Los laberintos de Borges: la letra y la ley en el conflicto Kodama-Katchadjian

Al debate sobre los aspectos legales, "El Aleph engordado" exige poner el ojo en la validez de este tipo de intervenciones, usos o intertextualidades en la literatura. Lo que dice la ley y la palabra del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.

En Twitter, @FriasAle

Pablo Katchadjian escribió El Aleph engordado. Pero hace más de sesenta años Jorges Luis Borges escribió El Aleph. Y los nombres de estos dos cuentos no es coincidencia, pues Katchadjian tomó el cuento de Borges y lo amplió, no hacia adelante o hacia atrás, sino que le sumó texto entre las líneas escritas por Borges.

Veamos un párrafo de lo escrito por Katchadjian, cuyas inclusiones están en itálicas (puestas por nosotros), mientras que las de Borges permanecen en redondas.

“La candente y húmeda mañana de febrero en que Beatriz Viterbo finalmente murió, después de una imperiosa y extensa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo ni tampoco al abandono y la indiferencia, noté que las horribles carteleras de fierro y plástico de la Plaza Constitución, junto a la boca del subterráneo, habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios mentolados; o sí, sé o supe cuáles, pero recuerdo haberme esforzado por despreciar el sonido irritante de la marca; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella, Beatriz, y que ese cambio era el primero de una serie infinita de cambios que acabarían por destruirme también a mí.”

Por supuesto, esta publicación de Katchadjian generó la reacción de María Kodama, heredera de los derechos de la obra de Borges, quien le ha iniciado una acción judicial al autor de El Aleph engordado, exigiendo que se cumpla la ley 11.723 (de Propiedad Intelectual).

El trabajo de Katchadjian plantea, además del debate sobre los aspectos legales, otro debate sobre la validez de este tipo de intervenciones, usos o intertextualidades en la literatura. Y recalcamos que es sobre la literatura, porque, por ejemplo, en la plástica, las experiencias de los surrealistas sobre La Gioconda (y de ahí en más, muchos otros) parecen haber resuelto el uso de una obra tal como está para modificarla con un agregado, mientras que en la música esto es muy usual, con las reversiones, aunque siempre pagando los derechos correspondientes al autor.

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince es autor de, entre otros, Traiciones de la memoria, un libro en el que publica poemas atribuidos a Borges (dados a conocer por primera vez en una publicación mendocina) pero que no han sido reconocidos por María Kodama. En comunicación con MDZ Online, Abad Faciolince se refirió a la publicación de Katchadjian y las derivaciones legales y literarias que de él se desprenden.

“Creo que un plagio, para ser tal, debe tener la malicia de ocultar el nombre del autor original. No he leído el libro de Katchadjian y su procedimiento, por supuesto, podría conducirlo a un fracaso fulminante o a un texto interesante. Pero no es esto lo que está en discusión, sino si hizo algo ilegal o no. Supongo que hizo algo ilegal para el código civil -al citar todo un cuento sin pedir permiso- pero justo para la literatura. Además no lo hizo para lucrarse. Borges, que era un escritor y no un juez, ni un paranoico, ni un codicioso, jamás habría demandado al autor, pues para la literatura existe un solo tribunal: la justicia poética”, dijo Abad Faciolince, dando una opinión que nos aproxima a lo que, creemos, será la derivación a dos puntas que marque el rumbo de El Aleph engordado.

Lo que dice la ley

La Ley 11.723 de Propiedad Intelectual contiene varios artículos que impactan directamente sobre el caso en cuestión. Reproducimos a continuación el texto al que nos referimos, pero no lo comentaremos, pues es cuestión de abogados y legistas decidir, por lo que la intención, en este caso, es sólo dar a conocer lo que dice la ley.

Art. 4.- Son titulares del derecho de propiedad intelectual:

c) Los que con permiso del autor la traducen, refunden, adaptan, modifican o transportan sobre la nueva obra intelectual resultante.

Art. 6.- Los herederos o derechohabientes no podrán oponerse a que terceros reediten las obras del causante cuando dejen transcurrir más de diez años sin disponer su publicación.
Tampoco podrán oponerse los herederos o derechohabientes a que terceros traduzcan las obras del causante después de diez años de su fallecimiento. En estos casos, si entre el tercero editor y los herederos o derechohabientes no hubiera acuerdo sobre las condiciones de impresión o la retribución pecuniaria, ambas serán fijadas por árbitros.

Art. 10.- Cualquiera puede publicar con fines didácticos o científicos, comentarios, críticas o notas referentes a las obras intelectuales incluyendo hasta mil palabras de obras literarias o científicas u ocho compases en las musicales, y en todos los casos solo las partes del texto indispensables a ese efecto. Quedan comprendidas en esta disposición las obras docentes, de enseñanza, colecciones, antologías, y otras semejantes. uando las inclusiones de obras ajenas sean la parte principal de la nueva obra, podrán los tribunales fijar equitativamente en juicio sumario la cantidad proporcional que le corresponde a los titulares de los derechos de las obras incluidas.

Art. 25.- El que adapte, transporte, modifique o parodie una obra con la autorización del autor, tiene sobre su adaptación, transporte, modificación o parodia, el derecho de coautor, salvo convenio en contrario.

Art. 59.- El Registro Nacional de la Propiedad Intelectual hará publicar diariamente en el Boletín Oficial, la nómina de las obras presentadas a inscripción, además de las actuaciones que la dirección estime necesarias, con indicación de su título, autor, editor, clase a la que pertenece y demás datos que las individualicen. Pasado un mes desde la publicación, sin haberse deducido oposición, el Registro las inscribirá y otorgará a los autores el título de propiedad definitivo si éstos lo solicitaren.

Art. 60.- Si hubiese algún reclamo dentro del plazo del mes indicado, se levantará un acta de exposición, de la que se dará traslado por cinco días al interesado, debiendo el director del Registro Nacional de Propiedad Intelectual resolver el caso dentro de los 10 días subsiguientes. De la resolución podrá apelarse al ministerio respectivo, dentro de otros 10 días y la resolución ministerial no será objeto de recurso alguno, salvo el derecho de quien se crea lesionado para iniciar el juicio correspondiente.

Art. 72.- Sin perjuicio de la disposición general del artículo precedente se considerarán casos especiales de defraudación y sufrirán la pena que él establece, además del secuestro de la edición ilícita:

a) El que edite, venda o reproduzca por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada sin autorización de su autor o derechohabientes;

b) El que falsifique obras intelectuales entendiéndose como tal la edición de una obra ya editada, ostentando falsamente el nombre del editor autorizado al efecto;

c) El que edite, venda o reproduzca una obra suprimiendo o cambiando el nombre del autor, el título de la misma o alterando dolosamente su texto;

d) El que edite o reproduzca mayor número de los ejemplares debidamente autorizados.


Art. 72 bis.- Será reprimido con prisión de un mes a seis años:

a) El que con fin de lucro reproduzca un fonograma sin autorización por escrito de su productor o del licenciado del productor;

b) El que con el mismo fin facilite la reproducción ilícita mediante el alquiler de discos fonográficos u otros soportes materiales;

c) El que reproduzca copias no autorizadas por encargo de terceros mediante un precio;

d) El que almacene o exhiba copias ilícitas y no pueda acreditar su origen mediante la factura que lo vincule comercialmente con un productor legítimo;

e) El que importe las copias ilegales con miras a su distribución al público.

Art. 73.- Será reprimido con prisión de un mes a un año, o con multa de mil pesos como mínimo y treinta mil pesos como máximo destinada al Fondo de Fomento creado por esta ley:

a) El que representare o hiciere representar públicamente obras teatrales o literarias sin autorización de sus autores o derechohabientes.

Por lo expuesto, es indudablemente que el fallo sobre el caso Katchadjian-Kodama marcará un hito respecto de la propiedad intelectual y el uso que de una obra pueda hacer alguien que no es el autor.

Lo que tendrá que decir la literatura

El resultado jurídico de este pleito, a nivel judicial, no involucra, en todo caso, los resultados del otro frente de discusión que abre el libro de Katchadjian.

Como ya dijimos, El Aleph engordado plantea otro debate, uno que tiene que ver con el hecho literario en sí, y aquí la cosa ya no tiene que ver con lo legal.

La gran cuestión aquí es la validez de lo que hizo Katchadjian. ¿Es una intervención? ¿Intertextaulidad? ¿Método de recreación de un texto? Hasta ahora, el uso de una obra previa se había restringido a fragmentos, ya fuera como epígrafes, como reseña, como juego de inclusión de una frase en un párrafo.

De hecho, como puede verse en el artículo 10 de la ley 11.723, se prevé que alguien pueda “copiar” hasta mil palabras sin que esto se considere plagio, siempre y cuando, claro, se aclare la procedencia (autor, nombre de la obra original, etc.).

El plagio, además, implica un interés de ocultar el nombre del o de los autores de los textos usados, pero Katchadjian no elude nombrar a Borges ni decir que la base (si cabe el término) de su texto es el cuento El Aleph. Pero usó las casi cuatro mil palabras de ese texto para hacer el suyo. Y empieza así el debate sobre si tiene valor literario la nueva obra.

Ya lo dijo Abad Faciolince más arriba: el resultado puede un fracaso o un texto interesante. Los lectores, los críticos y los académicos opinarán sobre esto. Claro que es de esperar que a los puristas les parezca un mamarracho y que a quienes prefieren las experimentaciones les caiga más que bien. Y puede ser que las voces se eleven para discutir y pleitear desde las páginas, virtuales o de papel, buscando la forma de explicar en qué espacio de la literatura ponemos a El Aleph engordado.

La gallina engordada y el huevo borgiano

Por el momento, queda esperar que ambos debates, el judicial y el literario se influyan entre sí. La obra de Katchadjian no hubiera pasado de ser una novedad para un pequeño grupo (la tirada es de 200 ejemplares), mientras que, a partir de la denuncia de Kodama, ha tomado una relevancia que puede llevarlo a éxito de ventas si la justicia determinara que no hubo delito.

Se abre así una paradoja entre las dos rutas del debate: si la Justicia determina que no hubo delito, ¿la literatura debería mirar con otros ojos la obra de Katchadjian? Y al revés: si los expertos y los críticos determinan que el procedimiento es válido, ¿la Justicia debería considerar que no hubo delito?

La encrucijada está a la espera de decisiones y el laberinto sigue ocultando su salida.

Alejandro Frias

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