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Guardiola deja al Barcelona de Messi en el Olimpo del fútbol

La partida de Pep Guardiola de la dirección técnica del Barcelona cierra cuatro temporadas llenas de éxito para un equipo catalán, que bajo sus órdenes y liderado por el argentino Lionel Messi, se instaló para siempre en el olimpo del fútbol mundial.

Nadie se atrevería a decir que su marcha sea el fracaso de un proyecto porque no lo es. Es consecuencia de la coherencia de un profesional exigente que conoce cuáles son sus limitaciones y que entiende como nadie lo que necesitan sus jugadores.

“Lo que sea bueno para el Barcelona, es bueno para mi”, dijo Pep el 17 de junio de 2008, cuando llegó a la dirección técnica del conjunto culé para reemplazar al holandés Frank Rijkaard.

Y él, más que nadie, sabe dónde está el límite. “La exigencia en el Barcelona es muy alta, se necesita energía, pasión, tener vida, para contagiar a los jugadores”, argumentó hoy en conferencia de prensa en el Camp Nou.

Que el Barsa cayera recientemente derrotado frente al Real Madrid y perdiera toda posibilidad de conseguir el campeonato o que haya sido eliminado de la Liga de Campeones en seminales contra el Chelsea, fueron, evidentemente, signos de agotamiento.

“El tiempo siempre desgasta y yo me he desgastado”, amplió. “Me he vaciado y necesito llenarme. Por eso “creo sinceramente que el próximo dará cosas que yo ya no puedo”, remarcó.

“La estima que tengo hacia estos jugadores es muy fuerte como para ponerla en riesgo, creo que nos hubiésemos hecho daño”, añadió Guardiola.

Cuidadoso con todos los detalles, Pep pidió disculpas por haber generado incertidumbre hasta último momento en torno a su decisión de continuar o marcharse del club.

Según explicó, había tomado la decisión en octubre y en diciembre y se lo comunicó a los directivos, pero no informó a los jugadores hasta que el equipo quedó afuera de las dos competiciones más importantes, la Liga española –sentenciada por Real Madrid-, y la Liga de Campeones de Europa.



Pep sabía perfectamente el impacto que su decisión iba a tener entre los jugadores, especialmente en su máxima estrella, Lionel Messi, con quien estableció una relación única e irrepetible, tanto a nivel personal como futbolístico.

En la primera fila de la sala de prensa del Camp Nou estaban, conteniendo la emoción, los capitanes del equipo, Puyol y Xavi, además de Andrés Iniesta, el arquero Víctor Valdés, y detrás de ellos estaban Pedro, Busquets, Cesc y Piqué.

En la imagen del adiós, la despedida de Guardiola, del hombre que junto a esos jugadores excepcionales ha marcado la historia no solo del Barcelona sino del fútbol mundial, faltaba Messi.

“Quiero agradecer de todo corazón a Pep lo mucho que me ha dado a mi carrera profesional y personal. Debido a esta emotividad que siento, preferí no estar presente en la rueda de prensa, sobre todo porque sé que ellos (la prensa) buscarán los rostros de pena de los jugadores y esto es algo que he decidido no demostrar”, escribió el argentino en su cuenta oficial de facebook.

¡Leo está! ¡Leo está! insistió Pep cuando la prensa le preguntó en reiteradas ocasiones sobre los motivos de su ausencia, que llamaron mucho la atención.

Sin duda, una de las claves del éxito de Guardiola ha sido su personalidad, la manera en que trata a sus jugadores, como gestiona a sus estrellas.

Y en este sentido, Messi ha sido la prueba de su gran capacidad. Guardiola consiguió que el argentino expresara al máximo su talento natural.

Junto a Pep, Messi se superó a si mismo cada año y obtuvo, además de los títulos, todos los premios individuales que podría haber conseguido, entre ellos, fue tres veces consecutivas Balón de Oro (2009-2010-2011).

Sin el argentino, el técnico catalán tampoco hubiese conseguido los 13 títulos que logró en casi cuatro años; y aún podría sumar uno más, la Copa del Rey. De hecho, es el único entrenador en ganar seis títulos en una misma temporada: La Liga de Campeones de Europa, la Copa del Rey, la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundialito de clubes.

El récord de títulos vino, asimismo, acompañado de un estilo futbolístico, el juego de toque, que instauró el “Dream Team” de Johan Cruyff, del que Pep formó parte, y que luego perfeccionó como entrenador de la mano de jugadores extraordinarios.

Guardiola le debe mucho a Messi, igual que Messi le debe mucho a Guardiola, a su estilo, a su trato humano. El crack argentino nunca olvidará sus gestos.

Fue él quien le permitió cumplir muchos de sus sueños, entre ellos participar de los Juegos Olímpicos de Pekín, de los que regresó con la medalla de Oro en 2008.

Las imágenes y frases que reflejan el cariño que se tienen son innumerables. “Guardiola sin duda es más importante que yo para el equipo”, llegó a decir Messi recientemente ante la posibilidad de la marcha de su entrenador.

Lo que él quizás menos quería finalmente se concreto. Pero para tranquilidad del argentino, Guardiola dejó todo arreglado con la elección como sucesor de Tito Vilanova, quien ha sido su mano derecha en estos últimos cuatro años.

Tito conoce muy bien a Messi, incluso desde que el argentino era un niño y jugaba en las categorías inferiores del Barcelona, junto a Cesc y Piqué.

Tito garantiza la continuidad del proyecto, del estilo, de una manera de entender el fútbol y a los profesionales de este deporte. Pero ¿será capaz de aguantar la presión e interpretar a Leo igual que su predecesor?.
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20 de septiembre de 2017 | 08:10
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