Dios provee y el meteorólogo prevé

A partir de la explicación de los correctos usos de los verbos "proveer" y "prever", la lingüista Nené Ramallo repasa algunos de los errores que cometemos al emplear los términos "agua", "aula" y "hada", entre otros, y explica por qué se utiliza el género femenino para las siglas AFA y AFIP.

Diariamente, al escuchar los pronósticos meteorológicos, oímos de boca del periodista que nos dice cómo va a estar el tiempo en las próximas horas o en los días venideros, “*se prevee una tarde lluviosa” o “*se preveen jornadas muy calurosas”.

Si pensamos en lo que significa el verbo ‘prever’, advertimos que quiere decir “ver por anticipado”. Entonces, si está emparentado con el verbo ‘ver’, lo conjugaremos del mismo modo; decimos No se ve el horizonte y No se prevé una mejora salarial en los meses venideros. Los pequeños niños no ven bien y El meteorólogo anunció que se prevén lloviznas parciales. No se duplica la E en ninguno de los casos. La única diferencia estriba en la colocación de tilde en las formas prevé y prevén, por ser vocablos agudos terminados, respectivamente, en vocal y en -n.

En los tiempos del pasado, se conjuga también como ‘ver’: No preví su retiro anticipado. Las autoridades previeron cambios.

¿Por qué se tiende a agregar una E en estas formas del presente de PREVER? Simplemente porque se confunde con el verbo PROVEER (aprovisionar), el cual sí, en algunas de sus formas, duplica la vocal E: Su hijo le provee los medicamentos que necesita. Esos vendedores me proveen de todos mis cosméticos preferidos. En los tiempos pasados, adopta la misma conjugación que ‘leer’: proveí, proveyó, proveímos, proveyeron.

También nuestros oídos aguzados en detectar errores cotidianos percibieron, en la propaganda de una nueva bebida saborizada, una frase errónea: “*… el mismo agua…”. ¿Dónde está el error? Está en considerar que ‘agua’ es un sustantivo masculino; inclusive, alguna vez, los chicos han vuelto de la escuela con la palabra ‘agua’ encolumnada entre los sustantivos masculinos.  ‘Agua’ es un sustantivo FEMENINO que, por razones de eufonía (buen sonido), adopta el artículo masculino, en singular: El agua. La prueba de su género femenino está en pasar la forma al plural: Las aguas. También podemos demostrar su carácter de sustantivo femenino si le añadimos un adjetivo: agua fría, agua tibia agua bendita. Lo mismo sucedería si entre el artículo y el sustantivo colocáramos un adjetivo: La misma agua, la buena agua. O si usáramos el sustantivo en diminutivo: la agüita fresca.

¿Por qué sucede esto? Sucede esto porque el sustantivo comienza con la vocal A, tónica; ocurre otro tanto con otros sustantivos femeninos que comienzan con A o HA tónicas: el hada, el hacha, el aula, el área, el águila, el arpa, el asta, pero hada buena, hacha filosa, aula magna, área extendida, águila negra, arpa desafinada, media asta.

Si le añadimos un demostrativo y lo colocamos delante de uno de estos sustantivos, mantenemos el género femenino para el demostrativo: No digas de esta agua no he de beber. Esa aula es la mayor del edificio. Taló los árboles con aquella hacha.  Consideran que esta área es peligrosa.

Las excepciones a esta regla son los nombres de las letras: La alfa, la hache, la a. También, los nombres de mujer cuando, por razones de estilo, llevan artículo: La Álvarez de la que te hablé es buena profesora. Otro tanto ocurre con el artículo para topónimos como La Haya o para siglas como la AFA o la AFIP, en donde la primera palabra componente de la sigla es ‘asociación’, que comienza con una A no tónica.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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