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Un libro cuenta los detalles de la vida del Chino Ríos

La edición de "El extraño de pelo largo" relata comprometedoras situaciones del mejor tenista chileno en la historia de ese país. Imperdible. Mirá el video de un talentoso.

La historia está cimentada en la amistad que, según el periodista Nelson Flores, autor del libro, mantuvo con Ríos. El libro incluye el relato de las noches que compartieron en hoteles de primera y tercera categoría, antes de que el "Chino" tocara la cima del ATP.

El relato ahonda en la génesis deportiva de Ríos, repasa su ascenso y cierra en la final de Miami 1998, cuando el chileno derrota a Andre Agassi y desplaza a Pete Sampras de la cima del tenis.

Muestra también a un Ríos inconsciente de sus actos, despótico con sus entrenadores, hosco y desinformado.

Un ejemplo es cuando le pregunta a su técnico Larry Stefanki quién era "el viejo" que lo saludó, en alusión al australiano Rod Laver, ganador de 11 Grand Slam, siete años número uno del mundo y considerado por muchos el mejor tenista de todos los tiempos.

O como cuando negó en Montecarlo un autógrafo al campeón rumano Illie Nastasse. "Es un mono que se cayó del árbol. Para ser un grande, también se necesita ser una buena persona fuera de la cancha. Es un gran un hijo de puta", bramó el tenista europeo.

"¿Qué me importa a mí su mierda de firma? Era para un bambino", insistió Nastasse, quien solía burlarse de rivales y pasapelotas.

Páginas aparte son sus enfrentamientos con los periodistas, que muchas veces los traductores no lograron descifrar en las conferencias de prensa, como relata Flores, a quien el propio Ríos enrostró que se ganara la vida a los 40 años siguiendo a un muchacho de 20 años.

O como el día que dijo en Inglaterra que "el pasto es para las vacas y el fútbol, no para el tenis", a una semana de jugar en Wimbledon.

Mención aparte es su pelea con Weller Evans, uno de los supervisores del ATP Tour, según Flores.

Según el relato, en 1997 en Indian Wells Ríos olvidó su ropa en la lavandería del club donde entrenaba, lo que notó recién en el hotel. Tras ello, y encontrarse casualmente con Evans, y antes de articular palabra alguna, le preguntó por el paradero de su vestuario.

Evans le respondió que tenía la ropa lavada en su habitación, que podía entregársela más tarde. Ríos insistió en que la necesitaba inmediatamente. "Primero podrías comenzar por saludar y dar las gracias", respondió Evans.

"Quédate con ellas, entonces", retrucó Ríos y dejó a su interlocutor hablando con nadie.

Por la tarde, Ríos encontró su ropa flotando en el jacuzzi del club.

Pero Ríos mostraba también ternura, como cuando con 21 años viajó entre torneo y torneo para visitar a una niña de 14 años, Giuliana Sotela, que finalmente fue su mujer y la madre de su única hija, Constanza.

Pero ni la paternidad ni el retiro antes de los 30 años lograron calmarlo. Un día, tras departir con ex tenistas en Chile, fue al baño del restaurante y comenzó a orinar a los presentes.

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