Cosas de negros: tres especialistas hablan sobre la negritud en Mendoza

A propósito del lanzamiento del libro "Negradas", de Oscar Miremont, lo reunimos con Luis Caballero, genealólogo y autor de "Los negros esclavos en Mendoza", y Ariel Sevilla, periodista, autor "Gregorio Torres: unitario, mulato y pintor".

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"Todo lo que pueda hacerse con las razas inferiores es protegerlas para que se extingan agradablemente. (...) El indígena de Sudamérica es fatalista, resignado y vengativo; el negro es a un tiempo servil y pagado de sí mismo. Las mezclas de esos elementos producen el mestizo amoral, y el mulato falso y mentiroso". Carlos Octavio Bunge

Manaña, a las 20, en la sala Elina Alba (España y Gutiérrez de Ciudad), se presentará el libro Negradas, de Oscar Miremont.

La nueva publicación de Miremont reúne poesías escritas a partir de documentos sobre los negros en Mendoza. En un trabajo similar al que realizó con los huarpes en Los hijos de huar, Miremont propone una mirada más profunda sobre quienes fueron esclavos por estas tierra, poniéndoles voces a quienes fueron silenciados durante tanto tiempo.

A propósito del lanzamiento de este libro, MDZ Online reunió a Miremont con Luis Caballero, genealólogo y autor, entre otros, del libro Los negros esclavos en Mendoza, algunas genealogías, y Ariel Sevilla, periodista e investigador, autor del ensayo Gregorio Torres: unitario, mulato y pintor, que repasa la vida y la obra de este artista plástico mendocino descendiente de negros.

En una conversación amena y llena de contenido, los tres aportan datos sobre la presencia pretérita, presente y futura de los negros en nuestra provincia.

Caballero, Sevilla y Miremont entrando en calor.

Están acá, nunca se fueron

Llegan y se ponen cómodos, conversan de historiografía, de lo que cada uno leyó del otro, del trabajo en general. En ese ambiente, tratando de no romper ni interrumpir al clima que se ha dado, les hacemos la pregunta que dispara todo lo demás.

- ¿Qué pasó con los negros en Mendoza?

L.C.: Básicamente, estamos de acuerdo en que los negros vinieron a sustituir la mano de obra indígena que se creía ya extinguida, digo se creía porque había algunos refugiados en las lagunas de Guanacache, y sustituyeron a los indígenas que fueron llevados a Chile, en gran parte para obras públicas, sobre todo en Santiago, y hay una secuencia en eso.

A.S.: Está demostrado en el libro de Luis Caballero que los negros en Mendoza siguen existiendo en la sangre de muchísimos apellidos, muchos apellidos muy comunes tienen sangre negra, sólo que la gente no lo sabe. Ahora, concretamente, qué pasó con los negros en Mendoza, hay muchísimas explicaciones, una de ellas tiene que ver con la formación del Ejército de los Andes, porque muchísimos negros que no habían alcanzado por la Ley de Vientres se enrolaron en el ejército como forma de alcanzar su libertad, y eran la punta de lanza, y muchísimos no volvieron, por eso quedaron tantas negras en Mendoza, de hecho, una de las últimas cartas de libertad que se emitieron en Mendoza… [a Caballero] ¿En el año 1851?

L.C.: Increíblemente sí, porque mucha gente piensa que la esclavitud se terminó en 1813.

A.S.: A esa carta de libertad la extendió el gobernador Pedro Pascual Segura y fue a una mujer.

L.C.: Y en 1853 había una lista con los últimos 74 esclavos a los que se les otorgó la libertad.

Gregorio Torres.
A.S.: Pero la negritud no era un tema terminado, hay una foto de 1895 en la que tenemos negros en la cosecha, y por supuesto el negro, salvo excepciones, formaba parte del último grupo social. En de Gregorio Torres es un caso bastante singular, porque él nace en 1819 y es mulato. Su abuelo era blanco, español, y su abuela era negra. Su papá, Cruz Torres, es mulato, y aparentemente había una muy buena relación entre este papá blanco y su hijo mulato, lo que permitió que su nieto, Gregorio Torres, ya pasado el año 1813, en que se sancionan libertades pero van a continuar el racismo y las diferenciaciones sociales, tuviera otra trayectoria en su vida. De hecho, hace que pueda estudiar arte, cosa que no era para cualquier persona, incluso siendo blanco. Y hay una cosa muy singular, porque se da el caso en Chile del que es considerado el primer pintor chileno, Castro Gil, que también era mulato, y el profesor de pintura de Prilidiano Pueyrredón también era negro. Y los negros en general, durante la Colonia y ya entrado el siglo XIX, eran muy valorados por sus habilidades para la música. En Mendoza, incluso había un señor muy rico de apellido Vargas, que le regaló a San Martín una orquesta particular que estaba integrada totalmente por negros, y muchos negros se encargaban acá en Mendoza y en Buenos Aires de ser maestros de música de las niñas de sociedad, que aprendían en su domicilio.

O.M.: Yo conseguí varios nombres de la gente que se vende en 1853, porque hay un decreto del Poder Ejecutivo por el que se los compra para darles la libertad. Y el gobierno paga poco, así que las familias adineradas se quejan. Pero para ver qué pasó con los negros yo tengo dos citas, y adhiero a la segunda. La primera es de Carlos Saúl Menem, que dice que en la Argentina no hay negros, pero la segunda es de Binayan Carmona, un historiador que me parece lo más interesante que he encontrado, y dice: “¿Qué se hizo de tanto negro? Hablar del clima es una tontería, según eso no tendría que quedar ninguno en Estados Unidos, decir que fueron diezmados en la guerra de la Independencia es parcialmente exacto pero sólo para un corto número. Por lo demás, las cifras de la población en 1778 hasta los censos posteriores a la caída de Rosas indican un crecimiento sostenido e invariable. La verdad parece ser que los negros se diluyeron en las indefinidas ‘castas’ y que, de tal modo, el cabecita negra de hoy, su descendiente, es una mezcla de blanco, negro o indio que resulta difícil o imposible separar la dosis”. Yo me he parado en la esquina de Buenos Aires y San Martín y ahí están. Como estuve dos años leyendo sobre negros, empecé a mirar, y a decir “este es descendiente de negros”. Y otra cosa que hice fue preguntarle a la gente si tenía parientes negros, y encontré a varios blancos que tenían abuelos negros y que yo no lo hubiera sospechado nunca, y hasta me mostraron fotos.

L.C.: En mi caso, la investigación es desde antes de la fundación hasta nuestros días, y, por ejemplo, hay una familia Muñoz en Perdriel que desciende directamente de María Jesús, que era la esclava del general San Martín. Estamos hablando de datos de nuestros días. Ahora, con respecto a eso de qué extraño un blanco descendiendo de un negro, está el mestizaje, que es otra causa de la dilución. Y respecto de que los negros no sólo trabajaban la tierra y se enrolaban en el ejército, yo tengo en el libro el dato de Fernando Restituto Guzmán, que fue llamado el Juan Bach de la América, que era de grupos de negros que se educaron en el colegio de Santo Domingo hacia 1790 y después emigraron a Chile y ahí se expandieron al mundo, y eran excelentes violinistas, pianista, músicos clásicos…

O.M.: Y está el molinero Tejeda.

L.C.: El molinero Tejeda, eximio técnico.

O.M.: Y que se arma él mismo un piano.

Cosecha en 1895. Se ve a varias personas con rasgos negros. (Gentileza A. Sevilla)

- Es decir que el negro ocupaba varios lugares en la sociedad.

L.C.: La diferencia está en los porcentajes. En su mayoría eran artesanos, agricultores.

A.S.: En realidad, el negro era el último orejón del tarro. Ocupaba este tipo de funciones porque tenía esa habilidad, pero habitualmente era el que estaba en la viña, ya que no había indígenas que se dedicaran a eso, y ocupaban el último nivel de la sociedad. En cuanto a lo que acabo de decir, no es que no había indígenas, sólo que, a lo largo de la Colonia, los indígenas que no escaparon, que no murieron, que no fueron trasladados, se autoinvisibilizaron para no sufrir las consecuencias de su etnia, es decir, tomaron nombres españoles, entonces, de su nombre original aymara, pasaron a utilizar nombres españoles. En cambio, el negro siguió siendo el esclavo.

O.M.: Pero tenían apellidos españoles.

A.S.: Pero no se invisibilizaron como el huarpe, se mestizaron.

O.M.: En general, tomaban el nombre de los patrones.

L.C.: Sí, y hay una cosa muy interesante: en toda la investigación que hice, en ningún momento logré encontrar  el nombre original de un esclavo, su nombre africano. Ni un solo negro pude encontrar con un apellido original africano.

A.S.: Es que tanto los negros como los indígenas eran bautizados, por lo cual se les ponían nombres españoles. Eran bautizados por lo de la buena muerte, es decir, en el siglo XVIII, cuando se le tenía muchísimo miedo al más allá, al infierno, no bautizar a los esclavos o a las personas que estaban a tu servicio podía ser una mala acción que te llevara al infierno, entonces ahí desaparece el verdadero nombre del indígena o del negro.

- O sea que tanto el rastro del nombre como el sanguíneo se va perdiendo con el mestizaje.

A.S.: Pero hay algo que no se puede perder, que es el fenotipo. El color de la piel, los rasgos… Lo que pasa es que es complicado ver a una persona de piel morena y decir este es descendiente de negro, no te podés guiar sólo por eso, porque a medida que van pasando las generaciones se van diluyendo algunos rasgos, pero hay otros que se mantienen.

L.C.: Y en este punto yo agregaría que Miguel Marino, de la UNCuyo, que es un médico, ha trabajado con el ADN mendocino y ha determinado que hay un 50 por ciento español, un 40 indígena y 10 por ciento de negro. El problema es no pude encontrar nunca una familia completamente negra, como la familia Obella, que históricamente ha trabajado en el Congreso y que ha conservado la pureza racial del negro y de los mulatos, pero acá no eso no ha sucedido.

A.S.: Lo que pasa es que en Mendoza el fenómeno de la inmigración es una obviedad. Si bien en un principio lo endogámico, los casamientos entre familiares a partir de determinados grados, especialmente entre los criollos o entre miembros de la comunidad, españoles, italianos, llegado el siglo XX eso se perdió y comenzó el proceso de mestizaje, y es lo que va a derivar en el mendocino de hoy.

O.M.: Yo tengo una opinión sobre eso, que es la que pongo en la última poesía del libro y que se llama Estás aquí, nunca te fuiste, y dice “estás aquí, juntando ajos en el Rodeo de la Cruz, vendimiando en Los Corralitos por una ficha mugrienta, enladrillando la tierra en El Algarrobal, limpiando baños en Palmares, subido al camión de la basura en Luzuriaga, aburrido en el parripollo de la Villa Nueva, envasando tomates en La Consulta, desocupado en Junín, preso en Boulogne Sur Mer, vendiendo películas en la puerta del Átomo”. Es donde yo lo vi. Evidentemente no está la pureza de la sangre, pero están ahí.
Pero también vos, Luis, demostraste que hay una parte de la sociedad alta que oculta su ascendencia negra.

L.C.: Es el caso de la familia del gobernador José Néstor Lencinas. En realidad, la línea directa del apellido tiene origen indígena del Paraguay, pero tiene afluentes mulatos y negros.

A.S.: Volviendo al tema de que los negros existen todavía, no nos olvidemos de que ahora hay negros puros que son contingentes de africanos y que los vemos en los mercados persas. Son de Senegal, y ahora están llegando los colombianos, y antes vinieron los peruanos. Pero a los mendocinos no nos llama la atención, por lo general.

Oscar Miremont, autor del libro "Negradas", que se presenta mañana.

- ¿Podrían cerrar con alguna conclusión?

A.S.: Siempre se ha dicho que los primeros desaparecidos fueron los negros, pero insisto en que los negros no han desaparecido, están en la sangre de muchísimas familias mendocinas, y hay negros en la calle y los podemos ver. No sé si alcanzarán para volver a colonizar, procrearse e instaurar nuevamente la negritud en Mendoza, pero están presentes.

O.M.: Está bueno sacar a la luz algo que no te enseñan en las escuelas y la universidades. Para estudiar esto hemos tenido que rastrearlo. Leíamos libros de otras cosas para encontrar lo que andábamos buscando. En general, no existen libros sobre los negros en Mendoza. Y lo que hay son estudios para historiadores, yo no encontré publicaciones para la gente.

L.C.: Simplemente, una obviedad tal vez. El título de mi libro dice algunas genealogías, porque no podés completar nunca un árbol genealógico y porque no cabe toda la historia de los negros en Mendoza en un libro.

Y para cerrar, compartimos con los lectores Cosa de negros, de los Alfajores de la Pampa Seca.

Alejandro Frias

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6 de Diciembre de 2016|05:40
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6 de Diciembre de 2016|05:40
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  1. Estimado Luis Caballero. Tengo 48 años, hijo de Carlos Washington Lencinas, nieto de Rafael Néstor (que es hijo de José Néstor y hermano de Carlos Washington, ambos gobernadores). Que yo sepa (y por lo que he vivido) nadie ha negado nada y ninguno de los que yo conocí tenía pretensiones de "nórdico" o era vergonzante de arrastrar ascendencia de nada. Es más, hasta le pediría un favor. He buscado mediante "la diosa internet" todas las posibilidades para saber de dónde venimos y no encuentro nada. Lógicamente no le voy a pagar ni $ 10 a cualquier chanta que hasta me arme un escudo de armas. Para terminar, y decir que dentro de toda familia siempre existe algún creído (y más si tuvo algún abuelo o tío funcionario), quería aclararle que de los más cercanos y queridos no creo que haya (pero si conocí anécdotas de mi abuelo Rafael con alguna de sus hermanas cuando "paraban la nariz" por ser hija y hermana de gobernadores, él le decía: "...de qué estas hablando, si nuestros antepasados contrabandeaban animales para Chile..."). Lo que si sé es que hay Lencinas en Mendoza al menos desde siete generaciones y sé que el primero que llegó vino de Chile, si no me equivoco.
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