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La violencia en el fútbol y la necesidad de que alguien se ponga los pantalones

Si bien la gesta unipersonal de Javier Cantero es un símbolo de que se puede luchar contra la violencia, la soledad en la que se encuentra peleando demuestra la falta de apoyo de la política y la Justicia en este tema.

Barras de un club que se enfrentan con barras de otro club, facciones de una misma barra que resuelven sus negocios a los tiros, barras que aprietan al presidente de un club porque les cortó los “privilegios” y el colmo, policías que deciden disparar y lanzarle piedras a hinchas de un equipo por ser de otro provincia (aunque este es otro tema). Parece todo sacado de una pésima novela de terror, pero es la realidad que vive nuestro fútbol.
 
Javier Cantero, presidente de Independiente electo a finales de 2011, ha emprendido una lucha contra la delincuencia organizada de nuestro deporte: los "barras". La decisión de terminar con los privilegios del grupo más violento de los hinchas del Rojo le costó al mandatario del Diablo un apriete en su despacho y la amenaza permanente sobre su vida, su familia y sus intereses económicos.



Si bien la llegada de hombres como Cantero a la presidencia de uno de los cinco clubes “grandes” de la Argentina es una esperanza real para los que desean un fútbol menos violento, la soledad en la que lucha es la prueba fiel de que no existe intención desde la política, ni desde la Justicia, de acabar con el flagelo que arrincona a nuestro fútbol.

Quizás sea la estrecha relación de las "barras" con muchos intendentes (sobre todo del Gran Buenos Aires) y políticos en general probada en infinidad de notas por Gustavo Grabbia (periodista especializado en barrabravas; sí, leyó bien, hay periodistas especializados en barrabravas). O tal vez sea el hecho de que muchas veces las barras trabajen como brazo armado de algunos sindicatos. O a lo mejor haya razones más oscuras y siniestras que impiden que la policía y sobre todo la Justicia investigue y detenga a los "barras".

Pero seguramente, el negocio de que existan los barras es tan enormemente redituable que el dinero alcanza para callar las voluntades o para sacar del medio a los que, como Cantero, van al frente en el tema violencia. Recordemos, para hablar de plata, que por ejemplo en los recitales de Roger Water, se cobraba en los alrededores del estadio Monumental unos 200 pesos por auto, sacando la cuenta por cuadra y por manzana uno puede llegar a entender la magnitud del negocio en un aspecto, quizás el más pequeño que manejan estos "tipos".



¿Nadie sabe que extorsionan a las personas que estacionan en las canchas?¿Nadie sabe que venden las entradas “de favor” y entran luego de “hablar con la policía”?¿Nadie sabe de qué viven y por qué pueden recorrer el país mientras el resto labura?¿Nadie sabe que no los requisan en el ingreso del estadio? Parece que no.

En conclusión, la cruzada de Javier Cantero es valiosa por su valentía, pero la soledad en la que pelea es la demostración cabal de que hay mucha gente en este ámbito que no quiere que la violencia termine. Esto es en términos de la violencia organizada, para el otro tipo de violencia, la de los desequilibrados individuales y anónimos que creen que se puede insultar a un jugador porque pagó una entrada o escupirlo o tirarle algo y en algunos casos orinarlo; para estos la solución es mucho profunda.

Opiniones (1)
22 de noviembre de 2017 | 22:07
2
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22 de noviembre de 2017 | 22:07
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  1. la corrupcion es la que tiene contaminada la posibilidad de solucion.... Lista de corruptos... -Trapitos fuera de los estadios -Policias -Barras -Clubes -jugadores -afa -gobierno de turno
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