Grandes impostores: Isabel I era un hombre

El creador de "Drácula", Bram Stoker, escribió en 1910 "Famosos impostores", una recopilación de las mayores imposturas de la historia. Entre el rumor y el rigor revela las biografías de célebres embusteros, como Chevalier D´Eon, el James Bond del siglo VIII, el espía que se vestía de mujer en sus misiones.

La reina Isabel I de Inglaterra, la última monarca de la dinastía Tudor, murió soltera y sin hijos, en 1603. De haber dado a luz algún descendiente hubiera sido toda una sorpresa, porque, presumiblemente, su corona de reina la sostenía un cuerpo de hombre.

Para entender la leyenda, quizás habría que retroceder hasta su niñez, cuando aún gobernaba su irascible padre, Enrique VIII, rey de Inglaterra y señor de Irlanda. La pequeña princesa Isabel había viajado a la localidad de Bisley con su institutriz. Allí, el viento frío de la comarca la mató.

Isabel contrajo unas fiebres que marchitaron su cuerpo, justo cuando su progenitor Enrique VIII llegaba a la aldea para visitarla. El rey era mucho más temido por su corte y séquito que por sus propios súbditos. La institutriz de la princesa no se atrevió a dar la triste noticia a su monarca, más bien trazó un plan, digamos, provisional.

La niñera buscó en la comarca una niña sustituta para recibir al rey, pero no la encontró. Ninguna tenía ni la edad ni la estatura de Isabel. A punto de claudicar, la institutriz arriesgó. Así, vistió de princesa a un joven niño, con el que la princesa se había encariñado.

La visita real aconteció sin mayores percances. No en vano, el monarca apenas pasaba tiempo con su hija y, durante el breve encuentro, la pequeña Isabel –ahora joven impostor- ni siquiera suscitó las sospechas de su padre.

Aquella impostura duró años. La localidad de Bisley estaba lo suficientemente aislada del reino para salvaguardar el terrible secreto. Sin embargo, los acontecimientos situaron un día a la joven princesa Isabel en la línea de sucesión directa al trono de Inglaterra. Entonces, todos los conocedores del rocambolesco cambio de personalidad desaparecieron de la faz de la Tierra.

Tan sólo dos personas quedaron vivas. Una de ellas era la institutriz de la princesa, la señora Ashley, además de Thomas Parry, padre del joven sustituto, que luego se convertiría, bajo su disfraz principesco, en la última reina de Inglaterra de la dinastía Tudor.

Isabel I llegó al trono inglés, pero nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Su pueblo la llamaba La Reina Virgen.

Así lo cuenta Bram Stoker (1847-1912) en su libro Famosos impostores (Melusina, 2012). Entre el rumor y la leyenda, aquí Stoker también nos cita algunas célebres biografías de otros tantos charlatanes o embusteros como Perkin Warbeck, Stefan Mali o Arthur Orton, por ejemplo.

Aunque, posiblemente, el lector se detendrá con mayor atención en esta leyenda de la reina Isabel I de Inglaterra, sin olvidar también al denominado James Bond del siglo VIII, el Cheavalier D´Eon, espía que se disfrazaba de mujer para sus misiones secretas por toda Europa.

Famosos impostores es un libro poco conocido en España y ahora se edita en nuestro país justo en el centenario del fallecimiento de Bram Stoker. El creador de Drácula lo escribió en 1910, justo dos años antes de que la sífilis le hicera pronunciar en rumano su última palabra: Strigoi (muertos vivientes).

Fuente: David González / aviondepapel.tv

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