El socialismo "líquido", tema del nuevo libro de Zygmunt Bauman

En "Socialismo, la utopía activa", el sociólogo polaco interpreta la teoría de la historia marxista en una clave más moderada o socialdemócrata, que lo convertiría en uno de los autores del concepto de liquidez, popularizado durante los primeros años del tercer milenio.

El libro, que acaba de publicarse bajo el sello Nueva Visión, explora el impacto de la llamada "utopía viviente" (el socialismo en clave "liberal") sobre el desarrollo de la sociedad moderna.

El volumen -editado originalmente por el sello George Allen&Unwin Ltd.- salió a la venta en 1976, cuatro años antes de los incidentes que bajo el liderazgo del polaco Lech Walesa y el sindicato Solidaridad, aflojó los tornillos del férreo sistema de centralización comunista que respondía a Moscú.

Bauman nació en Poznan (Polonia) en 1925; está graduado en filosofía; también es sociólogo, como el francés Alain Touraine, con quien compartió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.

El entonces futuro autor de Amor líquido militó en el partido comunista y ejerció sus matrículas en la universidad de Varsovia hasta que en 1968 fue empujado al exilio a causa del antisemitismo desatado en su país luego de una serie de ejercicios de apertura política.

Profesor emérito de la Universidad de Leeds (Gran Bretaña), Bauman es autor, entre otros libros, de Legisladores e intérpretes, Modernidad y Holocausto, Modernidad líquida, Miedo líquido, Vidas desperdiciadas, Comunidad, Libertad, En búsqueda de la política y La sociedad individualizada.

Socialismo, la utopía activa se abre con un epígrafe de Hegel: "Ningún hombre puede plantear ningún reclamo especial frente a la Naturaleza; pero en la sociedad, la carencia se vuelve de inmediato una injusticia para una clase u otra": toda una petición de principios.

Para aclarar que "el socialismo descendió sobre la Europa del siglo XIX en forma de utopía", y que ese concepto -ya entonces- suponía una reputación "equivalente a la de la magia, la religión y la alquimia".

Bauman reclama en este volumen el estatuto de libertad y creatividad de la utopía, enfrentándola a la burocratización y la inercia gestionaria que no da lugar a la contingencia, la sorpresa o el acontecimiento. Su referencia es Marvin Lasky, autor de "Utopía y revolución".

Dice Bauman: "Las utopías relativizan el presente. Uno no puede ser crítico acerca de algo que se considera un absoluto. Al exponer la parcialidad de la realidad corriente, al exponer el campo de lo posible, donde lo real no ocupa sino el lugar de una dimimuta trama, las utopías han allamado el camino para una actividad crítica".

Por cierto, piensa el sociólogo, la utopía difiere en consistencia y horizonte de cualquier plataforma política, "no está sujeta a las exacciones del juego político (...) En ese sentido, (la utopía) rompe la continuidad histórica".

¿El objetivo? La revisión de ese concepto desde Plinio el Viejo, Platón, Rousseau, Tomás Moro, Campanella, Charles Fourier hasta Francois Rabelais y Gracchus Babeuf como un socialista artesanal, que pone en acto el ideal de solidaridad, el trabajo del artesano y la economía de subsistencia.

Pero Babeuf será un nombre ineludible, como autor del Manifiesto de los Iguales, de 1796, de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948.

"La meta -dice- es acabar con los terribles contrastes entre ricos y pobres, amos y sirvientes. A no ser que esta meta se alcance, la igualdad seguirá siendo una linda y estéril ficción de la ley".

En esa orientación se mueve Bauman, "construyendo" una teoría de la "historia" que concluye en la sociedad sin clases, un símil de la comunidad autosustentable de Fourier que a la luz del "socialismo real", terminó en una gigantesca decepción colectiva.

"Para Marx, el hombre socialista llevaría a cabo varios trabajos útiles para la comunidad, de una manera relajada y feliz, simplemente dejando en libertad su impulso intrínseco hacia la creatividad, como una actividad más autotélica que instrumental".

Lo real de ese socialismo demostró que esa práctica no terminó en nada relajado y feliz, sino en una pesadilla de la que millones despertaron con los ojos insomnes del capitalismo salvaje.

Fuente: Pablo Chacón / Télam

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