas que le hace su mamá.

Para el tucumano Andrés Romero el triunfo de este domingo en Nueva Orleáns no fue uno más en su corta pero exitosa carrera que a los 26 años lo llevó a situarse entre los mejores argentinos y el cuarto en triunfar en Estados Unidos, siguiendo el camino trazado por Roberto De Vicenio,José Cóceres y Angel Cabrera.

El joven golfista ya había alcanzado el año pasado su consagración al obtener el circuito europeo, en su mejor conquista que lo llevó a escalar posiciones en el ranking mundial.

Andrés Romero, "Pigu", ese tucumano tan tímido como talentoso, sintió que todo se daba vuelta en cuestión de horas. Porque después del abultado 73 que anotó el jueves, por su cabeza sólo pasaba poder superar el corte en el Clásico de Nueva Orleans.

No mucho tiempo después, atrapó bien fuerte la gloria con las dos manos. Y un cheque de 1.116.000 dólares, que sacude al más fuerte. Sí, después de una fantástica arremetida de ayer, que coronó a lo grande, ganó en Estados Unidos y así logró su primer título en el PGA Tour.

Fue una jornada de inspiración para Romerito, que nada tiene que ver con el Gato cordobés. O mejor dicho, tiene en común la infinita magia la hora de golpear la pelotita de golf.

Como el sábado no pudo concluir su vuelta por falta de luz, ayer llegó temprano al club para jugar el par 3 del 17 y el par 5 del 18. Figuraba a sólo un golpe de la punta, con un parcial para el día de cinco bajo el par. Siguió atacando y se despachó con dos festejados birdies. 65, entonces, para la tercera vuelta y a esa altura se dio cuenta de que podía dar el gran golpe de vida.

Tenía sensación en el swing y, fundamentalmente, estaba fino con el putter. Una mezcla letal para sostener sus aspiraciones. Andrés, se sabe, es un jugador temible cuando entra en confianza. Arriesga, vuelve a arriesgar y sigue arriesgando.

Hay miles de ejemplos que hablan de esto. Una, su explosiva arremetida en el último Open Británico, en Carnoustie, donde a dos hoyos del final agarró la punta, luego de enhebrar nada menos que 10 birdies, pero siguió atacando y pagó: doble el 17 y bogey el 17, para concluir en el tercer puesto.

Otro, en su lugar, hubiese puesto el grito en el cielo por aquel "arrebato de valentía" justo a punto de coronarse en un torneo mayor. El, pese al tropezón, dijo riendo: "Volvería a intentar los mismos tiros". La respuesta de un audaz, sin dudas.

Este chico de 26 años, fanático de Boca y de las empanadas que le cocina su mamá, sabe como nadie que está para cosas grandes.

Asesorado por su entorno, en los últimos tiempos tomó una decisión arriesgada: abandonó el tour europeo para pasar a las grandes ligas de Estados Unidos, ahí donde un día supo asombrar al mismísimo Tiger Woods, con quien ya compartió dos vueltas. "Juega fantástico, tiene una soltura que no se ve todos los días", lo describió el número uno del mundo.
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