Julio Le Parc: "Hay situaciones visuales que no tienen ningún sentido más que subordinar al espectador"

El gran maestro del arte cinético estuvo en Mendoza, donde fue declarado ciudadano ilustre. En conferencia de prensa ofreció algunos conceptos en línea con su historia de militancia desde el arte.

Hace más de medio siglo que se fue de Mendoza y de Argentina, para desarrollar sus estudios y su trabajo en Francia. Y ayer, Julio Le Parc regresó una vez más a Mendoza, pero esta vez para ser reconocido como ciudadano ilustre por el gobierno provincial.

El gobernador, Paco Pérez, y la ministra de Cultura, Marizul Ibáñez, sentados junto al maestro del arte cinético, quienes dieron a conocer la decisión de reconocer de esta manera al artista plástico, además de que adelantaron que el centro de la cultura que se está construyendo en Guaymallén (que sería inaugurado en septiembre, aseguró Pérez) recibiría su nombre. En este espacio a inaugurarse, Julio Le Parc colocaría una obra suya hecha en función del centro cultural, por eso, ayer el artista fue invitado a recorrerlo.

El decreto 878 firmado por Pérez declara ciudadano ilustre a Le Parc, quien agradeció diciendo: “Lo que me queda es ver si puedo estar a la altura de la distinción”.

En la conferencia de prensa de ayer en la Casa de Gobierno, Julio Le Parc ofreció algunos conceptos en línea con su historia personal de militancia desde el arte.

Julio Le Parc, declarado ciudadano ilustre de Mendoza.

El arte en Argentina y Latinoamérica

Consultado sobre la actualidad del arte en esta parte del mundo, Le Parc sintetizó: “En general, pienso que la creación artística argentina y en América latina es tan buena o importante como la que pueda hacerse en Europa o Estados Unidos de Norteamérica. Lo que queda es tener cada vez más medios para ponerla en evidencia y, sobre todo, no dejarse invadir por productos culturales que tienen muchas veces el trasfondo de una hegemonía a nivel internacional de países que ya la tienen militarmente, y poder acentuar lo más que se pueda todas las iniciativas, de manera de que el arte latinoamericano se sienta defendido por los latinoamericanos, sus gobiernos y por el pueblo en general”.

El principio del arte (o el arte por principio)

La pregunta de para qué sirve el arte no tiene ningún sentido, porque además de que su respuesta sería siempre incompleta, cada artista tiene su propia visión de la magnitud y el fin de su obra. Pese a la multiplicidad de respuestas que esta cuestión puede tener, siempre es bueno conocer cuál es el punto de vista de un artista como Julio Le Parc, quien se convirtió en un referente internacional del arte cinético y, entre otras cosas, alguna vez quisieron echarlo de Francia por su participación en el Mayo del 68.

“Todo aquello que pueda estimular a la gente, darle un poco de optimismo, de respiro, que despierte ideas para realizarse y enfrentarse a los problemas cotidianos, me parece siempre muy bueno, pero, en general, lo que puede ser que a uno le produzca un rechazo o esté dentro de un campo un poco mórbido, que llegue a crear temores, impaciencias, incertidumbres, a mí no me interesa mucho”, detalló Le Parc.

Arte y tecnología

El aparentemente imparable avance tecnológico en el que estamos inmersos lleva a preguntarse de qué manera un artista como Le Parc, cuyo leitmotiv fueron siempre el movimiento y las luces, puede apropiarse de la nueva tecnología y llevarla a su obra, máxime luego de que dijera: “La tecnología que yo usaba cuando empecé era la lamparita de la cocina, después no avancé mucho más, en aquella época no existían los ordenadores, los programas, y a los problemas tenía que resolverlos con lo que yo podía encontrar, porque, si no, no había planteos, quedarme quieto esperando a que inventaran estas cosas no era bueno”.

Como ejemplo, Le Parc contó que en cierta oportunidad realizó una escultura en Italia a la que quería iluminar “de una manera muy sencilla, una especia de luz que subía dulcemente, en forma casi aleatoria”. Entonces, pusieron a su disposición un equipo de especialistas que hacían trabajos en discotecas y en grandes espacios abiertos, quienes le ofrecieron una gama de posibilidades, todas controladas por computadoras, pero eran “cosas que uno ve en todos los espectáculos, luces que dan vuelta para acá, todo controlado por ordenadores, pero no encontraron solución”.

“Así que lo más simple no lo pudieron hacer, o había que esperar dos meses para que hicieran un programa con lo que quería, en cambio, con las maquinitas que yo hacía con un motor y una lamparita, yo obtenía lo que quería y de una manera bastante precisa”, siguió relatando Le Parc, para luego concluir: “A veces, uno se encuentra con una cantidad de situaciones visuales producidas por estos medios y que no tienen ningún sentido más que subordinar al espectador y aturdirlo. Siempre me dio la sensación, cuando vi un espectáculo de luces en los edificios, de que hay una superposición de cosas y llega a quedar una gran confusión, no llega a surgir algo preciso, como si hubieran tirado pintura y pintura y pintura,  o imágenes e imágenes e imágenes. Tal vez el que programó todo eso se dejó dominar por la técnica e hizo un alarde de conocimiento. Sin embargo, en algunas cosas he visto que hay una idea detrás, una idea muy simple, precisa, nítida, de manera que el espectador puede captar la idea y no sentirse abrumado, como en los grandes espectáculos en los que la que la idea es invadir al público con sonido e imágenes”.

Esta mañana temprano, Julio Le Parc partió de Mendoza, y entre los compromisos inmediatos tiene una exposición en Francia y otra en Río de Janeiro, además de que a fin de año inaugurará una obra suya en una plaza de Puerto Madero.

En tanto, se están preparando dos libros biográficos, uno en Francia y otro en Argentina, y a Mendoza llegó acompañado también por el equipo que está filmando un documental sobre este genio del arte cinético que iluminó a generaciones de artistas que trashumaron sus huellas.

Alejandro Frias

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