Un hombre lleva 40 años sin poder dormir

Un español de 69 añors, es jubilado y es un caso extraño de insomnio. Los especialistas investigan este tema teniendo en cuenta que el 10% de la población sufre de severos trastornos para dormir.

Este abuelo encantador de marcadas ojeras se llama Arturo, tiene una enfermedad neurológica, el síndrome de piernas inquietas (SPI) o síndrome de Ekbom que hace que, cada vez que se mete en la cama, le den calambres en las piernas y tenga que moverlas. Es la versión "enfermedad" de una verdadera tortura china.

Arturo tiene mucho sueño, está que se cae, pero su síndrome lleva 40 años sin dejarle dormir. "Y eso que ahora estoy estupendo. Hace ý5 años, por fin, el doctor García-Borreguero, director del Instituto de Investigaciones del Sueño, dio con mi problema y ahora estoy bastante controlado. Hoy por hoy, duermo cuatro o cinco horas, lo que es un lujo, porque me he pasado años y años durmiendo una media diaria de menos de una hora".

El SPI es una enfermedad hereditaria bastante común. La padece entre el 2% y el 3% de la población adulta occidental (para hacernos una idea, una enfermedad tan común como la diabetes mellitus tiene una prevalencia en España del 7%). "Se manifiesta en forma de una sensación imperiosa de movimiento en las piernas cuando la persona está en reposo por la noche, a partir de las 7.00 de la tarde. No es un trastorno del sueño, pero su principal consecuencia es el insomnio", explica el doctor Diego García-Borreguero.

En eterna vigilia. Arturo Avilés, de 69 años, jubilado que trabajaba en el control de impagados de una multinacional informática, recorría el pasillo de su casa durante la noche seis o siete horas seguidas sin parar. "En tres o cuatro ocasiones me han llevado al Hospital Ramón y Cajal por pérdida de conocimiento de puro cansancio", explica. "Cuando trabajaba, ¡menos mal que tenía una oficina para mí solo!, porque pegaba unos cabezazos contra el ordenador… De noche estaba tan cansado en el pasillo de mi casa que me apoyaba contra la puerta y me quedaba dormido un segundo de pie… Claro, las piernas no aguantaban. Una noche me encontraron en el pasillo, intentando salir a la calle por un tabique".

Lo de Arturo no son exageraciones: en la Asociación Española de Pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas hay muchos casos de afectados que han perdido su trabajo al no rendir después de noches en blanco, que han sufrido accidentes de tráfico y que han llegado al divorcio por culpa del síndrome. "Yo duermo separado de mi mujer para que ella no se entere. Dormir con alguien que tiene SPI es someterse a pataditas, a movimientos, a ruidos continuos…", explica Arturo.

Los humanos necesitamos dormir un "sueño básico" para ir tirando, un mínimo de cuatro a cinco horas para que nuestro cuerpo funcione. Pero para que el organismo se encuentre bien y descansado, la medida correcta está entre siete y ocho horas. Es lo que los expertos llaman "sueño opcional". Privarse del sueño básico es peligroso para la salud. Las posibilidades de morir de enfermedad coronaria, cáncer, derrame o infarto cerebral aumentan en aquellos que duermen menos de cuatro horas diarias. Además, últimamente se está demostrando la relación entre falta de sueño o mal dormir y la diabetes o las enfermedades cerebrales y cardiovasculares.

Borja: pesadilla sin pesadillas. Si hay algo que caracteriza a los insomnes es que ellos viven su propia pesadilla. No las tienen porque raramente llegan a la fase REM del sueño, en la que las personas normales nos permitimos el lujo de soñar… o de malsoñar. "A mí los ojos se me cerraban, impulsados por las ganas de dormir, pero se volvían a abrir. Se cerraban de nuevo pero se abrían otra vez, se cerraban, se abrían…", explica Borja Pi, profesor de tenis de 4ý años. "No oía absolutamente nada excepto mi propia voz que, desde dentro, comenzaba a preguntar: ¿qué pasa? ¿por qué no duermo? No estoy nervioso, todo va bien, he tenido un día estupendo de trabajo, estoy cansadísimo… entonces, ¿qué coño pasaaaaa?".

Lo que ocurría con Borja se llamaba insomnio. Si tuviéramos que clasificar todos los insomnios que hay en dos grandes grupos, uno sería el de los "insomnios psicofisiológicos", causados por ansiedad, estrés… en fin, por una mala jugada de la psique. Pero también existen (y cada vez se descubren más) "insomnios endógenos", que tienen su razón de ser en causas meramente físicas. Lo de Borja fue una mezcla perfecta de los dos tipos. Su mal sueño empezó cuando tenía 20 años: un coche le atropelló, estuvo tres días en coma, ý0 en la UCI y meses en el hospital. A partir de ahí tuvo que tomar Sedotine, un hipnótico, para dormir durante unos meses, y el médico del hospital ya le anunció que el insomnio le iba a acompañar durante toda la vida. Pero, sorprendentemente, remitió hasta final de carrera (cinco años después), cuando con los exámenes globales no le quedó más remedio que tomar otro medicamento, Orfidal, para tranquilizarse. A partir de ahí siguieron ý0 años de pesadilla. "Sólo los que sufren insomnio noche tras noche saben lo desesperante que es querer dormir y no poder hacerlo. Entras en un estado irritable. Tras una noche de insomnio pasas el día siguiente como si tuvieses resaca… Cuanto menos duermes, más cansado estás; sin embargo, cuando te vas a la cama no puedes dormir".

Algo que hacía mal Borja, igual que muchos insomnes, es insistir en dormir, o quedarse en la cama estando despierto. "La cama no es un refugio. Cuando no se puede dormir hay que huir de ella. Muchos insomnes temporales terminan por convertirse en insomnes crónicos porque se meten en la cama y empiezan a dar vueltas a la idea de que el sueño no les viene, que al día siguiente van a estar mal…", explica el doctor García de León, director de la Unidad del Sueño de la Clínica La Milagrosa de Madrid.

Y una de las consecuencias es que termina por afectar al carácter: "En estos ý5 años de insomnio yo no era yo, llevaba una vida paralela a mi familia y a mis amigos. Estaba absolutamente inaguantable, arisco, antipático... Había veces que no distinguía el día de la noche. Una de esas noches, o de esas madrugadas, me presenté en casa de mi hermana ¡a las 7 de la mañana! Era sábado… imagina la cara de sorpresa que puso la pobre. También me veo a mí mismo conduciendo, en aquella época, y pegándome verdaderas bofetadas para no caer dormido al volante".

Así pasó Borja años y años sin tratarse. "La mayor parte de los pacientes con insomnio tiende a no considerar este problema como algo médico. Hay un estigma en esta enfermedad que lo relaciona con dificultades psicológicas y que hace que los propios afectados se avergüencen de buscar ayuda, o lo comenten muy por encima con su médico de cabecera que, a veces, no tiene la formación adecuada para ayudarles", explica García-Borreguero. Borja estaba convencido de que la causa de su trastorno eran "las ideas inciertas sobre la vida, el miedo que me producía no tener marcadas las líneas de actuación de mi vida; eso, unido a que había quedado un poco tocado de la cabeza con mi accidente". ¿Cómo terminó todo? Acudió a una unidad de estudio del sueño a lo largo de un año y allí descubrió que dormía más de lo que él pensaba; se sometió a un tratamiento con fármacos y encontró en la acupuntura y en el cambio de trabajo la paz que necesitaba.

Hoy, cinco años después, no tiene miedo a que vuelva su pesadilla particular. "Ahora tomo una pastilla diaria para dormir que me va fenomenal; además, estoy encantado con mi vida. Lo único que me da rabia de todos esos años perdidos es que el insomnio condicionó muchos aspectos de mi vida e hizo que ésta se deteriorara y perdiera calidad. No se lo deseo ni a mi peor enemigo".

Sin sueño desde la infancia. "Mi insomnio fue apareciendo y desapareciendo a lo largo de toda mi vida", explica Conchi Garciela, masajista de 34 años. Cuando tiene un buen momento, duerme bien. Si se altera o las cosas no marchan, no duerme… y así desde los 4 años. "De niña, me acuerdo de ponerme a jugar a media noche, o de que a mi madre le llamaran la atención por la calle porque yo me había quedado dormida apoyada en cualquier sitio". Según datos epidemiológicos, hay el doble de casos de insomnio entre mujeres que en hombres. "Sobre todo, de insomnios psicofisiológicos (los causados por estrés, ansiedad…)", afirma García de León. Pero cada día se hacen nuevos avances en la investigación del papel que juegan las hormonas de la mujer en el desarrollo del insomnio. Un factor que cobra mucha importancia en la menopausia.

En el caso de Conchi las causas fueron múltiples. "Yo creo que eran los conflictos de pareja que tenían mis padres los que no me dejaban descansar", confiesa. Luego, la costumbre, desembocó en un no dormir cada vez que tenía un problema. Es la pescadilla que se muerde la cola: los insomnes presentan dos o tres veces más perturbaciones psicológicas que los que no lo son. Y la depresión es de cuatro a cinco veces más frecuente en insomnes que en aquellos que duermen bien. Así lo consideró su médico de cabecera, que empezó a tratarla contra la ansiedad, a darle ansiolíticos. "Pero a mí no me convencía; quería un tratamiento que curara las causas, no los síntomas, por eso recurrí a la medicina natural y a la psicología".

Terapia. Por sexto sentido, Conchi hizo bien en no continuar con la medicación: "Cuando hablamos de insomnio psicofisiológico, no se deben emplear los fármacos de manera continuada, pues generan tolerancia. Para superarlo, lo mejor es la terapia con un psicólogo. En ý5 ó 20 sesiones se consiguen buenos resultados", explica García de León.

Justo lo que hizo Conchi con José Salmerón, un psicólogo especializado en fitoterapia y terapias naturales que llegó al quid de la cuestión: "Conchi tuvo una infancia con un alto nivel de conflictividad familiar con sus padres, lo que la llevó a dormir con dificultad por las preocupaciones. Esto creó una base de predisposición al estrés cada vez que tenía épocas vitales con más preocupación. La traté durante dos meses con técnicas de toma de flores de bach –preparado natural elaborado a partir de la decocción o maceración en agua de flores maduras–, pero también repasamos sus episodios vitales más dolorosos: discusiones familiares, etcétera, ayudándola a que los comprendiera desde un lugar adulto y elaborara el dolor que sentía. En dos meses había cambiado su patrón de falta de sueño por otro de alta motivación y ganas de autosuperación. Ya no se echaba atrás cada vez que tenía un reto: lo abordaba… Se volvió así una persona mucho más libre y capaz", explica su terapeuta.

Éste ha sido uno de los pocos casos de insomnio que, a la postre, ha servido para algo positivo: "Cambió mi vida. Cuando me di cuenta de que podía superarlo me puse a mejorar muchas otras cosas de mi entorno, incluso cambié de profesión. El insomnio me llevó a querer conocerme más a mís mismo, a intentar averiguar qué tenemos los seres humanos en la cabeza para sufrir trastornos como éste".

Si usted no puede dormir, se despierta sobresaltado –más ahora en primavera, cuando repuntan los problemas del sueño dbido al cambio de estación y la luz–, no descansa lo suficiente, le gusta dormir a horas desacostumbradas o se queda frito en cualquier momento, no lo achaque todo al cansancio, a las preocupaciones, al estrés. Los estudiosos del sueño lo tienen claro: "Detrás del insomnio hay cuadros orgánicos que lo causan y que, con tratamientos sencillos, tienen una buena solución", concluye García-Borreguero.

Fuente El mundo
Opiniones (5)
14 de diciembre de 2017 | 06:17
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14 de diciembre de 2017 | 06:17
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  1. Eso no es nada. Yo llevo 40 años sin poder despertar...
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  2. Nadie puede vivir este tiempo sin dormir, realmente es una barbaridad el título de la nota, además después se desdice de semejante mentira. Más que un problema de salud parece una nota burlesca. Qué feo!..
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  3. De La Rua llevaba 40 años dormido cuando asumió la presidencia y nunca nadie se interesó por estudiar semejante noni... pss!!!
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  4. Me parece que no.
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  5. antes de leer la nota ya sabia que era imposible no dormir por 40 años. POR QUE PONEN ESE TITULO ?? que amarillistas por favor !!! ademas en la misma nota desacreditan lo puesto en el titulo. cronica tv a full. feito eso.
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